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Ya sea de vacaciones o en el trabajo, el calor del verano sería insoportable (si no lo es ya) de no ser por la figura de los helados. Frescos y sabrosos, a todo el mundo le gustaría comerlos libremente y poder mantener la línea para lucirla en la playa, pero, ¿es eso posible?
La verdad es que es bastante complicado. Los helados son esencialmente azúcar, aunque también están compuestos por agua, grasas y proteínas lácteas. Además, los sabores "cremosos" tienen como base leche o nata, a la que se añaden grasas saturadas (como aceite de coco o manteca de cacao) y los ingredientes elegidos (pistachos, avellanas o polvos a base de ellas), lo que los hace altamente calóricos y pobres en nutrientes saludables.
Ante eso, se podría pensar que los helados de frutas serían la opción ideal para encontrar el equilibrio perfecto entre sabor y salud, pero eso es un error. Estos productos no contienen proteínas lácteas, por lo que a nivel nutricional son incluso menos completos que los sabores de nata. Por otra parte, es cierto que son menos calóricos, pero la única parte de la fruta que contienen es la azucarada, la fructosa, por lo que queda desprovista de fibra.
Con todo ello, solo cabe pensar que los helados no pueden representar una comida equilibrada desde el punto de vista nutricional y, además, tienen una gran cantidad de calorías. Haciendo cálculos, 100 g de helado contienen de media entre 200 y 320 calorías con algunas diferencias entre los productos. Por ello, para sustituir una comida completa debemos asegurarnos de consumir al menos 150 gramos de helado. Teniendo en cuenta que una bola suele pesar entre 50 y 70 gramos, deberíamos ingerir tres bolas, aunque con eso solo conseguiríamos sumar 300-350 kcal, lo que en la práctica es como comer 60 g de pasta simple con un chorrito de aceite. Esto supone una falta total de fibra y significa que es una "comida" que, al cabo de dos horas, nos llevará a tener todavía hambre.
Incluso la elección entre productos artesanales e industriales no cambia mucho, aunque los últimos pueden contener incluso más azúcares y grasas que los primeros. Además, se debe tener cuidado con los edulcorantes, ya que no hacen que el helado sea "dietético" y la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconseja su uso.
En todo caso, lo más recomendable sería hacer helado en casa, congelando directamente leche o yogur sin ningún otro ingrediente.
Aunque esto no significa que no se puedan ingerir helados, ya que comerlos como postre puede ser una buena opción desde el punto de vista calórico y nutricional, siempre y cuando no se consuman más de dos veces por semana, como exige la dieta mediterránea.
