El Valencia ha completado la operación que, desde el pasado año, diseñó de la mano de Goldman Sachs para lograr los fondos con los que acabar el Nou Mestalla en los plazos previstos y reestructurar su deuda histórica que, aunque se incrementa a largo plazo, atenúa la asfixia que generaba a las cuentas anuales. El club ha anunciado este miércoles que ha conseguido firmar una línea de financiación por valor global de 322 millones cuyo destino será pagar las obras del nuevo estadio.
Lo ha hecho colocando, de la mano de Goldman Sachs, una emisión de bonos en el mercado de renta fija estadounidense por los que pagará un interés anual que rondará el 5,82%. Ese capital lo tendrá que devolver en un plazo de 28 años y, además, los inversores cuentan como garantía con todos los ingresos que genere el nuevo recinto (abonos, entradas, restauración, eventos, palcos, plazas de parking o naming), además de una hipoteca.
Además, suscriben un préstamo de 85 millones a cinco años, un corto plazo que amortizarán con la venta del viejo Mestalla.
Con estos 322 millones sumados a los 80 de CVC y los 35 que se tienen apalabrados con la compañía Atitlan para la compraventa del terciario que rodea al nuevo estadio, suma 437 millones, lo que permitiría cubrir el coste total -incluido el beneficio industrial y el IVA- que el club estimó en 291 millones pero la auditoría encargada por el Ayuntamiento de Valencia elevó hasta los 341,5 millones.
La intención del Valencia, según explicaron a El Mundo fuentes cercanas a la dirección financiera, es ir amortizando ese crédito no solo con la explotación del nuevo estadio, sino también a medida que se vayan generando ingresos extraordinarios, que serán fundamentalmente los que provengan de la venta del suelo del actual Mestalla.
Y es que el diseño de esta operación supone un incremento notable de la deuda que, en el último ejercicio presentado, la temporada 23/24, ascendía en neto a 285 millones de euros y generaba un pago anual en intereses de 39 millones, el equivalente a un tercio de la cifra de negocio. Ahora, la cantidad será mayor, rozando los 600 millones, pero se estructuró.
El diseño de esta refinanciación de la mano de Goldman Sachs -que ha salido al rescate de clubes de fútbol europeos en los últimos años como el Barça o el Inter- comenzó hace meses, con una primera fase en la que el Valencia consiguió cerrar una operación múltiple de 121,3 millones con fondos de pensiones estadounidenses e inversores de otros países como Japón.
Cada acreedor puso sus condiciones y todos comparten como garantía el 100% de los derechos de televisión y esponsorización, pero de media tendrá que devolver este importe en siete años y medio, comenzando en enero de 2027. Hasta entonces pagará 6,9 millones por esos dos años de carencia, y luego serán 14 millones, más unos intereses que como media rondarán el 6,53%.
El cálculo es que el servicio de la deuda tendrá un peso en las cuentas anuales del club de 31 millones, ocho menos de los actuales. Con esta operación, el Valencia ha liquidado la deuda que arrastraba con Right&Media, Gedesco y Caixabank, a quien abonaba un tipo de interés del 6,8% que ascendió esta pasada temporada al 7,38%. Además, queda liberada la hipoteca sobre el suelo del actual Mestalla, que queda libre de cargas y listo para ser vendido, y desaparece la obligación de Peter Lim de devolver la quita que el banco le concedió cuando compró la mayoría accionarial. Debía hacerlo si la vendía antes de 2026 o si conseguía un EBITDA superior a los 40 millones de euros, algo que nunca ha sucedido. Una vez liquidada la deuda, el máximo accionista queda liberado de tener que consultar a Caixabank si quiere vender sus acciones.
La dirección financiera, que lidera Inmaculada Ibáñez, también cerró otro préstamo, esta vez directamente concedido por Goldman Sachs,de 65 millonesque, con una duración de un año y un interés del 7,13%, actuaba como puente hasta que llegara la financiación matriz que se acaba de anunciar. Con este importe se hacía frente a los intereses que se acumularán de la cadencia de dos años del préstamo de 121 millones, al coste del polideportivo de Benicalap -que aún no se ha pagado- o a la conservación de los restos arqueológicos hallados en el nuevo Mestalla, además de documentación relativa a las obras del estadio.
Con esta operación global, a pesar de que el club incrementa su endeudamiento, a corto plazo sale de la asfixia y se garantiza liberar activos como el viejo Mestalla y acabar el estadio para extraer más ingresos con los que hacer frente a ese incremento. Esas son las previsiones que hace el Valencia, pero, ¿cuánto quedará para invertir en la parcela deportiva? Las cuentas siguen desequilibradas porque se han perdido ingresos fruto de su peor rendimiento deportivo en los últimos años, pero el club puede partir la próxima temporada con un desequilibrio de 50 millones en lugar de 100. La venta de algún jugador y del coste de plantilla se sumaría a los casi ocho millones menos destinados a intereses y amortización de la deuda. El fairplay de LaLiga, con un margen de casi 80 millones, permite un esfuerzo, pero la decisión será de Peter Lim.

