ANDALUCÍA
Flamenco
XXX Festival de Jerez

África en la introspección del baile

Ángel Rojas nos introduce en la danza del continente desde la 'Geografía Flamenca del Pensamiento'

La obra se centra en quienes dejan su país de origen en busca de una vida mejor.
La obra se centra en quienes dejan su país de origen en busca de una vida mejor.Rina Srabonian
Actualizado

NUEVO BALLET ESPAÑOL

Espectáculo: 'Fronteras en el aire', por el Nuevo Ballet Español / Baile: Lorena Oliva, Marta Nogal, Marina González, Arantxa Hoyos, Ángela Carbajo, Jorge Morera, Marta Bonilla, Pilar Díaz, Hugo Aguilar, Joan Fenollar, Marina Walpercin y Lucía Ramírez / Cantante y bailarina: Alana Sinkëy / Colaboración especial: Helena Martín / Músicos en directo: José Ruiz alias Bandolero y Joni Jiménez / Asistente de coreografía: Lorena Oliva / Dirección de producción: Ana María Rojas / Dirección artística y coreografía: Ángel Rojas / Lugar y fecha: Teatro Villamarta. 21 de febrero de 2026

CALIFICACIÓN: ***

El director y coreógrafo Ángel Rojas suma una nueva propuesta desde las 'Fronteras en el aire', montaje concebido desde el compromiso social "con las vivencias de los migrantes que emprenden el viaje desde África buscando en Europa la tierra prometida"

Lo que plantea Rojas es acercarnos, obviamente, a la cultura africana, pero también fomentar la justicia social a fin de construir una sociedad más equitativa y solidaria, y mejorar las condiciones de vida de las personas promoviendo el respeto, la empatía y la dignidad. En suma, "humanizarnos como sociedad para transformar nuestro interior".

Este montaje es la segunda entrega de la trilogía 'Geografía Flamenca del Pensamiento' del creador, que arrancó con 'Ser baile' (2021), y centra su interés en aquellas personas que, por necesidad económica o inseguridad vital, dejan su país de origen en busca de una vida mejor, a sabiendas de las rutas peligrosas, los obstáculos o las condiciones adversas del mar, sin dejar de lado la falta de garantías en el lugar de destino.

La propuesta está llena, pues, de inventiva y energía desde la música enlatada y la voz poderosa de la cantante, sin lagunas estructurales, pasando a la modulación de compases binarios y alternos salpicados de color y burbujeante de vida, con lo que se va completando unas coreografías exigentes y elegantes, pese a abordar un relato de una hecatombe del desastre humano que se reduce a un drama íntimo.

El cuerpo de baile explora el espacio con sus cuerpos, con un lenguaje que pone rostro al grito y que abre el corazón del público, a quien se le expone el recorrido, sus esperanzas, sus sueños y hasta sus miedos, que siguen siendo muy reales, todo descrito desde los tangos y tanguillos con la bulería, todo sustanciado en el zapateado, articulación flamenca que se metamorfosea por momentos, ahora brillante, ahora angustiada, pero siempre con el desencanto instalado en las habitaciones del corazón.

Una de las piezas más impactantes es el relato que cuenta Paquillo, senegalés que narra su épico viaje de 8 horas y 16 minutos, y cómo lo acogió un barco de la Cruz Roja, que, con sucesivos episodios, emanan rabia e injusticia en el espectador. Esta y otras narraciones, de filo cortante e implacable al más puro estilo, no oculta que los movimientos sean definitivos, inapelables, a medida que los cuerpos evolucionan hacia la esperanza del destino, se entremezclan e incluso sucumben, todo alzado en una coreografía interpretada con talento y precisión.

El montaje conecta, por tanto, con el expresionismo del dolor, explora las emociones profundas del ser humano en situación precaria e indaga en el dramatismo que empapa la obra, por lo que la muerte planea en toda la propuesta, con imágenes de espeluzno imaginativo, como las de los inmigrantes a bordo de las pateras, pero también sugerentes y con poso, tanto que penetran en lo más hondo del corazón del espectador.

En poco más de una hora -en el siglo XXI hay que saber cómo valorar el tiempo en el arte-, el coreógrafo -¡sombreros al aire para Ángel Rojas!-, se inspira en esa narración para pintar el riesgo añadido de una travesía muy complicada y arriesgada, una visión de hechos reales de gran plasticidad, con una sobria y cambiante escenografía videográfica y una brillante utilización de la luz, con momentos mágicos en una auténtica exhibición de danza más contemporánea que flamenca, pero también de música, sobre todo cuando el grupo se ampara en la seguiriya para luego contrastar con las pautas de la rumba.

'Fronteras en el aire' es, a este tenor, una zona territorial que hace reflexionar al público acerca de la desconexión entre la percepción y la realidad sobre la inmigración, sin obviar que estamos -he aquí el quid de la introspección-, ante un fenómeno global que desafía a nuestra sociedad y que pone a prueba nuestra capacidad de convivencia, que es, en síntesis, un autoanálisis de la defensa de la vida, pero también es reconocer cómo observamos el afuera.