CATALUÑA
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Entrevista

Jaume Collboni: "Barcelona tiene que ejercer de capital española, la más internacional"

El alcalde de Barcelona centra su inicio de mandato en recuperar para la ciudad algo tan sencillo pero necesario como es la tranquilidad institucional, tras los años convulsos de Colau y el 'procés'

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni
El alcalde de Barcelona, Jaume CollboniMARGA CRUZARABA PRESS
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El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, conversa con EL MUNDO acerca de los temas que marcan la actualidad nacional. También sobre un retorno a la normalidad en la capital catalana que, sin embargo, no esconde algunos problemas como son la inseguridad y la escasez de vivienda.

Uno de sus lemas es que "Barcelona ha vuelto", que ha dejado atrás dos populismos que la colonizaron y castigaron: el independentismo y el colauismo. ¿Eso cómo se traduce en hechos?
Uno de mis objetivos es que Barcelona vuelva a ser Barcelona, y lo estamos consiguiendo. Una de las consecuencias del procés fue que se instalara la anomalía en el funcionamiento institucional y una baja en autoestima entre los ciudadanos. Para revertir este pesimismo, hemos de ser conscientes de que no estamos tan mal y que nuestra capacidad y nuestro potencial siguen siendo muy importantes. Por ejemplo, la recuperación de la cuidad después de la pandemia ha sido mucho más intensa y rápida de lo previsto. Tenemos una de las tasas de paro más bajas de España, y uno de los crecimientos económicos más altos. En este sentido, la Copa América de vela ha sido un revulsivo y un punto de inflexión en ese regreso de Barcelona a los grandes proyectos internacionales y españoles. Y desde el punto de vista institucional, hemos recuperado la relación y la presencia en Barcelona de la Casa Real.
Este excesivo pesimismo y exigencia del barcelonés para con su ciudad, a qué cree que se debe. ¿La nostalgia de la ciudad olímpica que fue en 1992?
Ha influido mucho la década perdida del procés. Los barceloneses nos mirábamos en el espejo de la ciudad y no la reconocíamos. Ese fue un sentimiento muy generalizado y transversal que estamos revirtiendo de forma clara. Ya se empieza a notar en el estado de ánimo de la ciudad. Una de mis intenciones es la de liberar las energías, dejar hacer a la gente, desde un punto de vista cultural, económico, social, deportivo. Esta ciudad tiene una potencia emprendedora extraordinaria. El ayuntamiento debe, por tanto, auspiciarla, alentarla, no poner trabas. Solo con ese cambio de actitud respecto al anterior gobierno ya hemos reactivado muchas cosas.
Se suele hablar de la necesidad de que las ciudades tengan un relato. Seguramente es un término un poco manido, pero sirve para explicar la importancia que tienen los proyectos colectivos. En la Barcelona de Maragall, fueron los Juegos Olímpicos. ¿Cuál es el horizonte de la Barcelona de Collboni?
La Barcelona olímpica fue irrepetible, pero a mí me gusta mirar más al futuro que al pasado, porque la ciudad de ahora no es la de los 90. La transformación que se tenía que hacer con las olimpiadas ya no es necesaria. Está en marcha un proceso de transformación de la ciudad con el horizonte 2035 que va a suponer una inversión pública de más de diez mil millones de euros. Va a suponer una revolución para Barcelona relacionada con la nueva realidad que plantea el cambio climático, junto a la prioridad de impulsar la construcción de vivienda, tanto pública como privada en zonas con capacidad de crecimiento como el 22@, la Sagrera y Zona Franca. En dos años podremos ver la fotografía de esa nueva ciudad.
El nacionalismo ha intentado enfrentar a Barcelona con Madrid, como si compitieran en un partido eterno de fútbol. Usted y Almeida se han reunido ya en varias ocasiones.
Hay un gran cordón umbilical entre Barcelona y Madrid: pertenecemos a un mismo país y somos las dos grandes ciudades de España. Nosotros queremos que Barcelona vuelva a ejercer de capital española, la más internacional. Y esa voluntad debe formar parte de una normalidad en la que las dos ciudades compartan puentes de comunicación y trabajo conjunto. Por ejemplo, ya ha habido encuentros bilaterales sobre la seguridad ciudadana. Los dos gobiernos representamos políticas y proyectos de ciudad muy distintos, pero tenemos una buena relación que debe basarse en la colaboración, sumando sinergias, y en la competición.
Por el momento, usted gobierna en minoría y seguramente aprobará los presupuestos con ERC y los Comunes. ¿Esta relación de dependencia y acuerdo con estos dos partidos, independentistas e izquierda populista, no puede acabar siendo contradictoria con su voluntad de pasar página del pasado?
Quiero lanzar un mensaje de tranquilidad en este sentido. Respecto a la política institucional no va a haber cambios, tenemos muy claro lo que necesita la ciudad y lo que esperan de nosotros los barceloneses. Dicho esto, a nadie le va a sorprender que el PSC, que es un partido socialdemócrata, se coaligue o acuerde más cosas con la izquierda que con los grupos del centro derecha, con los que también hablamos y pactaremos. Con todos, excepto con Vox. Acabamos de aprobar las ordenanzas fiscales y son muy razonables: congelan los impuestos de las familias y de la pequeña y mediana empresa. Somos la segunda ciudad con menor presión fiscal después de Madrid, y ahora congelamos esos impuestos y subimos la presión fiscal del sector turístico. El mío va a ser un gobierno progresista, socialdemócrata, redistribuido, de izquierdas, pero con capacidad de diálogo y pacto con Junts y el PP. Los ciudadanos nos piden construir consensos, cansados de una larga etapa de crispación y polarización.
Pese al cambio, la ciudad todavía tiene problemas como el de la inseguridad. Han puesto en marcha un plan especial contra el aumento del uso de las armas blancas.
Una política firme en materia de seguridad es una política de izquierdas. Si alguien desde la izquierda piensa lo contrario, comete un grave error. Hemos hecho un despliegue especial contra las navajas con un mensaje muy claro: tolerancia cero con las armas blancas. Hay que garantizar la seguridad ciudadana porque al que más beneficia es al más débil, los barrios más afectados por la delincuencia son los humildes porque no tienen capacidad para pagarse la seguridad privada. Tenemos el problema diagnosticado: es la multirreincidencia, hay alrededor de 400 delincuentes multirreincidentes en la ciudad que están siendo detenidos más que nunca, gracias a los dispositivos conjuntos entre Guardia Urbana y Mossos, pero que no entran en prisión por, en muchos casos, el colapso que hay en los juzgados. Es imprescindible ampliar la plantilla judicial en Barcelona. La sensibilidad del ministro de Justicia, Félix Bolaños, está clara, ahora necesitamos que se convierta en hechos y aumente la plantilla judicial.
Otro elemento de quejas es el turismo. Este verano la imagen de unos manifestantes increpando a turistas en el centro de Barcelona tuvo un impacto internacional. ¿Teme el impacto de la turismofobia?
La industria turística es una riqueza objetiva económica para muchas familias de la ciudad. Representa el 15% de nuestro PIB, pero eso no quita que no debamos poner límites a la masificación. Hay que encontrar un equilibrio, la misma industria turística de la ciudad ha entendido que el «cuantos más, mejor» ya no es válido. ¿Cómo se hace? Con el control de las camas disponibles. Nosotros ya hemos puesto un límite de plazas hoteleras, aunque todavía se pueden construir 15.000 camas. También estamos negociando reducir y limitar el atraque de cruceros. No es soportable que en la ciudad desembarquen al año 1,6 millones de visitantes, que están menos de 12 horas. Otro elemento es la tasa turística y que los ciudadanos vean que revierte directamente en el bienestar de la ciudad. Otra medida es la eliminación de los pisos turísticos.
El cierre de los pisos turísticos choca con la propiedad privada...
Tenemos un grave problema de vivienda. Al colisionar dos derechos, el de la explotación turística y el del acceso a la vivienda, hemos decidido priorizar este último, porque, además, donde hay pisos turísticos se acaba produciendo la masificación, deformando la identidad de los barrios, y creando problemas de convivencia con los vecinos. Es una medida drástica, pero se ha hecho en Nueva York, Roma, París... En este nuevo rediseño del turismo la clave es no someter a la ciudad a una sola actividad económica. Una cosa es ser una ciudad con turismo y otra una ciudad turística.
Pero este discurso de que queremos «turismo de calidad», ¿no acaba siendo elitista? ¿Solo queremos a los turistas ricos?
No todos los hoteles que se van a construir serán de cinco o cuatro estrellas. Cuando hablamos de turismo de calidad nos referimos al que respeta y quiere entender la ciudad, no al que paga más... Es evidente que al haber menos oferta de cama, y si la demanda sigue creciendo, subirán los precios. Pero creemos que es el sector hotelero y los profesionales los que deben gestionar las pernoctaciones de la ciudad y que esté todo regulado.
Collboni en un momento de la entrevista
Collboni en un momento de la entrevistaMARGA CRUZARABA PRESS

Dice que, a menos oferta hotelera, subirán los precios. Un argumento que se puede aplicar al de la vivienda. En cambio, han intervenido el precio del alquiler.
Es la medida más rápida para intervenir en el mercado y limitar la escalada de precios. Cuando tengamos los datos de final de año se demostrará que se está consiguiendo que el precio crezca menos que en otras ciudades españolas. Es una medida paliativa, no la solución, así que igualmente, como he dicho antes, hemos de permitir que haya más oferta pública pero también privada.
Una de las demandas de los ayuntamientos a Pedro Sánchez durante la pandemia fue la mejora de la financiación municipal.
Es importante, sobre todo para poder hacer frente a muchas competencias que en teoría no son de los ayuntamientos y corresponden a los gobiernos autonómicos, pero nos vemos forzados a asumirlas para dar servicio a nuestros ciudadanos en ámbitos de educación, políticas sociales, cultura, energía. Hemos decidido tener el gasto social por habitante más alto de España, unos 240 euros, cuando en Madrid ronda los 100 euros. Con todo, el Ayuntamiento de Barcelona está saneado económicamente y solo tiene una pequeña deuda, aunque es urgente abordar la nueva financiación municipal ante el sobre esfuerzo financiero al que se ven obligados muchos ayuntamientos.
Sin embargo, la gran cuestión ahora es la reforma de la financiación catalana. ¿Romper la caja común, con esa suerte de cupo catalán, no va en contra del discurso de solidaridad que usted practica en Barcelona?
Singularidad, que es lo que se plantea con la financiación catalana, no significa desigualdad e insolidaridad. El debate que se está produciendo es que, entre otras cosas, se respete el principio de ordinalidad, que lo que recibe Cataluña se aproxime a lo que aporta al Estado. No voy a entrar en el debate nominalístico, si es financiación singular, cupo, etc, porque eso forma parte del acuerdo político, pero creo que la mejora de la financiación es razonable y nadie lo debe interpretar como un privilegio ni un canto a la desigualdad.
Pero esa idea de que el que más aporta más debe recibir, también sería aplicable en Cataluña respecto a Barcelona. Aporta mucho más que otros territorios y recibe menos.
No creo que esa cuestión se la planteen los barceloneses. De hecho, Barcelona practica la solidaridad metropolitana, somos aportadores netos. Representamos el 30% del PIB catalán. Y cuando se hacen los presupuestos del área metropolitana, a Barcelona nunca se le ocurre reclamar su parte proporcional y lo que aporta, que sería entorno al 50%.

"Si hubo corrupción, habrá tolerancia cero con los corruptos"

Los casos de presunta corrupción que afectan al Gobierno y al PSOE preocupan en el PSC por las consecuencias desestabilizadoras que puedan tener para los gobiernos de la Generalitat y de Barcelona. En este sentido, Collboni defiende que el socialista «es un partido honrado» y que siempre ha practicado la «tolerancia cero» con la corrupción. Niega asimismo que existiera una trama corrupta con el 'caso Ábalos'. «Con las informaciones que conocemos, no parece en absoluto un problema sistémico ni generalizado, ni nada que se le parezca», afirma Collboni, quien limita la posible responsabilidad a «casos concretos». «Si los ha habido y se demuestra, habrá tolerancia cero con los corruptos», asegura el alcalde, quien acusa al PP de utilizarlos de forma partidista contra Sánchez.