ANDALUCÍA
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Cierre por jubilación

La librería Abadía se despide y deja a Málaga un poco más huérfana: "Este oficio es algo innato"

Más de 250.000 libros y cómics han pasado por las manos de Francisco Soler a lo largo de tres décadas

La librería Abadía se despide y deja a Málaga un poco más huérfana: "Este oficio es algo innato"
Francisco Soler, propietario de la librería Abadía.P.G.
Actualizado

La nostalgia invade los rostros de muchos malagueños que, de modo sorpresivo, se tropiezan con la despedida de negocios que les han acompañado toda la vida. Tras el cierre de la tetería San Agustín, uno de los míticos del centro histórico, llega la de la librería Abadía, un clásico de las letras que se despide de Málaga, pero por motivos muy distintos: "Cerramos por jubilación".

A lo largo de 31 años Francisco Soler ha fichado y manejado más de 250.000 ejemplares de segunda mano, fruto de su pasión por los libros. Hoy quedan unos 27.000 por vender: "Lo que más ilusión me hace es que acaben en manos de lectores". Aunque el arduo trabajo al frente del negocio le ha restado tiempo para leer, su "atracción letal por aprender", tal y como le decían sus padres desde pequeño, ha sostenido una librería que los malagueños y visitantes despiden con "pena y cariño".

Del catálogo en casa al desafío digital: historia de una vida en la librería Abadía del centro histórico

En una ciudad cambiante como es Málaga, los ojos de Francisco (ocultos tras cientos y cientos de libros) han contemplado cómo ha cambiado el sector. El primer paso lo dio años atrás tras quedarse en el paro: "Tenía muchos libros porque siempre he sido muy aficionado. Y como tenía conocidos coleccionistas, empecé a vender por catálogo desde mi casa", explica. Después, fue su madre quien le impulsó a dar un nuevo formato al negocio: "Me dijo que me diera de alta como librero: 'Te lo puedes permitir y no te vas a arrepentir'. Y llevaba razón", rememora con cariño el librero, quien recuerda su avidez lectora que contempló desde pequeño. También cómo fue precisamente ella quien le regaló el primer ordenador Spectrum para dar el siguiente paso.

Aunque el local actual se sitúa en el número nueve de calle Tejón y Rodríguez, desde el año 2000 y hasta 2015 estuvo en calle Comedias: "De allí sí tuve que marcharme por una subida elevada del alquiler". Una realidad muy diferente a la que vive con sus caseros actuales: "Son los mejores, aunque sé que es una rareza hoy en día, porque soy consciente de que la presión es tremenda, yo he dado con personas muy buenas".

La librería Abadía se despide y deja a Málaga un poco más huérfana: "Este oficio es algo innato"
El interior de la librería malagueña.P.G.

Ha sido en este último periodo en el que Francisco ha experimentado aún más los cambios de un híbrido donde se impone lo digital: "El mundo ha cambiado mucho y tras la época dorada de los primeros años de internet, este pasó a ser más un enemigo, pero con el que había que contar (...) En general siempre se me ha dado bien los temas electrónicos y de este tipo, esto es herencia de mi padre".

Ahora, la pantalla domina la vida de la mayoría e impide, en ocasiones, descubrir a qué huelen las páginas de un libro o un cómic, aquellos que han estado presente en otros hogares. "Las personas tienen nostalgia por cosas que no ha vivido. La gente joven tiene nostalgia cuando debía tener esperanza de conocer el futuro. Eso es síntoma de algo que no funciona", comenta reflexivo el librero, quien afirma que este "oficio es algo innato": a punto de cumplir los 67 años, solo puede transmitir un profundo agradecimiento hacia sus clientes.

La librería Abadía se despide de Málaga con un descuento del 75%

Antes de que caiga el telón (sin fecha oficial de cierre), la librería Abadía ha optado por premiar a sus lectores con un elevado descuento: un 75% de rebaja con una compra mínima de 40 euros. "Estamos teniendo hasta colas para vender y para mí esa es una experiencia nueva", comenta sonriente y con el deseo de que sean otros quienen continúen con el legado de las librerias de segunda mano Espacios que sirven de refugio al papel y la tinta de libros no solo se leen, se heredan.