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Hombre y feminista es un oxímoron", dice el psicólogo Fran Jódar (Jaén, 1982). Una contradicción que se extiende a la misma pertinencia de este artículo. Mientras algunos de los hombres contactados para estas páginas han declinado la propuesta porque "la primera regla del hombre feminista es ponerse en segundo plano", y todos los que han accedido insisten en señalar que el protagonismo en materia de feminismo, y más hoy 8 de marzo, lo ostentan las mujeres, el espacio público masculino queda ensordecido por un colectivo de voces negacionistas, como los dos portavoces de Vox en la Junta General del Principado de Asturias que esta semana tachaban el feminismo de negocio. Y para completar el cuadro, los casos abiertos contra personas públicas como Errejón y Ábalos, posicionados como profeministas que, aún antes de dictarse sentencia -y sin olvidar la presunción de inocencia-, ya han ocasionado un daño profundo a la causa. "Un trauma", señala Jódar. Y el sentimiento es generalizado: si bien es necesaria la complicidad de la otra mitad de la población para conquistar una sociedad igualitaria, es difícil despojarse del recelo, y los referentes masculinos del cambio se antojan unicornios.
Encontrar figuras que no sean "aliados fake", como los llama el escritor Carlos Cruz (Santa Cruz de Tenerife,1977), u "hombres performativos", en palabras de Fran Jódar, es cada vez más urgente. "Hemos abandonado a los chavales jóvenes y los están captando influencers con valores ultramachistas", analiza el dibujante Javirroyo (Zaragoza, 1972), autor de cómics para hombres como Homo Machus o Laborachismo. "Esa complicidad silenciosa perpetúa el machismo", señala el catedrático de Derecho Constitucional y experto en masculinidades Octavio Salazar (Cabra, Córdoba, 1969). Pero "incluso los hombres comprometidos somos machistas", matiza este, a quien le cuesta encontrar modelos: "Miguel Lorente, durante muchos años mi interlocutor en materia de derecho sobre estos temas; y Juan José Tamayo, catedrático de Teología y un hombre de otra generación con un mensaje muy proigualitario".
Jódar reflexiona sobre su propio ejemplo: "Es un poco pretencioso creer que uno es referente, pero a la vez es ingenuo pensar que no puede serlo". Y esto conlleva una responsabilidad. Javirroyo coincide en que "hay muchos hombres silenciosos"; y agradece el ejemplo que dan profeministas como Salazar, el formador y autodenominado "hombre en construcción" Ritxar Bacete; o el futbolista Borja Iglesias, que fue de los pocos que se pronunciaron en contra de Luis Rubiales cuando este forzó el beso a Jennifer Hermoso, o también el humorista de origen senegalés Lamin Thior. El humor es un inigualable agitador de conciencias, y la herramienta que ha usado durante años otro referente como Marc Giró: "Qué tiempos aquellos en los que las mujeres proveían con silencio sepulcral pucheros y felaciones", confrontaba en un reciente monólogo en Late Xou (RTVE), antes de mudarse a Atresmedia.
Frente a las grandes decepciones aliadas de aquellos casos judicializados, resulta reconfortante escuchar los análisis de conciencia de otras voces masculinas (esta toma de conciencia es, de acuerdo con el cómic Hombres feministas. El viaje, 2019, de Alicia Palmer, una de las primeras etapas de una travesía de transformación que no será cómoda). Así, Jódar, quien aboga por separar los valores de las ideologías, se confiesa: "Por socialización, soy profundamente machista porque en todas mis aspiraciones, mis expectativas, mis asimilaciones en cuanto a mi rol con las mujeres, siempre ha mediado un aprendizaje machista. Lo que yo hago por voluntad es corregir todos estos anhelos y emociones. Ya no tanto basado en una ideología, sino en una elección de valores que yo he decidido que sean mis guías en la vida".
Carlos Cruz, creador de personajes femeninos que reflexionan sobre la rueda de la rata patriarcal -Rabo de gato (2025)-, coincide en esta aproximación: "El feminismo forma parte de mi dignidad, de mi concepción como ser humano. Entre los valores que debo observar para respetarme a mí se encuentra la igualdad entre mujeres y hombres". Este acercamiento al feminismo comulga con la visión de bell hooks en El deseo de cambiar: hombres, masculinidad y amor (2021), en el que expone que el deseo al que hace alusión el título no es solo una opción política, sino una cuestión de supervivencia emocional para los propios hombres. "Mi principal cambio a lo largo de los años ha sido que ya no puedo tolerar los micromachismos", comenta Cruz; "antes podía dejar pasar un comentario, hoy ya no, el feminismo está presente en mi vida de forma proactiva".
Renunciar: el viaje más incómodo
Esa proactividad requiere mucho más que desarrollar una conciencia. En El viaje, la fase de renuncia al privilegio, de abandono del trono de la comodidad, o de "abandono de la dominación", en el ensayo de bell hooks, supone la prueba definitiva para los aliados del feminismo. Quizá el primer hombre en renunciar a ese trono fue el sacerdote y filósofo François Poulain de La Barre, desterrado de París a causa de sus incendiarios tratados feministas (entre ellos, Sobre la excelencia de los hombres, 1675): "Todo lo que ha sido escrito sobre las mujeres por los hombres debe ser puesto en cuestión, pues ellos son juez y parte", decía.
Otro hombre que dio la cara fue John Stuart Mill, a quien Nuria Varela menciona en su Feminismo para principiantes (2005). "Un hombre liberal -ahora que se lleva tanto-, que ayudó a trasladar las reivindicaciones de las mujeres al parlamento británico; y, por supuesto, cuya reputación y carrera política se vieron afectadas", cuenta Jódar. No debe encumbrarse a estos hombres por hablar de forma coherente con lo que implicaban sus ideas humanistas, el primero, o por haber sabido escuchar a su mujer, como reconocía en su autobiografía, el segundo. Pero valga señalar que han sido una excepción en la historia. "Ahora, el riesgo que asumimos por aparecer en los medios y decir lo que pensamos es mínimo", admite Jódar: "Que te puedan criticar en las redes sociales un día o dos y que se caguen en tus muertos o te viertan odio... Es lo mínimo que podemos hacer para ayudar". El psicólogo reconoce que, además, desde su seguridad en el cuerpo de funcionarios tiene la responsabilidad de alzar la voz.
Con todo, aún hoy, cuatro siglos después de Poulain de La Barre, la imagen social y el beneficio profesional se ven comprometidos. "Como dice Miguel Lorente [señalar los privilegios masculinos o afear conductas machistas] te convierte en un traidor con los propios de tu grupo, y si te sitúas en el lugar de 'aguafiestas', como lo describe la escritora Sara Ahmed, asumes también el coste", reflexiona Salazar; y hace referencia a otro título, La masculinidad incomodada (2021), de Luciano Fabbri, que dibuja ese nuevo lugar que toca habitar. Cruz cuenta su última experiencia con masculinidades agraviadas: "Dos compañeros criticaban a una colega en un tono que agredía su dignidad, hasta que les llamé la atención. El resultado fue que a las dos semanas uno de estos colegas ya no quería trabajar conmigo". No validar a los congéneres machistas es uno de los primeros actos de rebeldía del profeminista. "Una vez tuve que salir de un grupo de amigos en WhatsApp en el que compartían porno y se reían de mujeres", cuenta Javirroyo. Recibió llamadas de algunos integrantes que no entendían por qué se había ido. "Tengo la suerte de que siempre he sido muy libre en ese sentido: soy un dibujante, autor de cómics, y nunca he tenido que rendir cuentas a un grupo de hombres por nada".
Sobre este proceso de renunciar a privilegios, Jódar tiene un propósito para este 2026: apagar el móvil; no atender a su podcast ni a sus redes sociales, para dedicar ese tiempo a los cuidados en casa. "Vas a tener que quitarte privilegios", reconoce Javirroyo, "pero también te vas a quitar la losa de enterrar emociones que se supone que los hombres no podemos tener. Lo más complejo es explicar a un hombre que el beneficio que va a obtener por pelear al lado de una mujer por la igualdad, va a ser, sobre todo, a largo plazo".
"Cuanta más conciencia tienes sobre el feminismo, más te das cuenta de que tienes aún muchos deberes por hacer", anuncia Jódar. El viaje no acaba. Por ejemplo, el debate sobre si este artículo debería existir. "Todo el año debería ser 8M", reflexiona Javirroyo: "Los hombres deberíamos hablar cualquier otro día, expresarnos a favor del feminismo el resto del año". Hoy estos hombres hablan en estas páginas, como advierte Jódar, porque saben que deben estar atentos y contribuir en lo que el feminismo los interpele a hacer.




