El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó una severa advertencia el jueves en el arranque de la cumbre de los líderes de la COP30 de Belém: "La ventana de oportunidad para actuar contra el calentamiento global se está cerrando rápidamente". En un tono aún más sombrío, el secretario general de la ONU António Guterres advirtió de que será "un fallo moral y una negligencia mortal" superar el aumento global de las temperaturas de 1,5 grados fijado hace diez años por el Acuerdo de París.
En contraste con la histórica cumbre francesa, a la que asistieron más de 150 líderes mundiales, la COP30 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) ha convocado apenas a una treintena, la mayoría suramericanos y europeos (entre ellos, Pedro Sánchez, el presidente Macron y el "premier" Keir Starmer). La sonora ausencia de Donald Trump, que calificó el cambio climático como "la mayor estafa de la historia" en su reciente discurso en la Asamblea General, provocó un aluvión de alusiones y referencias.
El propio Lula criticó en su intervención a "las fuerzas extremistas que fabrican mentiras para obtener ganancias electorales y condenar a las generaciones futuras a un modelo obsoleto que perpetúa las disparidades sociales y económicas, así como la degradación ambiental" (Lula ha sido fustigado por las organizaciones ecologistas en Brasil por autorizar recientemente las prospecciones petrolíferas en la desembocadura del Amazonas).
El "premier" Starmer reconoció que "se ha roto el consenso" en el Reino Unido y en otros países del mundo sobre la rapidez con la que debe hacerse la transición ecológica, en una referencia directa a las presiones de la extrema derecha para renunciar al objetivo de "cero emisiones" en el 2050. El Príncipe Guillermo, que encabezó la delegación británica, advirtió por su parte que el planeta "se está acercando al punto de inflexión del cambio climático·.
El presidente Emmanuel Macron incitó también a los líderes a "elegir la ciencia frente a la ideología" y a "seguir apoyando a los científicos" frente a los ataques de ciertos sectores políticos. Macron expresó su esperanza en que la COP30 sirva para "relanzar un nuevo espíritu en la línea del acuerdo alcanzado en París".
Como trasfondo a la cumbre de los líderes, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó el lunes que la concentración de CO2 en la atmósfera marcará un nuevo récord en 2025, que acabará figurando como "el segundo o el tercer año más caluroso" desde la era preindustrial. Los años más calurosos desde que empezaron los registros han sido en la última década.
La COP30, que arranca oficialmente el 10 de noviembre, ha estado este año inusualmente precedida del encuentro de los líderes. La cumbre de Belém, elegida por su poder simbólico en la desembocadura del Amazonas, llegó marcada durante meses por los problemas de organización, la falta de plazas hoteleras y los precios estratosféricos de las habitaciones que llevaron incluso a la propia ONU a reducir el número de delegados.
La así bautizada como "La COP de la verdad" tiene el reto de poner en marcha el acuerdo alcanzado "in extremis" en la COP29 de Bakú sobre la financiación climática, fijado inicialmente en 290.000 millones de euros anuales, con la meta de llegar a los 1,3 billones en el 2035. La cumbre brasileña podrá un énfasis especial en las medidas para frenar la deforestación, como la Amazonia como telón de fondo.
El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago pretende por otra parte impulsar la aceleración de la transición ecológica dentro de la agenda "Global Mutirao" ("Acción Colectiva") de movilización y soluciones ante la crisis climática. La reducción de emisiones y la "eliminación gradual" de los combustibles fósiles volverán a ser previsiblemente las dos asignaturas pendientes.

