A Fermín le duelen las siglas, sus siglas. Las del Partido Socialista Obrero Español, el PSOE, en el que milita desde 1998. Alguna vez, confiesa, estuvo tentado de romper el carné, pero se lo guardó en la cartera y ahí sigue (y lo enseña).
Fermín Mesa era secretario de Organización de la agrupación del PSOE del distrito Macarena, una de las más importantes de Sevilla capital, históricamente un bastión socialista inexpugnable. Lo fue durante una década. Hasta que «vinieron a por nosotros».
Él es uno de los purgados por el PSOE de Pedro Sánchez y Santos Cerdán en la operación Andalucía diseñada y ejecutada por la dirección federal de Ferraz entre los años 2020 y 2022 y que incluyó el amaño, con afiliaciones irregulares masivas y exprés, de las primarias que en junio de 2021 desbancaron a Susana Díaz de la Secretaría General del PSOE andaluz y, luego, la eliminación (política, se entiende) de los restos del susanismo en todas y cada una de las direcciones provinciales y locales del partido.
«Fue un golpe, querían liquidarnos», dice en el primer testimonio directo y en primera persona que denuncia lo ocurrido en aquellos años en los que el sanchismo decidió que no cabían disensiones internas y que había llegado la hora de Díaz y de los suyos.
Como secretario de Organización de la agrupación Macarena del PSOE sevillano, Fermín era el «custodio» del censo de militantes y, cuenta, a él llegaron, en tres lotes, las afiliaciones masivas que a finales de 2021 -el 22, 26 y 27 de octubre- cambiaron el equilibrio de poder interno con el objetivo, lo tiene claro, de «acabar con nosotros». Lo lograron, al menos en lo que respecta a su salida de la dirección de la agrupación, que se produjo en los primeros meses de 2022, agotadas todas las vías para impugnar aquel «pucherazo» que permitió que los sanchistas se hicieran con el control. Lo hicieron con la agrupación Macarena y lo hicieron, con el mismo modus operandi, con otras agrupaciones municipales y provinciales, aquellas que, como los galos, resistían aún el asedio del Imperio Sanchista.
A sus 66 años, Fermín vive una jubilación plácida de veraneos y nietos, apartado de la militancia activa, pero no olvida lo que pasó aquellos días, lo que él y los suyos sufrieron. «Fue muy doloroso, muy duro, hubo compañeros que nos traicionaron, compraron voluntades, fue muy burdo», afirma mientras refresca recuerdos que no son gratos. Pero, hace hincapié, «no tengo miedo» y quiere contar, y cuenta, «desde mi tranquilidad interna» cómo se llevó a cabo aquella «golfada».
En la agrupación Macarena, fueron tres los lotes de afiliaciones que envió, extrañamente porque no era el procedimiento habitual, Ferraz. «En el primero no sospechamos, pero en el segundo y en el tercero, ya sí», explica. La dirección federal mandó afiliaciones de un numeroso grupo de trabajadores de Lipasam, la empresa municipal de limpieza del Ayuntamiento de Sevilla que gobernaba Juan Espadas, el flamante nuevo líder del PSOE andaluz por designio del mismísimo Pedro Sánchez.
También les hizo sospechar que hubiese afiliaciones con certificados de empresas que dependían de subvenciones públicas del Ayuntamiento de Sevilla. O de personas que resultaron ser trabajadores de la propia Ferraz, residentes en Madrid. O una mujer de 92 años que vivía a 20 metros de la agrupación socialista de Miraflores.
Todas llegaban con la bendición de Cerdán y de su equipo, que sistemáticamente rechazaban las quejas y las impugnaciones de aquellos fieles a Susana Díaz que tenían los días contados. «Ni siquiera nos contestaban, nos ignoraban, hasta que mandamos un burofax», apunta el ex dirigente socialista purgado.
El "pucherazo"
El censo socialista de la Macarena, que siendo de los más abultados apenas sobrepasaba los 300 militantes, se disparó hasta quedarse muy cerca de los 400 con aquellas afiliaciones. Las sospechas se iban convirtiendo en certezas a medida que pasaban los días y la asamblea que en el primer trimestre de 2022 celebró la agrupación para renovar sus órganos de dirección terminó de confirmar el «pucherazo». Solamente 84 militantes acudieron a votar y nadie votó en contra de la candidatura sanchista, que se hizo con las riendas de Macarena y que, desde entonces, denuncia Fermín Mesa, es una «sucursal» de la agrupación Nervión, controlada, señala, por uno de los hombres de confianza de Sánchez, el vicepresidente del Congreso Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.
Antes de todo esto, aunque fue después cuando cayeron en la cuenta, Ferraz había «asfixiado» económicamente a la agrupación, cortándole el grifo del dinero que le correspondía, el 50%, de las cuotas de sus militantes.
De pocas cosas se arrepiente cuando evoca aquellos días, pero una de ellas, cuenta, es la de haber renunciado a denunciar ante los tribunales. «Nos reunimos con la dirección provincial y nos prometieron que habría integración, nos pidieron que no judicializáramos el asunto y no quisimos hacer más daños al partido», apunta.
Si hoy volviese atrás, no tendría dudas. Pero entonces, se lamenta, la corriente en contra era tan fuerte que llegó incluso a dudar de lo que habían visto sus ojos. Por eso, ver estos días publicadas las informaciones sobre aquellos amaños, aunque reviven aquel dolor, ha sido, en cierta forma, como un bálsamo.
No se calla sobre la «inquina», sobre la purga contra el susanismo de hace tres años ni tampoco sobre la situación actual del partido y señala con el dedo al máximo responsable a su juicio: «El sanchismo va a ser recordado como una etapa negra en la historia del PSOE, Sánchez ha hecho mucho mal en el partido».
Los «intereses personales», prosigue, han sido el leit motiv de Sánchez y de los sanchistas y eso se vio, añade, en la «vendetta» contra Susana Díaz y los susanistas, por el mero hecho de «hacerle frente», y arremete contra el hiperliderazgo de Sánchez: «Esto es un sí bwana y esto hay que cambiarlo».
Desde su retiro de sol y playa, Fermín espera que llegue ese momento, el del cambio, el del «resurgir, como un Ave Fénix, de las cenizas» del PSOE que, pese a todo, le sigue doliendo y en el que sigue creyendo. Hará falta, sentencia, que el partido caiga, «que pase a la oposición para que renazca y aboga por no dilatar la agonía».
Gente hay en el PSOE «muy válida», pero que ha sido «arrinconada» en estos años, que podría enderezar el rumbo de la nave socialista, utilizando el símil que tanto le gusta a Sánchez para erigirse en timonel. Solo queda esperar el momento y este leal susanista, que lo sigue siendo y está orgulloso de ello, aguarda, con paciencia, desde su jubilación de sol y playa y nietos ver caer a aquellos «mediocres».

