CATALUÑA
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Esquerra Republicana

La debilidad interna de Oriol Junqueras deja a ERC maniatada en sus negociaciones con el PSOE y el PSC

La derrota frente al sector crítico en la Federación de Barcelona condiciona los pactos de los republicanos con los socialistas

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, con la nueva presidenta de la Federación de Barcelona, Creu Camacho.
El presidente de ERC, Oriol Junqueras, con la nueva presidenta de la Federación de Barcelona, Creu Camacho.Alejandro GarcíaEFE
Actualizado

Cuando se cumple ya casi un año del batacazo en las elecciones autonómicas del 12-M, las costuras de Esquerra Republicana siguen al descubierto. Cuatro meses después de su reelección como presidente del partido, Oriol Junqueras ya ha sufrido un serio revés en esta nueva etapa de reconstrucción. Aunque por la mínima (14 votos), la victoria del sector crítico en el congreso de la Federación de Barcelona, la más numerosa de la formación con alrededor de un millar de militantes, brotó el pasado fin de semana como el primer contratiempo para el ex vicepresidente de la Generalitat.

Los alegatos de Junqueras, el domingo, a la "cohesión interna" para actuar como "un solo equipo y un solo partido" chocan con una fractura cuya soldadura no parece sencilla. La derrota en Barcelona deja varios interrogantes, entre ellos el papel de Elisenda Alamany, secretaria general de ERC desde diciembre y líder del grupo republicano en el Ayuntamiento de la capital catalana desde el adiós de Ernest Maragall hace un año y medio.

El control de las denominadas asambleas regionales es clave tanto para que la actual dirección se afiance como para la configuración de las listas de los comicios municipales de 2027. Junqueras confía en que la imprevista derrota de hace ocho días en Barcelona quede como un aviso aislado, ya que por ahora los críticos no han logrado articular candidaturas sólidas para los congresos territoriales de las próximas semanas. Los 13 años (2011-2024) del tándem que Junqueras formó con Marta Rovira, en la secretaría general, sin corrientes opositoras de peso dificultan la formación de proyectos locales alternativos.

Pero la contestación interna, visible en el congreso nacional de finales de 2024, que Junqueras ganó sin ninguna holgura, y de nuevo manifiesta en el resultado de la Federación barcelonesa, provoca que la dirección republicana actúe con pies de plomo en su relación con el PSOE y el PSC.

Ayuntamiento de Barcelona

"No estamos donde estábamos hace un año, hoy no hay nada sobre la mesa pendiente de resolver", dijo el viernes Alamany, en una entrevista en la agencia Efe, respecto al preacuerdo con los socialistas, del pasado junio, para entrar en el Gobierno del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni. Una entente defendida entonces por la actual número dos del partido cuya votación entre las bases fue suspendida, sin nueva fecha, en una demostración de la inestabilidad que vive el partido desde hace un año, con la sucesiva pérdida de apoyos en las urnas, el escándalo de la estructura interna que elaboró contracampañas como las de los carteles de los hermanos Maragall y el alzhéimer y la larga precampaña congresual.

Ya en el ecuador del mandato, la entrada de Esquerra en el Ejecutivo local del PSC fue descartada por el propio Collboni el lunes: "Soy partidario de seguir gobernando como lo estamos haciendo hasta ahora", dijo el edil sobre la actual alianza externa con los republicanos, que veían hace un año la fórmula de coalición como una buena oportunidad de volver a tocar poder tras verse obligados a abandonar el Palau de la Generalitat y, un año antes, numerosos ayuntamientos. Un pacto que hoy es papel mojado.

La estrategia negociadora de ERC con el Gobierno de Pedro Sánchez está condicionada, además, por cada uno de los movimientos que realiza Junts per Catalunya. En la pasada legislatura, la constitución de la mesa de diálogo bilateral, los indultos a los líderes encarcelados del procés o la derogación del delito de sedición y la reforma de la malversación en el Código Penal fueron concesiones obtenidas sin la necesidad de tensar demasiado la cuerda.

Sin embargo, la entrada del partido de Carles Puigdemont en el terreno de juego de la negociación desde las elecciones generales de 2023 y la conversión de cualquier negociación con el PSOE en una especie de reválida obligan a Junqueras a vender mejor su producto y entrar en la subasta de los ultimátums, como la negativa a apoyar los Presupuestos Generales del Estado o los de la Generalitat sin abordar una negociación real. En Cataluña, por ejemplo, tras negarse a contemplar el voto a favor de las cuentas públicas del president Salvador Illa, los republicanos ya han dado su plácet a dos suplementos de créditos del Govern.