YODONA
Entrevista

Juandiegoteo, el peluquero que nació con un peine bajo el brazo: "Cuando una mujer pide un cambio drástico, detrás hay una ruptura o un cambio de trabajo. No cambio peinados, transformo vidas"

Aquel crío que peinaba a sus amigas y familiares tiene hoy salón propio y lista de espera. No solo corta y tiñe cabellos, "transforma vidas" frente al espejo.

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El emprendedor Juandiegoteo, referente en coloración, posa en su recién inaugurado Juandiegoteo Hair Salon.
El emprendedor Juandiegoteo, referente en coloración, posa en su recién inaugurado Juandiegoteo Hair Salon.JAVIER BARBANCHO

"Pero hijo, ¡peluqueros hay muchos! Me hace ilusión que seas enfermero o médico". Pese a que la madre de Juandiegoteo esperaba otro destino profesional para su hijo, seguro que esta semana está especialmente orgullosa. Porque, dentro de esos muchos, algunos son capaces de brillar con luz propia y labrarse un nombre reconocido del boca a boca.

Juandiegoteo, así, todo junto, no sólo ha conseguido el sueño de abrir un salón propio, después de ser freelance durante años y que su cartera de clientas con lista de espera se lo pidiera reiteradamente. En la sonrisa de este hair designer, como se denomina, se desprende que ha encontrado su propósito entre tijeras y tintes. "Yo siempre digo que nací con un peine bajo el brazo", confiesa.

La historia de una pasión

Lo tenía más que claro: cristalino. Desde que era un crío peinaba a todas sus amigas y a las mujeres de la familia: tías, primas, hermanas... "Con tan sólo 15 años ya estaba trabajando en la peluquería de mi pueblo, Bullas, a la que iba mi madre de toda la vida, hasta que me fui a Murcia a estudiar estilismo con 17 para seguir aprendiendo de los mejores a los 21, ya en la capital", cuenta entusiasmado mientras atiende a los obreros, que rematan los últimos detalles del coqueto local.

"Ahora mismo, mi día a día es una locura", confiesa, mostrando los rincones secretos del lugar, concebido como una casa, con decoración minimalista y la pretensión de inspirar la naturaleza y el mar. Los techos sinuosos simulan ser olas y las paredes imitan la textura de la arena de la playa. "Los interioristas han captado 100% mi esencia y lo que quería", explica, reconociendo las horas que echará. "Empezamos a las 10 de la mañana y terminamos sobre las 7 de la tarde". Eso sí, en su rutina nunca falta un buen desayuno que cargue sus pilas de energía, tomado "con calma y muy sanito". Y al terminar, a eso de las ocho, también es sagrada su cita con el gimnasio: "Me viene súper bien para equilibrar la mente".

Un terapeuta en su interior

Juandiegoteo reconoce que los peluqueros llevan un psicólogo dentro: "Somos terapeutas y escuchar es la clave. Las palabras tienen mucho poder y uniéndolas puedes sacar la mejor versión de una persona". A las clientas con más confianza se lo dice en broma: "Esto no entra en el servicio, luego pasamos por caja". Pero esa parte emocional, más allá de la asesoría estética, es lo que más le gusta: "No veo números cuando alguien se sienta delante del tocador. Además, cuando una mujer pide un cambio súper drástico, normalmente es porque hay algo importante detrás: una ruptura, un cambio de trabajo, una nueva etapa... Así que no transformo cabellos, transformo vidas".

Esa intensidad con la que vive su labor hace que muchas veces se lleve todo a casa. "Nunca jamás desconecto. Lo que sí hago siempre al terminar la jornada es mi ritual de lavarme las manos con sal, porque el cabello desprende mucha energía y así me limpio esa sobrecarga".

Del burnout a un salón propio

Vista de la entrada del salón, en la calle de Jiloca, número 4 (El Viso, en Madrid).
Vista de la entrada del salón, en la calle de Jiloca, número 4 (El Viso, en Madrid).JAIME RUIL

Percibe que se ha dado valor a su profesión tras la pandemia, cuando tantas personas tuvieron que darse el color en casa. "Hoy en día se nos respeta más como profesionales". Pese a su pasión, son muchas horas de pie, con un trabajo físico y mental que le ha hecho perderse bodas, cumpleaños... Los sábados está a tope, y además de las melenas está la creación de contenido en redes sociales.

"Llevo más de 12 años en Madrid y no tengo un grupo de amigos extenso porque me he enfocado muchísimo en el trabajo. Renuncié a muchas salidas y planes sociales. Gracias a eso, hoy, con 33 años, tengo un reconocimiento profesional y no me arrepiento, pero a los 30 tuve que parar por un burnout". Pasó una crisis fuerte y quiso dejarlo. "Soy una persona muy exigente". Pero regresó con más fuerza, en uno de los mejores momentos como autónomo, colaborando con marcas tanto en España como en Ciudad de México.

"Nunca quise un salón porque soy un alma libre. Pero me encanta la formación y no me guardo nada", desliza. Uno de los grandes mitos es que lavarse el pelo a menudo es malo: "Lo que daña es abusar de herramientas de calor: planchas, secador...". Irse a la cama con el pelo mojado es otro error: "La fibra capilar es impermeable y cuanto más tiempo retiene el agua, más riesgo hay de que se debilite y se quiebre. Es como guardar una camiseta húmeda en un armario, puede incluso provocar hongos".

Estilismo personalizado

¿Y qué hace si alguien te pide un corte o peinado que no le va a favorecer? "Se lo digo claro, siempre desde el respeto. Tengo la suerte de que muchas clientas vienen ya confiando plenamente en mí. Me dicen: 'Me ha costado mucho conseguir esta cita, hazme lo que quieras". Si algo no le representa como profesional es claro. "El cabello de una clienta habla de quién lo ha hecho. Por eso necesito sentirme cómodo con lo que hago. Es un honor para mí que venga alguien por lo que ha visto en una amiga".

La naturalidad y elegancia le definen. "Me inspiro en dos tipos de mujeres: una más surfera, con cabellos dorados, iluminados por el sol; y otra más sofisticada, con melena voluminosa. Esa fusión es lo que más me pide la clienta: un envejecimiento favorable del color". La tecnología ha evolucionado y los químicos ya no son como antes, asegura. "Se llevan los tonos más orgánicos. Las mechas finas: highlights, babylights... siempre estarán ahí. Cambiarán los nombres y las modas, pero lo fino y bien integrado nunca falla. Más caramelo, rubia o morena, pero siempre funciona".

Un cabello sano

Otra preocupación es el estrés. De hecho, es el ejemplo. "Después de ver tantas alopecias areatas, estoy viendo una en mí. Ya he puesto remedio: estoy con tricólogo y tratamiento oral. Nosotros podemos aconsejar, hacer diagnósticos con cámaras, exfoliaciones, oxigenaciones... pero si vemos una alopecia real, derivamos al médico".

También es común que quien tenga el pelo liso lo quiera rizado y viceversa. "La gente quiere verse diferente, y eso es muy humano. De todos modos, antes había alisados con formol, brasileños, japoneses... hoy en día eso está prohibido. Ahora son tratamientos más suaves, que se activan con calor y se agradecen tanto para el profesional como para la clienta. Porque de nada sirve un buen color si no cuidas la fibra capilar". Para mantener un cabello sano aconseja usar lo que recomienda el profesional según el tipo de cuero cabelludo, acondicionadores y mascarillas para mantenerlo hidratado y hacer tratamientos de proteína.

Ahora cuenta con un equipo joven, con muchas ganas, que ha apostado al 100% por el proyecto, viniendo incluso de otras ciudades. Tiene una colección de anécdotas. Pero recuerda la más especial: "Una hija le regaló a su madre por su jubilación un cambio de look. Aunque en principio se resistía porque quería algo clásico, se dejó llevar y fue muy especial".

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