Los millennials somos la primera generación que recuerda el mundo analógico... y también la primera que ha visto cómo desaparecía. Crecimos rebobinando cintas, revelando carretes y escribiendo cartas, y hoy vivimos rodeados de pantallas, notificaciones y consumo inmediato. Quizá por eso no es casual que, en plena era digital, vuelvan los vinilos, las cámaras analógicas, los juegos de mesa o la escritura a mano. Porque últimamente... ¿Quién no tiene una amiga que va a cerámica, otra que ha empezado a hacer croché y alguien que insiste en escribir cartas cuando hace regalos? ¿Quién no ha visto reaparecer los vinilos en casas donde nunca hubo tocadiscos o a los amigos con los que sale de cañas con cámaras analógicas colgadas del cuello? Si eres de los que no se ha dado cuenta, aquí una lista de todo lo analógico que ahora vuelve a estar... ¿de moda?
Los discos de vinilo
No es casualidad que Lux, el último trabajo de Rosalía, se haya convertido en el disco en formato vinilo más vendido en España tan solo siete semanas después de su lanzamiento. No era la primera vez: Motomami ya lo había sido también pocas semanas después de publicarse en 2022, algo impensable hacía años cuando hablábamos de un artista mainstream. Los datos acompañan esta sensación de regreso: según la Recording Industry Association of America (RIAA), en 2023 se vendieron más de 49 millones de vinilos solo en Estados Unidos, la cifra más alta desde 1987. De la cantidad de eventos, sesiones y actuaciones de DJs que pinchan exclusivamente en vinilo no hay números exactos, pero basta con salir un fin de semana en cualquier gran ciudad para cruzarse con unos cuantos.
Para quienes consumen este formato, no se trata solo de una cuestión de mejor sonido o de una estética, sino de ritual, tal y como me cuenta Álvaro, que en su 40 cumpleaños recibió como regalo un tocadiscos sin haber tenido nunca uno. "Me gusta llegar a casa, ponerlo a funcionar, limpiarlo, guardarlo, tener cuidado con la electricidad estática... Me trae recuerdos de casa. Mi padrino era un enamorado de la música y tenía cientos y cientos de vinilos. Lo recuerdo haciendo ese mismo ritual que ahora hago yo: comprobar si se escucha bien o mal, ajustar el volumen... Además, la experiencia se completa porque con la era digital dejamos de visualizar la música como antes y este ritual lo pone de manifiesto de nuevo con las portadas, las fotos, el librito completo... Todo eso ha vuelto, y con ello muchos recuerdos".
Escribir a mano y los mail clubs
Proliferan las newsletters, las cartas de la semana de escritores o personajes conocidos - o incluso desconocidos- , los substack de cualquiera que quiera poner a trabajar su imaginación. Pero también todos los formatos en papel. Los mail club son su análogo analógico, pero con un coste adicional: el trato es que pagas un precio reducido por recibir todos los meses una carta ilustrada, adornada, cuidada, casi como una manualidad, de parte de alguien que, simplemente, lo hace muy bien, porque solo lo conoces por redes sociales. Puedes interactuar con la carta a través de sus pegatinas, sus sobres, sus elementos casi de coleccionista, pero no contestar. Tal vez nada defina mejor esta época o a esta generación que vivimos, donde tampoco somos capaces de preferir la llamada de teléfono al audio de tres minutos.
Suena un poco loco, pero que no cunda el pánico porque también permanecen las dedicatorias personales, como confirma Fernanda, que no ha dejado de hacerlas cuando van acompañadas de regalos: "Estas cartas son espontáneas y creo que lo que nos gusta de esto es que, al quedar escritas, podemos guardarlas, al igual que las fotos, y eso nos permite que no se pierdan, que lo podamos mantener y volver a revisar siempre que queramos". Frente al mensaje de WhatsApp, volver a escribir "nos vemos luego" parece casi revolucionario.
"Los millennials somos la generación más nostálgica que existe", apunta Álvaro con su tocadiscos de fondo, y lo cierto es que es muy coherente. Lo confirma la socióloga Beatriz Troyano: "Somos la generación bisagra, crecimos con lo analógico y socializamos en lo digital. A diferencia de generaciones anteriores, no solo recordamos esos objetos, sino que los vimos desaparecer. Y cuando algo desaparece, se vuelve simbólicamente valioso. No es solo que lo echemos de menos, sino que representa una forma de estar en el mundo: menos mediatizada, más lenta, más corporal".
Las fotos analógicas
Lo es también ir a revelar un carrete, comprar otro para las próximas 36 tomas, colocar las fotos en un álbum o incluso elegir de forma más consciente cuál es la imagen que queremos captar. En nuestra galería de fotos del móvil, sin embargo, encontramos a menudo cuatro tomas de la misma escena porque no nos gusta cómo ha salido aquella luz o nuestro selfie no representa objetivamente nuestra belleza y en nuestra nube aún queda mucho espacio infinito.
Con las cámaras, los datos son abrumadores: la demanda de carretes se ha doblado en los últimos años, tanto es así que Kodak incluso reabrió una fábrica que tenían cerrada para poder dar soporte. Tampoco es raro ver de repente a tu amiga la que siempre hacía las fotos con su móvil de última generación, pidiéndote posar con la cámara que le regalaron en su adolescencia y que todavía - milagro- funciona a la perfección. Parece vintage, cool, actual, aunque no vayas a ver el resultado hasta dentro de uno o dos meses. Como con el resto de objetos analógicos, este también tiene ritual. Lo cuenta Victoria, que ha tenido varias cámaras analógicas de segunda mano desde los 20 años hasta sus 33 actuales: "Me enamoré del proceso de tirar las fotos así desde la primera vez, me gusta cómo medir la luz, es más dramático, tiene más personalidad. Para mí es un tema de estética, me encanta lo antiguo porque siento que todo se hacía mejor y más bonito".
Lo artesanal: la cerámica
Ya no vale eso de comprar una taza, un cuenco o un plato original para regalar. Ahora lo que se lleva es hacerlo tú mismo. Si hay alguien de tu entorno que no va a clases de cerámica, de hacer velas o de pintar piezas, deberías empezar a mirarles raro. Jóvenes y adultos que intentan poner el foco en otra cosa que no sea el horario laboral o las preocupaciones de casa, y que posiblemente no hayan hecho una actividad en su vida, pero que de repente les trae al tiempo presente. Según la visión de Troyano, se trata de elegir precisamente eso, presencia: "Estos objetos no sólo cumplen una función práctica: comunican valores. Elegir un vinilo, una cámara analógica o escribir a mano es una forma de decir "quiero tiempo", "quiero presencia", "quiero una experiencia completa, no optimizada". Es una reapropiación del ritmo frente a la cultura del clic. Por eso, más que nostalgia, hablamos de una búsqueda de sentido".
El croché
Una práctica tradicionalmente relacionada con mujeres mayores que pasaban el tiempo cosiendo para las labores domésticas o para otros, pero relegadas siempre al trabajo manual como algo muy pesado. En la actualidad, "crochet patterns", "crochet hooks" y "crochet kits" están entre los términos más buscados en ventas de manualidades según el informe de Etsy sobre tendencias de búsqueda de 2023- 2025.
El ganchillo ha salido del ámbito privado para instalarse en la cultura popular y la moda contemporánea: figuras como la escritora Sara Búho han hablado abiertamente de tejer como gesto íntimo y creativo, mientras iconos globales como Bella Hadid o Rosalía han contribuido a normalizar la estética croché en pasarelas, escenarios y redes sociales. Carmen, que tiene 36 años y dirige un departamento creativo desde hace cinco, ha visto en esta actividad algo maravillosamente improductivo: "Es lo menos productivo que hago y, paradójicamente, lo más necesario para mí todas las semanas. No sirve para optimizar nada, y por eso funciona".

