ANDALUCÍA
Flamenco
XXX Festival de Jerez

Una fantasía para la conciencia

Rafael Estévez y Valeriano Paños estrenan una obra impecable en torno a Don Ramón Montoya

Rafael Estévez baila en torno a los acordes de don Ramón Montoya, que interpreta Alejandro Hurtado.
Rafael Estévez baila en torno a los acordes de don Ramón Montoya, que interpreta Alejandro Hurtado.RINA SRABONIAN
Actualizado

ESTÉVEZ, PAÑOS Y COMPAÑÍA

Espectáculo: Estreno absoluto de 'Doncellas (Juerga permanente)', de Estévez & Paños y Compañía / Dirección, idea original y coreografía: Rafael Estévez y Valeriano Paños / Baile: Rafael Estévez y Valeriano Paños / Bailaores solistas: José Alarcón, Manuel Montes, Jorge Morera, Jesús Perona, Pol Martínez, Yoel Vargas y Jesús Bergel / Guitarra: Alejandro Hurtado / Música: Don Ramón Montoya Salazar / Música adicional y transiciones: Rafael Estévez y Juan Manuel de las Heras / Iluminación: Olga Garcia / Sonido: María José "Coqui" Fuenzalida / Lugar y fecha: Teatro Villamarta. 24 de febrero de 2026

CALIFICACIÓN: ****

El compositor y guitarrista histórico don Ramón Montoya (Madrid, 1879-1949), es la fuente de inspiración de la nueva entrega de Rafael Estévez y Valeriano Paños, genios coreógrafos que en cada liquidación sorprenden con un trabajo serio por la profundización de contenidos, sin delatar ansiedades ni destruir la magia de lo que representan, y sin dar al traste con la ilusión del espectador o del especialista, ya hastiados de muestras escuálidas y tanto working progress.

El montaje genera distintos ángulos, un atinado despliegue técnico y un diseño sonoro muy acertado como clave fundamental de esta creación, estructura que mantiene una coreografía diseñada excepcionalmente y una descripción escénica en todo su esplendor, además de con bailes perfectamente mostrados en todo su rigor, que es lo que determina el resultado de toda obra bien pensada en cada uno de sus detalles.

Otra referencia que amplifica el grado de la propuesta es que el título de 'Doncellas' lo toman los autores del poema 'Adivinanza de la guitarra', que Federico García Lorca incluyó en su Poema del Cante Jondo, escrito en 1921 pero publicado en 1931, lo que se vincula a las grabaciones de don Ramón Montoya, impresionadas entre 1923 y 1936, y que en esta obra están ejecutadas magistralmente por Alejandro Hurtado.

Todo se articula desde la rondeña, a la que sigue la farruca y una suite de sones con la voz de Manuel Vallejo, para proseguir con la guajira, tangos y alegrías, a los que se añaden la caña, la malagueña y la firmeza canora de Tomás Pavón, cada pieza cabalmente sincronizada y coreografiada en plenitud, exquisitez que se complementa con la malagueña de don Antonio Chacón y la minera, a más de la soleá, la rosa y la milonga descrita por un saxo que nos retrotrae al Negro Aquilino, seguiriya de Pastora Pavón, granaína y de nuevo la rondeña, pero ahora con la guitarra de Hurtado de espaldas al público.

Son secuencias que dan para escribir un libro de ensayo. La puesta en escena se resuelve, además, con sencillez, pero desde la complejidad de lo bien hecho, con un gran valor interpretativo en los desplazamientos y sin llegar a enturbiar la importancia capital del discurso expresivo de don Ramón Montoya, el gran maestro que dio carta de naturaleza al toque guitarrístico de concierto y que enalteció la técnica desde el alzapúa, el rasgueo, el trémolo, arrastres o picados. En definitiva, el creador de la guitarra flamenca de concierto.

Conforme a lo que antecede, 'Doncellas (juerga permanente)' gira, principalmente, en torno a los seis discos que Montoya grabó en París en 1936, donde impresiona soleá-la rosa, que son alegrías; taranta-granadina; seguiriya-fandango-bulería; rondeña-guajira; tango-malagueña y el sexto, minera-farruca-alegría, que es de donde Hurtado bebe para un viaje maravillosos por los misterios del gran maestro de la guitarra y los secretos de las formas en movimientos merced a un cuerpo de baile que genera un trabajo colaborativo-colectivo sorprendente.

El resultado de esta afirmación es, pues, que el montaje indaga, paralelamente, sobre cómo los cuerpos se adaptan a la música, la sienten y se mueven en torno a los acordes y tonalidades, hasta alcanzar manifestaciones plenas de recuerdos e imágenes, con coreografía grupales e individuales donde los cuerpos se muestran sólidos, vigorosos, y conectados entre sí.

Tan impresionante propuesta realza la prolijidad de Rafael Estévez y Valeriano Paños, pero también deja ver la profesionalidad de estos directores y su trabajo documental, a más de los distintos lenguajes dancísticos utilizados, donde cada cuerpo es vital en su preparación y potencia, con los que es casi imposible no emocionarse y dejarse llevar por tan perfecto montaje que nos presenta temas inhabituales, pero que resuenan en la toma de conciencia del baile de este tiempo.