Tras el diluvio que ha anegado durante toda la semana calles, viviendas y comercios de Grazalema, este pueblo blanco de la sierra de Cádiz afronta ahora una nueva pesadilla por la acumulación «histórica» de agua en su subsuelo y el riesgo de deslizamientos que esa saturación hídrica conlleva. Esta última noche nadie ha dormido en Grazalema porque nadie quedaba en la localidad al margen de los retenes de emergencias que vigilan la evolución de la riada. Sus 1.600 habitantes fueron evacuados durante la tarde, bien en sus vehículos particulares o en los autobuses y ambulancias que se pusieron a disposición de quienes necesitaban ayuda para el traslado.
La decisión se tomó tras analizar la situación geológica derivada de unos aportes de agua que nunca antes se habían registrado en esta sierra de Grazalema: más de 600 litros por metro cuadrado en sólo dos días. «El acuífero está colmatado», explicó su alcalde, Carlos Javier García, que asumía la decisión de la evacuación junto al presidente de la Junta, Juanma Moreno, desplazado a la zona para evaluar la situación junto a los técnicos de emergencias.
La sierra de Grazalema está formada por calizas que constituyen un acuífero kárstico. La disolución de la roca genera importantes conductos y cavidades subterráneas, algunas de ellas cartografiadas por los espeleólogos.
El acuífero se recarga de la infiltración de las lluvias sobre la zona. Y, tras circular a través del subsuelo, el agua brota en manantiales que a su vez alimentan los ríos del entorno. «En este episodio de cuantiosas precipitaciones, se ha producido una elevación del nivel freático, de manera que el agua surge de forma brusca por antiguos conductos situados en zonas más elevadas de las surgencias habituales, lo que se conoce en hidrogeología como trop pleins (demasiado llenos). En este caso, el núcleo urbano se sitúa en una zona donde existen numerosos trop pleins», explica Manuel Olías, catedrático de Hidrogeología de la Universidad de Huelva.
«Además, el mayor peso del terreno por la cantidad de agua infiltrada junto con la presión del agua en los conductos subterráneos pueden producir caídas de rocas y deslizamientos de ladera. Grazalema se halla al pie de pronunciadas paredes verticales, con picos muy próximos como el Simancón y Reloj, que tienen altitudes de más de 1.500 metros, donde estos procesos pueden tener consecuencias catastróficas», añade el experto.
Los vecinos desalojados de Grazalema que no tenían cerca otros familiares que pudieran acogerlos fueron trasladados hasta el pabellón polideportivo El Fuerte de Ronda (Málaga), localidad situada a 43,5 kilómetros. Atrás han tenido que dejar sus casas sin saber a ciencia cierta cuándo podrán regresar.
La intención del Gobierno andaluz es aprovechar la «ventana de oportunidad» que la lluvia podría dar este viernes y mañana sábado para hacer las pruebas que permitan determinar si el terreno es firme y hay peligro para las viviendas.
«No hay una zona crítica porque cualquier zona lo es. Lo inmediato es, por tanto, que se realicen unas pruebas para ver en qué condiciones está el terreno», explicaba el alcalde. Moreno recordaba, por su lado, que Grazalema se ha convertido de alguna manera en «el epicentro» de este episodio extraordinario de lluvias que ha provocado no sólo intensas riadas sino también desprendimientos y problemas en las carreteras.
El agua que ha caído en Grazalema acaba en buena medida en el río Guadalete, cuya crecida mantiene a varios miles de vecinos también evacuados tras la anegación de una veintena de barriadas rurales de Jerez.
La situación empeoró este jueves como consecuencia de la necesidad de abrir las presas de Arcos y Bornos, lo que provocó un nuevo incremento del caudal del río, que dejó aisladas otros núcleos de población del mismo municipio y obligó también a desalojar viviendas en El Puerto de Santa María. Ya hay más de 7.000 desalojados por la borrasca Leonardo en Andalucía.
