JOSÉ MAYA
Espectáculo: Estreno en Andalucía de 'Color sin nombre', de José Maya / Baile: José Maya / Cante: Delia Membrive, José del Calli y Gabriel de la Tomasa / Guitarra: Marcos de Silvia / Percusión: Iván Fernández / Chelo: Batio Hangonyi / Iluminación: Rafael alias Flequi / Coordinación técnica: Paloma Yessayan / Dirección creativa: Artisans d'Idées / Sonido: Fali Pipió / Producción: José Maya & IFI Jerez / Dirección: José Maya / Lugar y fecha: Teatro Villamarta. 6 de marzo de 2026
CALIFICACIÓN: ****
La propuesta de José Maya se sustancia desde la inspiración de la obra de Mark Rothko (1903-1970), pintor y grabador estadounidense, aunque de origen letón, y figura clave del expresionismo abstracto y del Color Field Painting, estilo que se caracteriza por grandes superficies saturadas de color que crean un plano liso de imagen.
La escenografía utiliza, pues, gamas puras y línea matizadas en amplios campos paisajísticos de color sobrio y sólido, proyectados sobre el fondo del proscenio y creando áreas de superficie uniforme y planos llenos de imagen, que lo mismo evocan tensiones dramáticas que conectan al espectador dimensiones sutiles de la realidad.
José Maya aparece sentado en un banco e invita a que al espectador se le despierte intereses museísticos, con proyecciones digitales, pero, sobre todo, a través de su baile, que ora a la instrumentación de cuerda, ora al cante, busca la perspectiva, los detalles de los planos más jondos y la composición. Es decir, nos muestra el efecto visual de distancia o alejamiento con el objetivo de conseguir la profundidad.
Maya tiene un baile que es de expresión emocional intensa, como las pinturas de Rothko, y se ha encumbrado como el más flamenco que hemos visto en Jerez 2026, tal que cuando abordó la farruca, en la que maneja movimientos, espacios, ritmos y expresión, y comunica historias y conceptos, o séase, refleja estados psicológicos complejos y emociones profundas, vinculados a la soledad y la introspección.
Delia Membrive deja un fandango de Antonio Toscano para enmarcar. Mas sin perder la nitidez de la distancia, Maya reivindica su personalidad viril, dotada de poderosa seducción en la seguiriya, a la que provee de una innata musicalidad y con una aquilatada técnica al servicio de los pies, valora la textura rítmica del braceo, el uso de los cortes, la verticalidad de la cabeza y la evidencia, en suma, de un proceso creativo que hace que la pintura de su cuerpo se convierta en un registro casi ritual del acto artístico.
La guitarra suena a gloria para que los cantes hispanoamericanos habiten en la garganta del Calli, en tanto que José Maya introduce unos pasos de jotas para el baile por cantiñas Denotamos entonces un despliegue de recursos técnicos de bailaor varonil y constante invención, en contraste con el discurso variado del atrás, tres cantaores que despiertan e incitan a que el baile de Maya sea tan insondable que no sólo no repite ni un paso, sino que hace que su diálogo con el cante ahonde en escala y color, e incluso que propenda a composiciones flamencas tan persuasivas que buscan un impacto visual extraordinario.
Gabriel de la Tomasa ejecuta una canción por bulerías preñada del gusto de sus predecesores, pero hay otro dato que no puede quedar velado, tal que el cante por soleá que Maya intercambia con la terna cantaora, en la diríamos que dio todo un masterclass acerca de lo que significan los silencios y el rictus varonil, con desplazamientos de una facilidad y ensimismamiento sorprendentes, hipnotizando al respetable con una capacidad virtuosa para suspender el momento cuando ejecuta cantado el romance del Conde Niño y rematar los tercios con su baile por bulerías.
José Maya regresa al banco del inicio del montaje, a sabiendas de que su propuesta la acababa de convertir en una sensación tangible, consistente, pues había logrado que la percepción del arte se convirtiera en un medio de expresión muy personal, de libertad creativa, pero de gestualidad singular y gitanería, aparte de inteligente y ágil, llena de movimiento, de ritmo, de gestos, de giros, de melodía convertida en espacio, y de espacios transformados en arte, plenos de ímpetu y sin más canon de belleza artística que la hondura de quien sin dejar de ser clásico, expresa visiones de formas inesperadas.
El artista madrileño ha promovido en Jerez un baile que refleja libertad y creatividad individual, propagado por distintos campos de colores que logran el efecto de transmitir emociones puras. Y las logra encontrando formas en los lienzos de un expresionismo con fondo, sumergiéndose en las zonas del color y envolviéndose en sus tonos hasta donde la abstracción lo libera y lo hace independiente. Pero eso sí, desde la frontalidad hacia el público, y con aquellos palos del baile gitano que dan significado a un campo abierto sin límites en la superficie del cuadro escénico. Apunten su nombre pero con mayúsculas: JOSÉ MAYA.
