JUAN TOMÁS DE LA MOLÍA
Ciclo: Andalucía.Flamenco / Espectáculo: 'Vertebrado', de Juan Tomás de la Molía / Cante: José el Pechuguita y Manuel de la Nina / Guitarra: Jesús Rodríguez / Dirección: Manuel Liñán / Producción: Hugo Pérez / Distribución: Enflamenco Producciones / Lugar y fecha: Teatro Central, de Sevilla. 27 de noviembre de 2025
CALIFICACIÓN: ***
Se llama Juan Tomás Domínguez Cancela (Trebujena, 2000). Heredó el apodo de su abuela, La Molía, y tras recibir lecciones de Ana María López, José Galván o Jaime Cala, entre otros, y formarse en la Fundación Cristina Heeren a partir del curso 2018/2019, reclamó la atención al conseguir el premio de Jóvenes Flamencos de la Federación de Peñas de Sevilla y su Provincia, y, sobre todo, la máxima distinción en el hoy cuestionado Concurso Nacional de Córdoba (2022), galardón que confirmaría con su entrada en el Ballet Flamenco de Andalucía hasta junio de 2023, reafirmando su valía al mes siguiente en la 58 Caracolá Lebrijana.
Es Juan Tomás de la Molía, y anoche presentó en Sevilla su primer montaje, 'Vertebrado', que conoció su estreno absoluto el 8 de marzo de 2024 en el XXVIII Festival de Jerez, donde logró el Premio Artista Revelación merced a que propone una versatilidad en torno a las tres facetas del flamenco, pero desde el ámbito exclusivo de la bulería.
Y es que este artista canta, toca la guitarra, palmea y se consagra a lo esencial del baile, por lo que no se apoya en ningún relato metafísico para engañar con la apariencia, ni tan siquiera gravita sobre una coreografía de escuadra y cartabón, aunque eso sí, traveseando con la improvisación como el factor condicionante de la imaginación y la creatividad, y también con la burla como vía de escape frente a la formalidad de la danza teatral.
Todo gira, pues, sobre una de las piezas más adorada por el público, la bulería de compás ternario, ejecutada sobre la escala andaluza y sustanciada con la mezcla de profundidad y humor que refleja El de la Molía, con un absoluto dominio del cuerpo, una elegancia espectacular e imperioso control de brazos y pies, generando siempre movimientos bien planteados, llamadas, zapateados y quiebros límpidos y giros bien definidos.
Y para llenar este espectáculo derredor de la bulería, el de Trebujena se anuncia con todo el grupo sentado frente al público, con tics que pertenecen al palo en cuestión (temples, salidas, cierres), sin obviar su faceta cómica, pues además toca la guitarra, canta desde una técnica que no le va a dar para comer pero con una mirada abierta a la tipología, y sin perder esa línea propia del artista clásico que eleva su concepto de la tradición a un apartado renovado, con un vocabulario personal que sabe mirar al pasado.
Jesús Rodríguez aborda la bulería en solitario, y Molía le replica en los cierres confirmando que lo que pretende es ofrecer una revisión de cuantos le precedieron, atrapar al público con la cambiante disposición de una puesta en escena simple pero llena de sorpresas, a fin de ir diseñando un truco que, como parte de la magia, va diseñando un espectáculo con muchas capas, pues establece el aprendizaje desde la adolescencia a la adultez, como quien se pregunta entre lo que uno es y lo que sueña con ser, creando, por tanto, un mundo tanto a nivel visual como sonoro.
Está por repasar la evocación a mi compadre Luis de la Pica de los cantaores, sentados frente a frente y sin experiencia vital a la hora de indagarlo. Mas cuando se les une el de la Molía, la propuesta brilla en esa exploración de formatos, de cambios rítmicos y de emociones y energía con la que llenó el escenario, presentando la flexibilidad de la bulería jerezana desde su propia perspectiva, añeja y/o renovada, como quien toma como base una lluvia de emociones diversas nacidas de sus propias andanzas, de historias alegres bailadas a un ritmo ordenado, sin ataduras, y de una belleza imponente.
El romance portuense y el romance mairenista toman protagonismo para que Molía le baile al cante, desembocando al cierre tanto en unos tics de todos sentados que imaginamos es para rellenar un tiempo donde los cantaores, tan jóvenes, relatan referencias vivenciales que no aportan nada, como en el protagonista abrazado a la guitarra y cantando, virtudes éstas más propias del hombre orquesta y que impiden que el público identifique para siempre a un gran bailaor con condiciones para planificar otros proyectos de mayor alcance y complejidad.
'Vertebrado' es, salvo lo anotado, un compendio de baile sin cuentacuentos, con esqueleto interno y armazón de expresividad merced, igualmente, a la complicidad del atrás, que contribuye a que Tomás de la Molía, en aras de conformar compañía propia, le haya sacado los colores al alma de la bulería haciendo un sueño realidad. Esperemos que así sea porque, aunque con los instantes cansinos del cierre, el montaje tiene momentos de baile fetén en los que es un lujo poderlo disfrutar.
