- Últimas noticias Guerra de EEUU e Israel contra Irán, última hora hoy, en directo
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En 2009, cuando Ali Vaez llegó a Washington y el programa atómico de los ayatolás empezó a generar recelo, pensó: "Esto va a acabar en desgracia". Había aterrizado en la capital estadounidense tras doctorarse en Física Nuclear en Irán y ampliar estudios en Boston. Aunque siempre le habían interesado las relaciones internacionales y la política, sus padres le habían hecho ver que ésta era un asunto peligroso y que debía mantenerse al margen. No pudo: la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad y el aplastamiento de la Revolución verde le animaron a desoír el consejo de sus progenitores.
Hoy trabaja como analista de seguridad en el think tank Crisis Group desde Ginebra, da clases en la Universidad de Georgetown y colabora con la de Johns Hopkins. Hace 11 años participó en el histórico acuerdo que limitaba el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de sanciones económicas. Desde la distancia, asiste con frustración y tristeza a la demolición definitiva de aquel pacto y a los ataques de Estados Unidos e Israel contra su país. Con el bloqueo de internet por parte del régimen y las acciones militares, no tiene forma de saber cómo está su familia.
- Irán ha lanzado desde el pasado sábado misiles y drones contra objetivos militares y civiles estadounidenses en Oriente Próximo y contra infraestructuras energéticas locales en Bahréin, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Arabia Saudí... ¿Esperaba una escalada así en la región?
- Sí, esperaba que la guerra se intensificara muy rápidamente. Los iraníes se vieron sorprendidos en la Guerra de los doce días [13-24 de junio de 2025] y ahora eran conscientes de que se enfrentaban a una amenaza existencial: Israel y Estados Unidos no querían debilitarles y reducir sus capacidades, sino propiciar un cambio de régimen. Lo han entendido, por tanto, como una batalla por la supervivencia de la República Islámica, por lo que era muy probable que reaccionara como lo ha hecho. Es más, sus funcionarios ya habían lanzado amenazas en ese sentido. Habían avisado a EEUU a través de la embajada de Suiza -que representa los intereses estadounidenses en Irán- de que todas las bases estadounidenses en la región pasarían a ser objetivos legítimos. El líder supremo Jamenei también había dicho a los países del Golfo que el ataque desencadenaría una guerra regional. Así que la posibilidad de una escalada no era infundada en absoluto.
- El presidente Trump ha ido acumulando contradicciones para justificar el ataque a Irán. Ha dicho que pretendía desencadenar un levantamiento popular que propiciase un cambio de régimen, destruir su programa nuclear, anticiparse a un golpe iraní... ¿Es más difícil ganar una guerra cuando sus promotores ni siquiera pueden explicar a sus conciudadanos por qué la han iniciado?
- Es difícil ganar una guerra cuando no se tiene una estrategia clara. EEUU tiene un poder militar abrumador y puede imponerse a casi cualquiera, sobre todo a una potencia convencional como Irán. Pero una victoria táctica no significa que EEUU tenga asegurados sus objetivos estratégicos a largo plazo. Trump se vio empujado a esta guerra principalmente por dos razones. La primera es Benjamin Netanyahu, quien durante muchos años ha confiado en que su gran aliado se encargase de hacerle el trabajo sucio -debilitar a su principal adversario en la región- y creó en Washington la falsa impresión de que era de una fruta lista para ser recogida, de que la República Islámica era tan vulnerable que su derrocamiento sería cuestión de días. La segunda razón es su arrogancia: se vino demasiado arriba con recientes éxitos militares, como la extracción de Maduro en Venezuela, y pensó que podría lograr una victoria rápida.
- "Cualquier ataque que cueste vidas y dinero a Estados Unidos podría ser un golpe político potencialmente significativo para Trump", ha escrito en su más reciente artículo en 'Foreign Affairs'. ¿Visibilizaría un despliegue de tropas tras las experiencias de Irak y Afganistán?
- EEUU tendría que desplegar entre medio millón y un millón de soldados para neutralizar por completo a las fuerzas de la Guardia Revolucionaria y destruir sus capacidades, y hacerlo además en un territorio mucho más complejo de manejar que el de Irak o Afganistán. El riesgo que supondría una incursión para el ejército estadounidense haría que las de Irak y Afganistán parezcan un paseo por el parque. Un despliegue a gran escala es bastante improbable. Sí existe la posibilidad de que EEUU despliegue fuerzas especiales para llevar a cabo operaciones específicas. Por ejemplo, para neutralizar al contingente iraní de la costa sur e impedir así que ataquen los barcos que pasan por el estrecho de Ormuz, para proteger el armamento oculto con uranio enriquecido o incluso para ayudar a que otras milicias se hagan con el control de cierto territorio y luego usar como plataforma de lanzamiento para nuevas operaciones. Hay muchos informes que informan del suministro de armas a grupos separatistas kurdos por parte de EEUU.
- 'Furia épica' ya es la mayor operación militar de EEUU desde 'Tormenta del desierto' (Irak, 1991). Trump ha declarado que la guerra podría durar semanas. ¿Cuál es el peor escenario para la región, para EEUU y para todo el hemisferio occidental?
- El peor escenario es que la guerra deje a toda la región en llamas y sin un plan para su reconstrucción. Desestabilizar un país de 92 millones de habitantes tendría consecuencias más allá de las fronteras iraníes o regionales; llegaría a las costas europeas. Si Irán se convierte en un Estado fallido, las anteriores olas de refugiados a Europa parecerán un chorrito. El riesgo de radicalización podría exportar terrorismo a todo el mundo. La guerra civil de Libia, por ejemplo, proporcionó armas a milicias del resto de África, lo que dio lugar a varias guerras. Y luego están las implicaciones económicas, que también serían globales... Es muy difícil imaginar un desenlace soft para esta guerra. EEUU tenía planes para el día 1 después de la guerra, pero no resistieron el primer impacto con la realidad. Trump está improvisando.
- Trita Parsi, ex presidente del Consejo Iraní-Estadounidense, ha declarado que "los países del Golfo temen las consecuencias de un cambio de régimen en Irán". ¿Está de acuerdo con él?
- Los países del Golfo están extremadamente enfadados con Irán porque se esforzaron por evitar este conflicto. Algunos incluso mediaron en las tensiones entre Irán y Estados Unidos, como Qatar y Omán. Y, sin embargo, Irán los ha atacado a todos... No quieren que esto vuelva a repetirse en el futuro. Eso significa que Irán debe ser reducido a la mínima expresión para que no pueda perjudicar sus intereses o, incluso, deshacerse del régimen. Hace unos días, antes de que Irán los atacase, sus vecinos preferían un Irán debilitado a un Irán derrotado. Ahora se han dado cuenta de que un Irán fuera de control y arrinconado genera otros riesgos, ya que no les permitirá vivir en paz, prosperidad y seguridad. Por otro lado, también temen la incertidumbre del futuro. No saben qué sustituirá a la República Islámica. Les preocupa que aparezca un régimen aun más radicalizado y tener al lado a un Estado fallido de 92 millones de habitantes. Están atrapados: no querían que todo esto sucediera y tampoco tienen posibilidades ni capacidades para influir en lo que va a pasar.
"Desestabilizar a un país de 92 millones de personas tendría consecuencias más allá de la región, llegarían a las costas europeas"
- Los drones 'Shahed' están siendo una pesadilla para los países de la región por la dificultad y el coste que supone derribarlos. Todo el mundo ha observado durante los últimos cuatro años lo que son capaces de hacer en Ucrania, pero el ejército de EEUU parece haberlos descubierto ahora.
- Claramente, se debe a que ha subestimado las capacidades y la resiliencia de Irán. Pensó que al decapitar el régimen con la eliminación física de su líder supremo y de la cúpula militar, perdería su voluntad y poder para contraatacar. Fue un error de cálculo que se explica en gran medida, de nuevo, por el enfoque impulsivo de los asuntos mundiales en general por parte de la Administración Trump. En este caso es particularmente influenciable por Israel, al que no le importa ni los costes ni las consecuencias de este conflicto siempre que le permita salvar el último escollo para lograr la plena hegemonía en Oriente Próximo.
- ¿La superioridad militar de Israel en la zona es un factor disuasorio o un estímulo para una carrera armamentística 'ad eternum'?
- No hay duda de que Israel es la potencia militar hegemónica de la región. Nadie, con la excepción de Irán y actores no estatales como Hamas, los hutíes o Hizbulá, se atreverían a desafiarle. Sin embargo, la creciente asertividad y agresividad de Israel ha generado preocupación en todos los Estados vecinos, árabes y no árabes. Esto incluye a países como Turquía o Pakistán, que temen tener que someterse a Israel. Esto podría dar lugar a coaliciones antes impensables. Por ejemplo, Turquía y Arabia Saudí rara vez han coincidido en estrategia geográfica, pero no me sorprendería que el temor al dominio israelí los uniera ahora. Por eso pienso que fue un error creer que la región estaba en contra de la hegemonía iraní. Lo está de cualquier hegemonía, ya sea iraní o israelí.
- ¿Le sorprende la nula respuesta de China respecto a un aliado clave como Irán?
- No. China había demostrado en el pasado que no es un aliado estratégico de Irán, en el sentido de que no estaría dispuesta a pagar un alto precio para protegerlo de Israel o EEUU. Era un socio económico, sin duda, pero no habían firmado un acuerdo de defensa mutua. China apoyó a Irán después de la Guerra de los doce días proporcionándole componentes químicos para misiles de combustible sólido que Irán reparó y repuso rápidamente tras el conflicto. Pero siempre tuvo claro que, si la guerra se reanudaba, sólo enviaría sus condolencias.
- Participó en el histórico acuerdo sobre el programa nuclear iraní en 2015. ¿Cómo de dolorosa es esta guerra para quienes, como usted, han trabajado por la paz?
- Es muy doloroso que las voces belicistas de Teherán, Washington y Jerusalén se impusieran a las de los diplomáticas. También es trágico porque la opción militar no soluciona ninguno de los retos de la región. Aquellas negociaciones nucleares supusieron dos años y medio de intensas y serias conversaciones con cientos de diplomáticos de alto nivel -desde la ONU hasta el P5+1 [los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania], Irán y la Unión Europea- y dieron como resultado un acuerdo que limitó el programa nuclear iraní y lo sometió a la supervisión internacional más rigurosa jamás implementada en el mundo durante década y media. Todo esto se logró con un coste inferior al de un bombardero estadounidense. Las reservas de hotel y los vuelos para diplomáticos de todos estos años costaron menos que un B-2. Trump lanzó la operación Martillo de medianoche el año pasado y sólo logró retrasar el programa nuclear iraní unos pocos meses. Por eso ha tenido que atacar de nuevo. Irán todavía tiene la capacidad de desarrollar armas nucleares si decide hacerlo, porque dispone de lo más importante: la tecnología.
- Trump ha criticado duramente a España después de que le negara el uso de sus bases militares para vuelos implicados en Furia épica y lo ha calificado de aliado «terrible». ¿Cómo de preocupado estaría usted si estuviera en los zapatos del presidente Sánchez?
- La experiencia acumulada con el presidente Trump demuestra claramente que es imposible apaciguar a un matón. El Reino Unido se ha esforzado al máximo para adaptarse a los deseos de Trump e incluso ha permitido el acceso de las fuerzas estadounidenses a una de sus bases militares. Sin embargo, Trump también ha criticado al primer ministro Starmer... Imponerse a Trump es imposible, salvo que todo el mundo se plegase a sus caprichos. Pero algo está claro: España ha defendido las normas internacionales, que es lo único que nos puede ayudar a superar este período en el que el poder justifica la injusticia. La agresión estadounidense-israelí contra Irán contraviene el derecho internacional y la Carta de la ONU. Incluso es ilegal según la legislación estadounidense, ya que no contó con la aprobación del Congreso. Así que España ha hecho lo correcto, aunque a corto plazo eso tenga un coste. No plantarse frente a las violaciones de las normas internacionales y ceder a la presión de Trump equivale a caer por una pendiente resbaladiza que no tiene fin.
