No fue el autor material del asesinato del canónigo de la Catedral de Valencia, pero el jurado popular considera a Miguel Tomás V. culpable y se enfrenta a una condena de 28 años de prisión. Era el único acusado del crimen de Alfonso López Benito, que apareció asfixiado en su cama en enero de 2024, y pese a que no había huellas ni rastro de su ADN en el piso del cura, siete de los nueve miembros del tribunal popular han determinado que es culpable de su muerte, en colaboración con otra persona desconocida, y también de los delitos de robo con violencia de las tarjetas de víctimas y estafa continuada.
Según el veredicto, leído este martes en la sala de jurado de la Audiencia Provincial de Valencia, Miguel trazó un plan con una persona jamás identificada -a quien durante el juicio describió como un temporero colombiano llamado Manuel-, para entrar en el piso del canónigo y robar sus tarjetas bancarias. El acusado conocía al canónigo desde hacía tiempo y, pese a que reiteró que nunca tuvieron encuentros sexuales, sabía de su costumbre de convocar a chicos con necesidades a su piso de la céntrica calle Avellanas, junto al Palacio Arzobispal y la Catedral, para mantener relaciones.
No fue Miguel quien entró y lo mató por asfixia, pero siguiendo la tesis del fiscal, fue colaborador necesario al franquearle la entrada al asesino y decirle dónde estaban los objetos de valor, algo que conocía. De hecho, tras el crimen, como reconoció en la vista, hizo uso de las tarjetas del cura para hacer compras y sacar dinero en efectivo de varios cajeros, aprovechando que había suplantado la identidad de la víctima para conseguir el número secreto porque también habían robado su móvil. Esos importes retirados los repartió con el desconocido. En total, 2.327 euros.
La Fiscalía defendió que, aunque no se puede afirmar que el acusado fuera quien "le apretara el cuello y le tapara la boca" para asfixiarle, tuvo "una participación directa, eficaz y decisiva" en el crimen.

