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Cultura

Granada reconoce a Juan Domingo Santos como el arquitecto que vislumbró el futuro de la ciudad

"La arquitectura ha de ser experiencia, emoción y uso", dice el galardonado

Juan Domingo Santos, minutos antes de ser investido Ingeniero Laureado.
Juan Domingo Santos, minutos antes de ser investido Ingeniero Laureado.M. M. M.
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Granada tiene una deuda contraída con el arquitecto Juan Domingo Santos. «Allí donde todos veían ruina, tú viste futuro para la ciudad», ha dicho el rector de la Universidad de Granada, Pedro Mercado, durante el acto en el que la Real Academia de Ingeniería de España lo ha investido Ingeniero Laureado.

Ha sido la perseverancia, la sensibilidad, el escrupuloso sentido del deber y el trabajo, la búsqueda infatigable de la belleza lo que ha convertido a Juan Domingo Santos en uno de los arquitectos españoles más reconocidos dentro y fuera de nuestro país. Ahora que los reconocimientos no cesan de llegar, Juan Domingo Santos está al frente de la restauración y remodelación de la Azucarera de San Isidro, no solo el proyecto más ambicioso de la Universidad de Granada de los últimos años. Su puesta en marcha es la gran idea que la ciudad tiene de volcarse hacia la vega e integrar sus valores a fin de compartirlos con sus vecinos y visitantes.

La Azucarera de San Isidro, que Juan Domingo Santos protegió de la especulación inmobiliario, el deterioro y la destrucción, será el gran laboratorio de investigación y cultura que la Universidad de Granada pondrá a disposición de la sociedad. Declarado Bien de Interés Cultural gracias a los informes que el arquitecto homenajeado no cesó de presentar ante las administraciones, la Universidad de Granada —su propietaria desde que hace unos años adquirió el inmueble a una empresa constructora— se convierte en la institución académica española con más edificios BIC de España.

En la laudatio, el catedrático Francisco Herrera Triguero, una de las más reconocidas autoridades internacionales en inteligencia artificial, recorrió la obra del galardonado y aseguró que su trabajo ha sido el puente que ha unido la tradición con la modernidad. «Ha formado a varias generaciones de arquitectos. Ha impartido clases en las universidades más importantes del mundo, ha abierto horizontes en un campo tan complejo como la arquitectura y ha dado una segunda oportunidad a lugares que creíamos inservibles y olvidables», dijo.

Juan Domingo Santos es autor de una caudalosa nómina de grandes proyectos que le han valido el reconocimiento y los premios más importantes. Sus casas son modelo de belleza, integración y modernidad; el Museo del Agua de Lanjarón, hoy destruido debido a la incompetencia política, fue referencia internacional en los grandes estudios de arquitectura. Trabajó con el luso Álvaro Siza en la construcción del Edificio Zaida, en Puerta Real, y firmaron a medias el Atrio de la Alhambra, otro de esos extraordinarios proyectos necesarios que el actual Patronato de la Alhambra y Generalife no se ha dignado ni tan siquiera en rechazar.

El trabajo de Juan Domingo Santos está expuesto como obra de arte en el MoMA de Nueva York. Es autor de numerosos libros, el último de los cuales, titulado Jardines de la Alhambra, está firmado junto a María del Mar Villafranca. «La buena arquitectura —recordó Herrera— tiene la facultad de cambiarnos la vida». «En cada espacio olvidado late la posibilidad de una resurrección», añadió en referencia a la Azucarera de San Isidro.

En su intervención en el Salón de Rectores, el área áulica del Hospital Real de Granada, el arquitecto Juan Domingo Santos dijo tras ser investido Ingeniero Laureado que su carrera profesional había sido una obsesión en busca de la técnica, la habitabilidad y la belleza. «La arquitectura —recordó— ha de ser experiencia, emoción y uso». Comprendió el alcance de estas palabras en su relación con la Alhambra, que conoció cuando era un niño de la mano de su padre, un reconocido aparejador, y en su llegada a la Azucarera de San Isidro, en cuya torre alcoholera mantuvo su estudio durante treinta y cinco años.

Juan Domingo Santos dijo: «Trabajar desde el respeto, la creación, la sensibilidad es el requisito para comprender el hondo significado de la arquitectura que vivimos».