ANDALUCÍA
Flamenco
XXX Festival de Jerez

El flujo libre de Jesús Carmona

El creador badalonés estrenó en Andalucía una experiencia escénica profundamente sensorial y abierta

Jesús Carmona se expande libremente explorando experiencias y consolidando su identidad.
Jesús Carmona se expande libremente explorando experiencias y consolidando su identidad.RINA SRABONIAN
Actualizado

JESÚS CARMONA

Espectáculo: Estreno en Andalucía de 'Tentativo. Basado en paisajes reales', por la Compañía Jesús Carmona / Bailarines: Jesús Carmona, Aitana Rousseau, Lucía Campillo, Juan Bravo y Pablo Egea / Músicos: Manu Masaedo, Kike Terrón, José Manuel Martínez alias El Peli, Teresa Hernández y Gabriela Giménez / Regiduría y coordinación técnica: Lola Alonso / Dirección artística y coreografía: Jesús Carmona / Iluminación: Juanjo H. Trigueros / Vestuario: Belén Quintana / Escenografía: Emilio Valenzuela / Lugar y fecha: Teatro Villamarta, de Jerez de la Frontera. 4 de marzo de 2026

CALIFICACIÓN: ****

Jesús Carmona, flamante Premio Nacional de Danza 2020, ha estrenado en Andalucía 'Tentativo', propuesta que se presenta como una experiencia escénica profundamente sensorial y abierta pero que al final, como bien explica el propio creador, va más allá del concepto, lo que queda es la danza. Y la danza, cuando es verdadera, lo dice todo sin necesidad de explicar nada.

Después de su trilogía 'El salto' (2020), 'Baile de bestias' (2021) y 'Super-viviente' (2025), Carmona se adentra, pues, en 'Tentativo', que conoció su estreno el pasado mes de febrero en el Centro Danza Matadero, de Madrid, y del que colegimos que el autor propende a una búsqueda personal, explora un entendimiento más profundo de sí mismo y reflexiona sobre sus propios deseos, lo que le permite identificar sus verdaderas pasiones y motivaciones con las metas establecidas con sus valores dancísticos.

En un escenario desnudo, contemporáneo y flamenco se alinean con los límites físicos y emocionales de los protagonistas, hasta descubrir nuevas formas de expresión a través del cuerpo. Pero para llegar a esa consumación, se siguen coreografías preestablecidas al tiempo que experimentan con el espacio, la música y sus propias emociones, para así alcanzar la creación de un lenguaje personal.

Carmona arrastra una lona repleta de panderetas y, tras arrojarlas en el proscenio, ejerce de maestro de danza. Todo perfectamente sincronizado a fin de describir la danza moderna, la que en cada paso fomenta la creatividad y la innovación, como en el martinete o la seguiriya con la liviana y serrana, en los que Carmona actualiza las normas tradicionales y elimina rigideces para sí expresar la creatividad personal, con movimientos de distintos géneros que, a la postre, serán la base de una nueva disciplina artística.

El fondo de la propuesta es flamenco; la preparación física, extraordinaria, y la formación técnica tan asombrosa como lo evidencia el cuerpo de baile. La exploración de las posibilidades de movimientos desde las distintas partes del cuerpo, como en la soleá por bulerías, y el desarrollo identitario en el espacio en que se produce la soleá de Carmona o la petenera con mantón de Lucía Campillo, permiten conectar con las voces corales y la instrumentación, pero en modo natural, es decir, favoreciendo el reconocimiento de ritmos y formas de expresión propias.

Es lo que podríamos llamar el flujo libre en un espacio donde el movimiento facilita la expresión de emociones cohibidas, el despliegue creativo de Aitana Rousseau, la destreza

en el manejo de los palillos de Pablo Egea con pasos de jota y el disfrute del presente. El cuerpo entonces se convierte en un vehículo donde cada gesto se vuelve único e irrepetible. La liberación y la fluidez posibilita a la compañía a explorar la esencia sin restricciones, lo que favorece las formas propias y son, en consecuencia, los protagonistas de la expresión artística.

Por otro lado, el montaje de Carmona invita a centrar la energía física, sostenerla y modularla. Esta contención facilita la introspección, la autoobservación y la conexión profunda con sensaciones internas, efectos con los que el movimiento se vuelve más preciso, más enfocado, lo que permite explorar los propios límites corporales, que, a la postre, es lo que consiente la construcción de posiciones más sólidas y enraizadas.

Hay, desde esta visión, una liberación de emociones que el espectador puede asociar al placer o incluso a la motivación, como con 'La rosa', de Pepe Marchena, o los tangos extremeños, dado que los acogemos como la previa al monumento que Carmona, tras ser desvestido de kimono y máscara, erigió a los fandangos por bulerías, que los expuso con movimientos amplios y expansivos, activando todas las conexiones y movilizando las estructuras de los recursos más inesperados, lo que refuerza el vínculo imprescindible en la danza, como son el equilibrio y la coordinación.

Reseñamos, para concluir, que la alternancia entre flamenco y danza no sólo enriquece el repertorio expresivo, sino que favorece la integración de los procesos sensoriales y que, a nivel identitario, posibilita a Jesús Carmona habitar un rango más amplio de posibilidades, reconociendo el público tanto su capacidad para expandirse libremente como para convertir el flujo libre del lenguaje corporal en un campo de exploración que integra experiencias y consolida su identidad.