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La especialidad médica desconocida que trata hernias discales y fracturas de vértebras sin bisturí: "En dos horas estaba en casa, sin dolor y con el brazo otra vez en movimiento"

De hernias discales a fracturas vertebrales, la radiología intervencionista ofrece soluciones rápidas, seguras y con una recuperación exprés

Ález Magan y Manuel Cifrian, junto a la máquina de resonancia.
Ález Magan y Manuel Cifrian, junto a la máquina de resonancia.DAVID GONZÁLEZARABA PRESS
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No tiene por qué vivir con dolor crónico. Ni con una hernia. Ni si arrastra una vértebra fracturada. Ni siquiera con una rodilla castigada por la artrosis. Y mucho menos tiene que pasar por quirófano para volver a tener calidad de vida. "Me dijeron que solo había una opción: operarme. Pero en dos horas estaba en casa, sin dolor y con el brazo otra vez en movimiento". Lo relata Paola Pérez, una paciente que vivía con un dolor insoportable en el hombro. Es peluquera y la molestia incapacitante, no le permitía levantar el brazo más de 90 grados.

Le diagnosticaron una capsulitis adhesiva, una patología en la que la cápsula de la articulación se inflama y se vuelve rígida. La única solución que le ofrecían en traumatología era pasar por quirófano. "Tenía miedo de no poder volver a trabajar", recuerda.

Diabética desde los tres años, la idea le generaba aún más incertidumbre. Y, en realidad, no tenía por qué pasar por una cirugía. Aunque eso lo descubrió más adelante, cuando conoció al doctor Alex Magán, radiólogo intervencionista y portavoz de la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (Servei). Una especialidad casi invisible -incluso dentro de la propia profesión- pese a que en cuestión de minutos puede cambiar la vida de un paciente.

Le propuso un procedimiento mínimamente invasivo, guiado por ecografía. "Me lo hizo por la mañana y a las dos horas estaba en casa. Pasé de no poder mover el brazo a recuperarlo casi por completo. Con rehabilitación, hoy estoy al cien por cien. Y sin cirugía", cuenta Pérez.

El caso se repitió después con una tendinitis en la muñeca. De nuevo, un procedimiento ecoguiado resolvió el problema. "Ahora no tengo dolor. Nada de nada. Vivo y trabajo como antes", asegura. Molestias que arrastró más de un año y que se resolvieron en un pispás.

"En cuestión de minutos podemos cambiarle la vida a alguien que llevaba meses atrapado por el dolor", señala Magán, también jefe de servicio en el Hospital Virgen de los Lirios de Alcoy. Lo cierto es que, pese a su efectividad, la radiología intervencionista sigue siendo una gran desconocida. ¿Radioqué?

Cuando piensa en un radiólogo, seguramente le venga a la cabeza un médico sentado frente a la pantalla. Su labor: identificar fracturas, tumores u otras patologías a través de pruebas médicas como radiografías, TAC o resonancias. Pero hay profesionales que van más allá. La radiología intervencionista da un paso más. Llega donde nadie puede y solucionan el problema cuando todo parece perdido.

Para saber más

Casi parece hechicería. "Es magia ver cómo alguien llega con un dolor insoportable y, en cuestión de horas, se marcha caminando y sonriendo. Con un gesto de apenas unos minutos y a veces con una simple infiltración", resume. Para más inri, es rápido, barato y efectivo.

El arsenal de procedimientos a realizar es muy amplio. Desde infiltraciones en rodillas, caderas u hombros dañados, hasta técnicas más complejas como la vertebroplastia o intervenciones sobre hernias discales. Todas tienen un denominador común: son procedimientos mínimamente invasivos que se realizan con agujas finas o pequeños catéteres, siempre guiados por imagen.

En lugar de bisturí y grandes incisiones, el radiólogo intervencionista utiliza la precisión de la ecografía, el TAC o la radioscopia para llegar exactamente al punto del problema. Con anestesia local, en cuestión de minutos puede liberar un nervio comprimido, reforzar un hueso fracturado o bloquear la transmisión del dolor. Y todo ello con una recuperación exprés: el 90% de los pacientes se va a casa el mismo día y retoma su vida normal en 24 o 48 horas.

"Es excepcional dejar un paciente más de un día ingresado y lo sueles hacer para tener un mayor control a nivel médico, de analgesia, para que haga reposo estricto unas horas tras el procedimiento y al día siguiente se va a su casa", señala Manuel Cifrián, radiólogo intervencionista del Hospital General Universitario de Castellón y también portavoz del Servei.

Un antes y un después

Una fractura vertebral por osteoporosis basta para condenar a la inmovilidad a muchas personas mayores. El riesgo es especialmente alto en mujeres de entre 70 y 80 años, que tras la menopausia pueden sufrir un aplastamiento vertebral acompañado de un edema doloroso e incapacitante. Muchas terminan pasando los días entre la cama y el sillón, atrapadas en una espiral de pérdida de masa muscular, fuerza y autonomía.

¿Solución? La vertebroplastia. Con una aguja, el radiólogo intervencionista accede al interior de la vértebra dañada e inyecta un cemento biológico. "Es como la pasta de dientes: entra blando, rellena los huecos del hueso y, al endurecerse, estabiliza la fractura", ejemplifica Magán. En apenas unos minutos, la estructura queda reforzada y el dolor se reduce de manera drástica.

Los resultados suelen ser inmediatos: pacientes que apenas podían moverse recuperan la capacidad de caminar en cuestión de horas. "El cambio es increíble, porque de repente la persona puede volver a realizar actividades cotidianas, salir a pasear o hacer ejercicio físico moderado", añade Magán.

Ese punto de inflexión no solo alivia el dolor, también frena la espiral de dependencia. "Hay que tener en cuenta que suelen ser personas de avanzada edad que, si dejan de moverse, pierden masa muscular, masa ósea y corren el riesgo de fracturarse la cadera", advierte.

La tasa de éxito roza el 99% en los casos indicados correctamente. Y lo más importante: se evitan cirugías que muchos de estos pacientes ni siquiera podrían soportar por su edad o comorbilidades.

Otro de los procedimientos que se puede tratar desde esta especialidad es la hernia discal. La molestia aparece cuando el disco que actúa como "almohadilla" entre las vértebras se rompe y parte de su contenido se desplaza, presionando un nervio. Esa compresión provoca un dolor intenso que puede irradiarse hacia brazos o piernas y que, en muchos casos, incapacita al paciente durante semanas o meses.

Con anestesia local y guía radioscópica o TAC, el especialista introduce agujas finas hasta el disco dañado. "Podemos utilizar las mismas técnicas de imagen que diagnosticaron la hernia para llegar hasta ella. Allí podemos retraerla, romperla o incluso reparar la rotura del disco e intentar solucionar el problema de forma rápida", explica el doctor Cifrián.

Y la lista no acaba ahí. También se tratan rodillas castigadas por la artrosis, hombros lesionados o caderas deterioradas por los años o por la actividad deportiva. Incluso neuralgias faciales, como la del trigémino, capaces de provocar dolores tan intensos que resultan incapacitantes.

En estos procedimientos no existe el riesgo cero (como en ninguna otra técnica médica), pero los riesgos son mínimos. Los efectos adversos más habituales son leves: un mareo, una bajada de tensión, un pequeño sangrado en el punto de punción y suelen resolverse con medidas conservadoras.

Tampoco debe ser una preocupación que se realicen con rayos X y se emitan radiaciones. La clave está en la formación. Como explica Magán: "El radiólogo intervencionista tiene una amplia formación en radioprotección y sabe cómo proteger al paciente y a sí mismo mediante métodos de barrera que no siempre se utilizan en las salas de otros especialistas, sobre todo por falta de formación e información".

Una especialidad desconocida

¿Por qué, entonces, si estas técnicas son tan eficaces, no las conoce casi nadie? La explicación es compleja, pero empieza por la propia historia de la radiología. Durante décadas, el radiólogo ha sido un especialista invisible para el paciente. Su trabajo se limitaba a interpretar radiografías, TAC o resonancias. Un diagnóstico en un informe que luego otros médicos (traumatólogos, reumatólogos, oncólogos o cirujanos) utilizaban para decidir el tratamiento.

La radiología intervencionista rompe ese esquema. Los especialistas no solo diagnostican, también tratan. Y muchas veces, no lo hacen porque no se atreven a dar el salto. Magán admite que incluso él encontró su verdadera vocación tarde: "Hay que tener ganas de ayudar a la gente, porque al final yo, por lo menos, en medicina nunca había sentido una vocación especial. Ha sido en los últimos años, con esta actividad, donde he encontrado una verdadera vocación».

Ese descubrimiento le cambió la forma de ejercer la profesión: "Es una especie de magia ver a una persona con un dolor prácticamente insoportable y con un gesto de escasos minutos poder ayudarle, aunque solo sea con una simple infiltración".

Pero no todos sus colegas han dado ese paso. "Hace falta que la gente encuentre esa magia, que los radiólogos diagnósticos, sobre todo los dedicados a la patología músculo-esquelética, que son unos profesionales increíbles y que saben anatomía y patología radiológica al dedillo, se lancen también al interior del paciente, no solo a la pantalla", reivindica.

A eso se suma un segundo obstáculo: los circuitos de derivación. En algunos departamentos de la Comunidad Valenciana, el médico de familia puede enviar directamente al paciente a la consulta de estos profesionales. Pero esa no es la norma en España. En muchos centros, el paciente debe pasar por traumatología, rehabilitación o unidades del dolor antes de que alguien se plantee derivarlo.

El tercer factor es la falta de recursos humanos y técnicos. "Hace falta que los gestores también se den cuenta de que invertir y favorecer el desarrollo de la radiología intervencionista, de los equipos humanos que nos dedicamos a esto, es invertir en excelencia, en calidad, en procedimientos rápidos, sin hospitalizaciones, que permiten a los pacientes recuperarse pronto y reincorporarse antes a su vida laboral", señala Cifrián.

"La población envejece, cada vez somos más mayores, cada vez nos duelen más cosas. La tecnología avanza, los procedimientos también. ¿Por qué negar a la gente esta posibilidad?", se pregunta Magán. El resultado es una paradoja: una disciplina con tasas de éxito altísimas y un enorme potencial de ahorro para el sistema sanitario -menos días de baja, menos cirugías, menos hospitalizaciones- que lucha por ser reconocida.