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La modelo y profesora de yoga Vanesa Lorenzo (Barcelona, 7 de enero de 1977) impulsa OMA, un proyecto de bienestar que nace de su propia experiencia y de la colaboración con expertos en salud y belleza. Su objetivo es compartir esos hábitos saludables que tan bien le han hecho y ofrecer a las familias un espacio digital fiable y curado de contenido, con programas prácticos y consumibles desde casa.
"El primer paso llega de la mano de la psicología infantil, abordada desde sus cuatro pilares fundamentales, para ayudar a padres y madres a gestionar los retos del día a día, desde la cooperación hasta la tolerancia a la frustración", cuenta entusiasmada. A este lanzamiento, para el que se ha rodeado de sanitarios profesionales, se sumarán paquetes de nutrición y otras áreas, conformando una plataforma que reúne charlas abiertas y contenidos seleccionados para acompañar la salud de forma integral, "sin la dispersión del universo online actual", describe.
A la vez, se convierte en embajadora de Solgar, marca de suplementación estadounidense que le acompaña desde sus tiempos en Nueva York, donde estableció su segundo hogar en la veintena. Asegura que no sabría explicar cómo ha logrado alcanzar un equilibrio, salvo por su actitud lúdica y de cierta comedia ante la vida. Lo que sí tiene claro es que los hábitos son la base: no hay atajos. Y que la maternidad implica muchas renuncias, pero sin olvidarse de una misma.
- Vienes de una trayectoria muy ligada al mundo de la moda, pero hoy tu vida gira en torno al bienestar. ¿Recuerdas en qué momento sentiste que necesitabas ese cambio?
- Cuando me mudé a Nueva York. Tendría como 20 años y una vida muy nómada: siempre en aviones, de una a otra ciudad. Necesitaba buscar estabilidad dentro de tantos cambios de horario y lugar. Eso me generó la necesidad de buscar momentos de estabilidad para mí. Esa búsqueda empieza en aquella época. Creo que está relacionada con el intenso ritmo que llevaba entonces. Ahí empezó un estilo de vida que me acompaña hasta hoy.
- Siempre hablas de la importancia de vivir con presencia. En la práctica, ¿cómo es un día normal en tu vida ahora mismo?
- Me levanto con las peques muy temprano, me lavo la lengua si quieres detalles [ríe], las llevo al cole y luego paso muchas horas de despacho con el ordenador. Vivo al lado de la montaña y eso me permite hacer descansos de pantallas: salgo, toco los pies en la tierra, hago mini-breaks de respiraciones conscientes que me ayudan a focalizar. También soy una loca de los tés y no faltan en mi rutina. Depende del evento o actividad que toque, porque a veces tengo eventos y sesiones de fotos, pero me gusta disfrutar de horarios establecidos para acostarme y levantarme pronto porque me generan bienestar, y a mis hijas también.
- ¿Hay algún ritual personal —físico o emocional— que no negocias?
- Mis entrenamientos. He notado un cambio bestial desde que hago fuerza con pesas dos veces por semana y lo combino Pilates Reformer. No sólo físicamente, también en el yoga: tener más masa muscular me permite hacer posturas más exigentes. La flexibilidad no lo es todo; muchas asanas piden una musculatura fuerte. También me siento mejor en la vida diaria: cargo las maletas en el avión sin ayuda, sujeto bien a los perros... y mentalmente también viene genial. Intento prácticas cortas pero intensas porque son las más efectivas.
- Ahora que se habla tanto de longevidad, pérdida muscular y salud ósea en mujeres, ese miedo a 'volverse muy musculosa' sigue muy presente. ¿Tú también lo has sentido? ¿Cómo lo has gestionado?
- Yo nunca he tenido ese miedo. Siempre me ha costado ganar peso, así que para mí ha sido positivo aumentar mi masa muscular. Todos los profesionales con los que he hablado me han explicado lo mismo: ganar músculo no es ganar grasa, es justo lo contrario. De hecho, tener más músculo te ayuda a perder grasa, si ese es tu objetivo. Existe la creencia de que levantar peso te hace "engordar" o te da volumen, pero eso es falso. El músculo precisamente te ayuda a quemar más. Creo que esos temores venían de asociar el entrenamiento de fuerza con una figura más masculina. Pero cuando se trabaja bien, el fitness te da una figura muy atractiva y femenina.
- En Estados Unidos se observa un aumento en el uso de medicamentos para la pérdida de peso, y algunos expertos señalan un posible retorno a estándares estéticos de delgadez similares a los de los años 90. ¿Qué percepción tienes tú de esta tendencia? ¿Qué reflexión te genera el uso de fármacos como Ozempic?
- A mí me parece muy preocupante. No tengo conocimiento profundo, pero yo nunca usaría un medicamento para un objetivo que no tiene que ver con el que se creó. Lo encuentro peligrosísimo. La pérdida de peso, si preocupa, tiene muchas maneras saludables y sostenibles de llevarse a cabo. Lo que escucho es que puede funcionar un tiempo, pero si no se acompaña de hábitos saludables, ¿de qué sirve? Es pan para hoy y hambre para mañana. Creo que poner como prioridad la estética por encima de la salud siempre va a ser un error. Lo que mejor te hace sentir es tener fuerza, flexibilidad, sentirte ligera, evadirte... El beneficio de perder peso es ese, no verte "mona". Además, eso es subjetivo, y muy peligroso.
- Las Navidades suponen un desafío para mantener hábitos saludables entre celebraciones y comidas familiares. ¿Cómo te organizas tú?
- Yo no cambio mis hábitos en Navidad porque desde hace mucho me relajo con la comida y tengo conciencia. He llegado a un equilibrio: disfruto, pero no tengo antojos. Antes, de jovencita, sí: me daba un atracón y luego me sentía mal y pensaba: "¿De dónde viene esto? No es hambre. Es emocional". Creo que el yoga me ha ayudado mucho en este sentido. Disfruto la comida, pero no tengo una relación que vaya más allá de nutrición. La gente que vive las Navidades como "ahora me dejo llevar", quizá debería observar de dónde viene esa relación. ¿Es hambre? ¿Ansiedad? Puedes disfrutar con equilibrio de las fiestas, yo me como un cacho de panettone feliz, pero no uno entero. ¿Dos copas de vino? Perfecto. Pero no una botella y media. Es escuchar al cuerpo.
- Eres embajadora de Solgar. ¿Qué papel juega la suplementación en tu rutina?
- Me acompaña desde hace muchísimos años. Nueva York me introdujo a ella. Allí era común, en cualquier supermercado. Empecé con básicos: vitamina C, a veces colágeno... Ahora tengo una rutina estabilizada. Tomo bastante suplementación; me sienta bien. No sé decirte en qué porcentaje influye, pero como me funciona, lo continúo.
- ¿Cuáles son tus básicos?
- Estoy supervisada por médicos; me hago analíticas anuales y a veces semestrales. Vitamina C todo el año, con descansos cortos de 3-4 semanas. Magnesio, colágeno y omega-3.
- A nivel emocional, ¿cómo gestionas los momentos de estrés, cansancio o bloqueo mental que todos tenemos, incluso llevando una vida saludable?
- NAD y ashwagandha de manera temporal cuando tengo picos de estrés. Soy muy estresada y me va muy bien: la tomo tres meses y descanso; máximo dos tandas al año. He visto el efecto en analíticas de cortisol en saliva. Lo suyo es tomarla por tandas, de manera rigurosa. No es un somnífero ni una píldora mágica: actúa a partir de la primera semana y luego se estabiliza.
- La maternidad ha sido un antes y un después para ti. ¿Qué es lo que más ha transformado tu manera de cuidarte desde que eres madre? ¿Hay conciliación?
- Intento hacerlo lo mejor que puedo. Cuando me voy, mis hijas me echan mucho de menos, y yo a ellas. Entienden que es mi trabajo y mi estilo de vida porque lo han visto desde pequeñas. Pero he dicho muchos "no" desde que soy madre; no puedo mantener el ritmo de antes. Hay trabajos internacionales que he dejado porque no quiero estar yendo y viniendo de Nueva York como una loca teniendo dos hijas. Cuando eres madre hay que elegir y poner una balanza; no vale todo si quieres estar presente.
- ¿Crees que el ideal de la 'supermujer' que puede con todo ha llevado a muchas mujeres a descuidar su propio bienestar?
- Respeto a las mujeres que eligen trabajar solo en casa y dejar sus profesiones: te pierdes cosas y es admirable. Yo he elegido otro punto: decir que no a muchas cosas, pero no renunciar a todo. Y la mujer que decide delegar más también es responsable. Es complicado y una decisión muy personal. Pero sí: nos exigimos mucho.
- Australia ha prohibido el acceso a redes sociales para menores de 16 años. ¿Cómo ves esta medida siendo madre?
- Yo no soy especialmente estricta, pero sí tengo límites muy claros con mis hijas respecto al uso de pantallas y ciertas aplicaciones. No es bueno para su desarrollo mental ni emocional, pero son conceptos muy adultos que cuesta trasladarles. Necesitamos la ayuda de los gobiernos para afrontar el problema de los móviles en menores, no podemos dejar toda la carga a las familias. Me he informado mucho sobre esto y he hablado con psicólogos y neurólogos: el uso excesivo de dispositivos está detrás de muchos problemas de salud mental infantil. Que existan estas medidas facilita enormemente la situación. Ya no es una postura personal mía contra la que mis hijas pueden rebelarse, es una cuestión de salud pública. Ahora mismo es durísimo porque voy a contracorriente: todos sus compañeros tienen móvil con 11 años. Si se prohíbe para todos, yo no tendré que ser la madre "mala" que dice que no. Al final, cada familia tomará sus decisiones dentro del marco legal, igual que ocurre con el alcohol o el tabaco.
- Imagino que en tu casa el desayuno no son galletas con ColaCao... ¿Tus hijas han heredado tu pasión por el bienestar o tienen sus propias batallas?
- Sí. Ahora tienen 9 y 11. Es cansino repetir cosas 80 veces, pero lo noto. Comen de todo; las puedes llevar a cualquier sitio. Con otros niños veo diferencias. La alimentación infantil es complicada, pero no hay que tirar la toalla. Yo nunca cambio el plato. Todos comemos lo mismo. Y predicar con el ejemplo: si quieres que coma verdura, cómela tú. También lo noto con los dispositivos: "Mamá, te entiendo, quieres protegernos, pero déjanos". Si explicas y mantienes criterio, lo entienden aunque sea duro.
- ¿Tienes lista de propósitos para enero?
- Ay, no. El deseo típico de fin de año, pero no lista de objetivos. Lo que sí hago es proyectar mucho: por la noche, antes de dormir, visualizo objetivos concretos y claros. Me visualizo haciendo lo que quiero que pase, como si ya sucediera.
