CRÓNICA
El dato que faltaba

El viaje de Sánchez a Bakú para luchar contra el cambio climático: 77.624 litros de queroseno y 140 toneladas de CO2

En la época de las videoconferencias, el presidente viajó a la COP29, con Valencia empantanada, utilizando dos aviones y un helicóptero de alto consumo

El presidente Sánchez en Bakú.
El presidente Sánchez en Bakú.
Actualizado

A primera vista, algunos de los planteamientos relacionados con las sucesivas cumbres del clima organizadas por la ONU, las llamadas COP, parecen un canto a la paradoja. Así, este año la celebración se ha producido en Bakú, la primera ciudad petrolífera del mundo, y, el pasado año, los 200 gobiernos, funcionarios de Naciones Unidas y consultores con intereses propios se desplazaron hasta Dubái, capital de Emiratos, para hablar de la necesidad de limitar los combustibles fósiles. La propuesta principal planteada en la capital de Azerbaiyán esta semana ha sido la de poner el foco en el dinero que los países ricos (los más contaminantes y que no asisten a las COP) deben dar a los más pobres para ayudarles a adaptarse al cambio climático y a mitigar sus emisiones. Y uno de sus objetivos es el de conseguir que el incremento de la temperatura global se quede en 1,5 grados sobre los niveles preindustriales cuando la propia ONU vaticina un aumento de más de tres grados en un tiempo récord.

De modo que los bienintencionados encuentros de las COP parecen tener la misma eficiencia que una valla de jardín colocada para parar un tsunami. En esta situación angustiosa, entre todas las paradojas, una de las más impactantes fue personificada por el presidente Sánchez que apostó por llegar a la cumbre utilizando un Airbus 310, un Falcon 900 para realizar el trayecto Madrid-Baku y un helicóptero Superpuma que se ventiló 180 litros de queroseno a la ida y otros 180 a la vuelta para ir desde Moncloa hasta la base de Torrejón. 26 kilómetros. En resumen, las cifras consumidas por el presidente para asistir a Baku (a 4.492 kilómetros y 7 horas de distancia) a proclamar los males de la contaminación fueron: 77. 624 litros de queroseno (repartidos entre los 62.480 del Airbus, los 14.784 del Falcon y los 360 del Superpuma) y 140 toneladas de CO2. Medios especializados sostienen que 14 conductores consumen al año 18 toneladas de CO2.

Evidentemente, el presidente consideró que más contaminación valía la pena para explicar que «más de 200 personas han perdido la vida en mi país y ellas son la razón por la que estoy aquí; para amplificar el mensaje del impacto que tiene el cambio climático y que el cambio climático mata». Y añadió: «Pero también estoy aquí para evitarlo», al tiempo que su ministra de Transición Ecológica era cuestionada en Europa por los errores de prevención en la tragedia. El presidente no pensó que, con Valencia todavía anegada, su mensaje podía haber sido igualmente eficaz por videoconferencia. Prefirió encabezar la directriz coral (los malpensados dirán que propagandística) que desde el Gobierno se ha dado a los altos cargos para que en sus intervenciones internacionales coloquen la tesis del compromiso verde del Gobierno para evitar muertos como en Valencia. Ocurrió en la última cumbre de la OCDE. Sobre el queroseno, llueve sobre mojado. Hay abundantes registros de desplazamientos del presidente muy escasamente respetuosos con su batalla contra el cambio climático cuando lo requerían la campaña electoral o los Congresos del PSOE.