CIENCIA
Medio ambiente

La pedagoga Heike Freire: "Buena parte de los trastornos mentales de los niños se deben a la falta de contacto con la naturaleza"

Quince años después de publicar 'Educar en Verde', la comunicadora ambiental lo ha reescrito para ponerlo al día en un contexto muy distinto: "Los valores ecológicos han pasado de ser minoritarios a ser afirmados por una mayoría", asegura

La comunicadora ambiental y pedagoga Heike Freire
La comunicadora ambiental y pedagoga Heike FreireMirArte CP Brians 2
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La pedagoga Heike Freire (Gijón, 1970) tiene muy vivos los recuerdos de su infancia a cielo abierto, jugando en la calle después del "cole", imaginando aventuras en el monte, el río o la playa, o contemplando simplemente las nubes y las estrellas... "¿Qué ocurrirá si llega el día en que nadie tiene recuerdos de experiencias infantiles en la naturaleza, ni abuelos que nos cuenten historias de la tierra?", se pregunta la autora de Educar en Verde(Paidós).

Quince años después de la primera edición del emblemático libro, Heike Freire ha acometido la aventura de "reescribirlo" y ponerlo al día en un contexto muy distinto: "Se ha producido un cambio de conciencia y los valores ecológicos han pasado de ser minoritarios a ser afirmados por una mayoría. Y me pregunto si este retroceso que vivimos últimamente es el típico fenómeno del péndulo que caracteriza a los avances sociales, que nunca son lineales y que suelen provocar un movimiento en sentido contrario en cuanto se hacen mainstream", señala autora, que presentará el libro este viernes en la Librería madrileña El Halcón Maltés.

"El amor por la naturaleza es una propiedad emergente del ser humano", sostiene Heike, que reconoce cómo los factores educativos, sociales, culturales o políticos pueden bloquearlo o amplificarlo. "Sería bueno aprovechar este aparente "retroceso" para profundizar más y caminar nuestros valores".

Pongamos que Heike Freire lleva media vida impulsando lo que ella misma bautizó como "pedagogía verde", partiendo del reconocimiento de la Naturaleza como Madre y Maestra. En vez de una nueva asignatura para sobrecargar aún más el currículum académico de los niños, la autora de Educar en Verde propone que la Biofilia (amor a a la Tierra y a todo lo vivo) sea algo así como un Guadiana transversal que emerge y empapa todas las demás "asignaturas".

Los niños son al fin y al cabo "semillas", y los colegios deberían ser lo más parecido a "semilleros" que les acompañen en su crecimiento. Heike bebió de las fuentes de Ivan Illich y Paolo Freire, y también de Richard Louv (autor de El último niño en el bosque), y lleva más de dos décadas auspiciando algo así como una relación triangular entre el educador, el niño y el entorno natural.

Patios vivos

Su activismo incansable, rompiendo fronteras y recorriendo nuestra geografía, ha plasmado en iniciativas como Patios Vivos, para reverdecer los patios de recreo y de hormigón en los colegios: "Yo diría que más del 60% de las escuelas se han planteado estos últimos años algún tipo de intervención en sus espacios exteriores. La mayoría han sido superficiales, un auténtico lavado de cara. Pero hay algunas excepciones en los que han desarrollado procesos más profundos, implicando al profesorado, a los técnicos, a los niños y a las familias, con resultados excelentes".

Si algo ha cambiado notablemente en los 15 años desde la primera edición de Educar en verde es sin duda la salud mental de los niños y los adolescentes. "La situación ha empeorado muchísimo desde el Covid", advierte Heike. "El suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte entre los jóvenes, superado solo por el cáncer. Los trastornos del espectro autista, el déficit de atención y la hiperactividad, la depresión, la ansiedad y el estrés están al orden del día. Las autolesiones y los problemas de conducta alimentaria forman parte del estilo de vida de los jóvenes de hoy".

"Parecen solo datos, pero es gravísimo que todo esto ocurra en pleno proceso de desarrollo madurativo, cuando se construyen las base de la persona", precisa. "Significa que empiezan su camino vital con carencias que, lamentablemente, arrastrarán toda su vida".

"Mi hipótesis es que buena parte de estos trastornos mentales tienen su origen en la falta de contacto con la naturaleza", agrega la pedagoga. "La separación de sus entornos, de sus iguales y de sí mismos (sus cuerpos, su imaginación, su mundo interior) tiene efectos nefastos en el organismo. Olvidamos que somos mamíferos, que estamos programados para vivir en espacios exteriores y explorarlos".

"La naturaleza está ahí para sanarnos, ella nos brinda todo lo que necesitamos para vivir en plenitud", recalca Heike. "La vida en los entornos urbanos, artificiales y tecnológicos, no nos permite descansar ni por lo tanto madurar a nuestro sistema nerviosos ¿Has probado salir unos días al campo y regresar a la ciudad? Los ritmos trepidantes, el exceso de estímulos, el hacinamiento, el ruido... Vivimos en permanente estado de alerta".

El juego espontáneo ha desaparecido también de la vida de los niños, y Heike lo achaca sobre todo a "la falta de espacios" donde puedan dar rienda suelta a su creatividad... "Se pasan el día supervisados por adultos, las ciudades se han vuelto inhóspitas y peligrosas, los parques infantiles están vacíos porque son más que aburridos y, en cuanto tienen un rato libre, sus ojos son secuestrados por las ávidas pantallas".

Heike alaba iniciativas como la del pedagogo italiano Franceso Tonucci, La Ciudad de los Niños, para hacer "más amigables" los entornos urbanos. Los proyectos para reverdecer las ciudades y renaturalizar los parques infantiles proliferan también por nuestra geografía. Ella misma forma parte de un grupo de madres y profesionales reunidas en el Club de Guardianas del Juego, "que trata de introducir lo vivo en esos espacios".

Preguntamos finalmente a esta comunicadora "verde" sobre el impacto de la tecnología en los más pequeños y las iniciativas para vetar su acceso a las redes sociales... "Igual que los entornos urbanos, los entornos tecnológicos nos encierran en cajitas mucho más pequeñas, del tamaño de un móvil (...) Pero el exceso de tecnología no solo causa déficit de naturaleza: también es una consecuencia de no poder acceder a experiencias reales. Por eso, antes de prohibir, hay que ofrecer experiencias reales de conexión con lo vivo, de aventura, de relajación, de pertenencia, de amistad, de sentido".