Pasarelas de acceso destrozadas, rescates de bañistas, chiringuitos literalmente tragados por el mar y banderas rojas por doquier. Ésa es la estampa que este martes se vivió en buena parte del litoral de la provincia de Cádiz, desde El Puerto de Santa María a Barbate, pasando por Caños de Meca o Zahara de los Atunes. El culpable, a miles de kilómetros, fue el huracán Erin, que azotaba a esas horas las costas sudamericanas y cuya fuerza se dejó sentir también a este lado del Atlántico, con una marea extraordinariamente alta, olas de varios metros y mar de fondo que convirtió el baño en una trampa y lo que iba a ser una jornada veraniega de postal, en un aviso de lo que está por venir.
Porque lo que ha sucedido esta semana en Cádiz es solo un pequeño ejemplo de lo que va a ocurrir en todo el litoral andaluz en las próximas décadas debido, fundamentalmente, al devastador 'huracán' del cambio climático.
Playas icónicas de la provincia gaditana, como la Cruz del Mar y Camarón, en Chipiona; La Costilla y Galeones, en Rota; o La Cortadura y La Victoria, en Cádiz capital no es que vayan a sufrir daños por la subida del nivel del mar, es que podrían desaparecer. Literalmente. Y no son las únicas, según un estudio que ha promovido la Junta de Andalucía que está prácticamente finalizado y en fase de validación de resultados.
La lista negra del litoral andaluz incluye, en Cádiz, las playas de La Barrosa, en Chiclana de la Frontera; Roche, en Conil; Santa Catalina, en Valdelagrana; Levante, en El Puerto, mientras que en la Costa del Sol los expertos señalan las playas de Río Verde y El Faro, en Marbella; Los Boliches y Carvajal, en Fuengirola; Santa Ana, en Benalmádena; la Butibamba, en Mijas; El Bajondillo y Los Álamos, en Torremolinos; Valle Niza y Torre del Mar, en Vélez-Málaga, o La Caleta y El Candado, en la capital malagueña.
Centrando el foco, por poner un ejemplo, en la playa malagueña de Carvajal, en Fuengirola, los estudios predicen que en apenas 25 años habrá retrocedido en torno a un 74% de su ancho actual y medio siglo más tarde, en 2100, ya no habrá orilla, el agua la habrá engullido por completo.
Del devenir de las playas gaditanas sabe mucho el profesor de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Cádiz Haris Plomaritis, que lleva años estudiando el retroceso de la costa en esa provincia. En particular la playa de Campo Soto, en el término municipal de San Fernando y dentro del Grupo de Geología y Geodinámica del Litoral, formado por doce investigadores que siguen de cerca la evolución de medio centenar de playas gaditanas y que han constatado un retroceso de entre uno y dos metros al año.
En total, el estudio desarrollado por la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente coloca el cartel de 'en peligro' a 33 playas andaluzas que corren el riesgo de perderse bajo las aguas.
La causa, determinan los autores, es la subida del nivel del mar que ya se está produciendo por efecto del cambio climático y el calentamiento global. Los modelos desarrollados proyectan una pérdida generalizada de arena seca en las playas andaluzas de entre 5 y 25 metros desde ahora y hasta el año 2050. Aunque esas pérdidas pueden ser mucho mayores en función de la playa de la que se trate.
Aquellas que son abiertas, grandes extensiones de arena fina y con una mayor profundidad de cierre son las más vulnerables. Hasta el punto de que, en casos extremos, los retrocesos permanentes podrían llegar a los 65 metros en el año 2100. En definitiva, sería su desaparición.
En riesgo están playas de altísimo valor medioambiental, como la de Doñana, que perderá, de acuerdo con las estimaciones de los estudiosos, alrededor de 12,5 millones de metros cúbicos de arena este mismo año.
De hecho, el arenal que marca la frontera del parque nacional ha sufrido este mismo año, la pasada Semana Santa, la fuerza del agua, con destrozos importantes en el tramo urbano de la playa de Matalascañas, donde su paseo marítimo quedó casi suspendido en el aire por la erosión de las olas en su base.
Ni las escolleras ni el dique de rocas en la orilla lograron parar el embate de las olas que, en unos pocos días de temporal, se llevaron otro medio metro de arenal.
Medidas de adaptación
"Nuestra costa se encuentra entre las más valiosas de Europa, tanto por su riqueza natural como por su relevancia económica. Anticiparnos a los efectos del cambio climático es una responsabilidad que asumimos con determinación y con herramientas de gestión concretas como las que nos ofrecen estos estudios", señala la secretaria general de Medio Ambiente y Cambio Climático de Andalucía, María López Sanchís.
Este estudio del Gobierno andaluz es solo el último de un rosario de avisos científicos sobre el futuro, nada halagüeño, que le espera al litoral andaluz y, en general, a todo el litoral español debido al cambio climático.
El año pasado, la organización conservacionista Greenpeace publicó otro estudio -titulado Crisis a toda costa- en el que llamaba a tomar medidas urgentes que no fueran meros parches, como retroceder las áreas urbanizadas.
Con este último informe, la Junta de Andalucía pretende, precisamente, tomar medidas en base a sus conclusiones científicas y, para ello, ha dado a los datos forma de visor con el que se puede conocer cuál será la evolución del litoral en cada zona concreto, facilitando, de esta manera, actuaciones en materia, por ejemplo, de concesiones en el dominio público costero.
El estudio (en realidad dos estudios (uno finalizado en 2022 y éste a punto de finalizar) está impulsado desde la Secretaría General de Medio Ambiente y Cambio Climático y se enmarca dentro del programa de adaptación a este fenómeno de la Administración autonómica andaluza.




