CRÓNICA
Adelanto editorial

El narco de los mil nombres que fingió su muerte por Covid en Marbella

Paul Wouter apareció en una investigación policial en la primavera de 2018. Luego se supo que su verdadero nombre era Sérgio Roberto de Carvalho, natural de Brasil y que se movía con más identidades falsas. En sólo dos años traficó con 49.000 kilos de coca, como desgrana 'NARCO, SA' (Edic. Deusto), una investigación periodística que ahonda en el negocio de la 'dama blanca' en el mundo y por qué España se ha convertido en uno de los epicentros mundiales de llegada, 'cocinado' y distribución de esta droga

De Carvalho fue arrestado por última vez en junio de 2022, en Budapest.
De Carvalho fue arrestado por última vez en junio de 2022, en Budapest.EL MUNDO
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Primavera de 2018. «De 50 a 60 años de edad, 1,80 de altura, complexión normal, pelo blanco, gafas de pasta y vestido con jersey negro y pantalón oscuro.» Nada más, ni nombre ni apellidos que revelasen su identidad al cruzarse por primera vez con los investigadores.

Semanas después, el 11 de mayo de 2018, reapareció durante una reunión celebrada en una propiedad privada en Meis (Galicia), ombligo del Salnés, la comarca situada en el lado sur de la ría de Arousa: desde hace cuatro décadas puerta giratoria para colar toneladas de cocaína cocinadas a fuego lento en la selva de Sudamérica.

Ese misterioso caballero se puso en el punto de mira policial sin saberlo. Ignoraba que por la presencia de agentes apostados en el perímetro de la propiedad que albergó la cita clandestina, aquella reunión implicaba el principio del fin de la coartada diseñada para ocultarse en Europa. Seguían a buena parte del resto de los citados en el cónclave.

Las pesquisas no tardaron en revelar su identidad: Paul Wouter, nacido en 1965 en Guyana y con nacionalidad de Surinam, excolonia holandesa, una condición que le permitía moverse con libertad por el Viejo Continente.

Para los investigadores, Wouter adquirió el rol de personaje clave en la trama, con capacidad para gestar el trasiego de alijos entre Sudamérica y España. Aquellas primeras conclusiones policiales apuntaban en la dirección correcta, aunque se quedaron cortas en sus vaticinios.

El tiempo demostraría que Paul Wouter ni era quien decía su documentación ni un narco al uso de los muchos que llegan a España para conquistar el mercado de la blanca en Europa, como desvelan los periodistas Andros Lozano, de EL MUNDO, y Javier Romero, de La Voz de Galicia, en NARCO, SA (Deusto), a la venta a partir del próximo 15 de octubre.

Portada del libro NARCO, SA (Ediciones Deusto), una investigación periodística de los reporteros Andros Lozano, de EL MUNDO, y de Javier Romero, de 'La Voz de Galicia'.
Portada del libro NARCO, SA (Ediciones Deusto), una investigación periodística de los reporteros Andros Lozano, de EL MUNDO, y de Javier Romero, de 'La Voz de Galicia'.EL MUNDO

Wouter era su mejor alias para esconderse. Le sirvió también para armar un entramado empresarial a caballo entre España, Portugal, Marruecos y Dubái. Entonces visitaba Lisboa con frecuencia. Allí adquirió al menos una residencia de lujo para alojarse. Se desplazaba desde Marbella hasta la capital lusa en aviones y avionetas privados.

En la primavera de 2018, Wouter seguía moviendo los hilos para traficar por Galicia. Su contacto directo con la mano de obra gallega era Mario Otero. El primero ya figuraba entonces en los atestados policiales como muñidor de la importación. El segundo, como responsable de organizar la descarga del alijo en tierra. Otero incluso viajó al menos dos veces a Marbella para encontrarse con Wouter.

También diseñó la coartada para justificar los encuentros en caso de verse seguidos o detenidos. Una ficticia relación comercial y empresarial sin mácula y fuera de toda suspicacia: empresas de venta de marisco en las que ambos alegaron figurar con participaciones, y la comercialización de almeja, mejillón y pulpo sería el nexo legal entre ambos. Otero incluso se desplazaba en cada viaje a Marbella con neveras repletas de muestras de los manjares que brotan de la ría de Arousa con la aparente intención de ganar un cliente para su distribución desde la Costa del Sol.

Alicia Mariela Mendoza, pareja sentimental de Otero, lo acompañaba en los desplazamientos a Marbella. Ella, de Sudamérica, cometió un error que puso a Wouter y Otero en el punto de mira aquellas semanas. Ocurrió durante una conversación telefónica interceptada al hablar con manos libres en un coche, y sin saber que el turismo tenía un micrófono instalado que revelaba las intimidades verbalizadas a bordo.

Siguiendo indicaciones, Mendoza anotó en una hoja números que respondían a coordenadas. Tiempo después y ante el juez y el fiscal que coordinaron la investigación, ella alegó que se trataba de franjas horarias. La réplica exculpatoria tenía poco recorrido porque una de las anotaciones empezaba por 42, y el día tiene sólo 24 horas.

Una de las documentaciones falsas usadas por el narcotraficante brasileño.
Una de las documentaciones falsas usadas por el narcotraficante brasileño.EL MUNDO

A Paul Wouter lo sorprendieron y arrestaron junto a su novia en el contexto de aquella investigación. Disfrutaban en Marbella de unos días en una clínica especializada en la pérdida de peso mediante ayuno controlado. Grandes fortunas de medio mundo acuden allí para quitarse unos kilos de encima.

El dinero era de todo menos una preocupación. Le sobraba. En el registro de su suntuosa vivienda de color blanco nuclear con vistas al mar, la Policía Nacional encontró 50.000 euros envasados al vacío en la caja fuerte de su habitación. También fajos de billetes apilados que servían de hormas en los zapatos del capo. Por su implicación en una operación de importación de cocaína desarticulada en alta mar y que suponía la guinda a una investigación de meses, junto a Wouter cayeron otras 23 personas en Galicia. Horas antes de los registros, de madrugada, Vigilancia Aduanera abordó entre las islas Azores y Madeira el remolcadoR Tercero, con más de 80 fardos de cocaína a bordo.

Al igual que la mayoría de los arrestados, Wouter ingresó en prisión provisional. Pero lejos de mantener un perfil bajo y pasar desapercibido para evitar que aflorara su gran secreto, Wouter siguió haciéndose notar.

Presentó pruebas falsas para justificar que no tenía relación con la trama. Se trataba de una multa de tráfico falsificada que recogía una infracción al volante cometida por Wouter en Portugal, a mucha distancia y a la misma hora y día que la reunión en Galicia que cuatro meses antes implicó su puesta de largo policial. Cotejar la veracidad de la multa implicó realizar una búsqueda en el sistema informático de denuncias de tránsito.

El resultado reveló: «No existe ningún registro en el que aparezca una denuncia con la fecha que se indica ni en el lugar que se refiere ni por los motivos que se señalan, y el número del policía que la tramitó no existe».

Además, Wouter presentó un documento de alquiler de coche en Portugal en las mismas fechas que acudió a la reunión con traficantes en Galicia. La tercera prueba presentada para crear la coartada lusa se firmó ante notario. Wouter presentó un documento que también lo situaba en Portugal, y en idéntica franja horaria a la de la cita en las Rías Baixas, firmando una escritura en una notaría que un letrado luso remitió a España.

Toda aquella documentación falsa aportada al juzgado por Wouter quedó en nada. Pero seguía insistiendo en su deseo de abandonar la cárcel mediante nuevos escritos presentados por su defensa. Tras pasar cuatro meses y un día entre rejas, la Fiscalía y el juzgado instructor validaron su puesta en libertad condicional el 11 de diciembre de 2018. Regresó a la calle bajo la condición de firmar periódicamente en los juzgados de Marbella. Otra evidencia de que nadie en la investigación imaginaba con quién se jugaban los cuartos y la importancia que tendría a medio plazo aquella puesta en libertad.

Desde entonces, todo lo relacionado con Wouter cayó en el olvido. Pasó a ser un extranjero más implicado en una causa judicial en España por importar cantidades millonarias de cocaína. Pero la gran sorpresa se conoció siete meses después, el 24 de julio de 2019. La bomba llegó de Brasil por conducto oficial. La remitió un juzgado de Curitiba, capital del estado de Paraná.

El documento con membrete y sello oficial afirmaba que Paul Wouter no era quien decía ser. Su identidad verdadera respondía al nombre de Sérgio Roberto de Carvalho, natural de Ibiporá, en Brasil, llegado al mundo en abril de 1958, exmilitar con rango de mayor y expulsado del cuerpo por traficar con perico. Aquel hombre era un magnate del narcotráfico con capacidad para enviar grandes alijos a Europa y Asia.

Inscripción en el registro de la muerte del falso Paul Wouter.
Inscripción en el registro de la muerte del falso Paul Wouter.EL MUNDO

Las cifras de decomisos de cocaína atribuidos en aquella documentación a la persona que encarnaba a Wouter superaban cualquier registro conocido: se le atribuía haber movido 49.000 kilos de cocaína sólo entre 2017 y 2019. El documento judicial de Curitiba desnudó a De Carvalho para presentarlo en sociedad y, de paso, a sus captores; trece meses después de requisar los 1.700 kilos de cocaína a bordo del Titán III seguían sosteniendo que Wouter era Wouter.

El informe procedente de Brasil sostenía que De Carvalho era entonces (julio de 2019) «el gran mentor y líder de la organización criminal por la que fue arrestado por narcotráfico internacional en España en agosto de 2018, utilizando la identificación falsa de Paul Wouter, que tenía un inmueble en España [el chalé de Marbella] valorado en dos millones de euros». El juzgado de Curitiba compartió también la documentación remitida a España con las autoridades de Portugal, Bélgica, Alemania, Emiratos Árabes Unidos y Holanda.

El falso Wouter era ajeno a que su castillo de identidades en España se iba a desmoronar en un juzgado de Vigo. Mientras, él seguía disfrutando de las vistas al litoral desde el balcón de su lujoso chalé malagueño en Benahavís. También comparecía mensualmente a la firma en los juzgados de la zona.

Un año después de la reveladora notificación procedente del decimocuarto juzgado de Curitiba, todo lo relacionado con él seguía emanando problemas. Primero, porque el falso Paul Wouter seguía libre y nadie fue a su casa a detenerlo a pesar de la información enviada desde Brasil. Faltaba el análisis comparativo de las huellas dactilares, que ralentizó todo. Además, en junio de 2020 al narco se lo tragó la tierra. De ahí la orden de busca y captura internacional firmada entonces contra él por el juzgadode Vigo que le imputaba los 1.700 kilos del Titán III. Se emitió el 25 de junio. El prófugo estaba citado en calidad de Paul Wouter para aclarar si realmente era Sérgio Roberto de Carvalho.

Pero el falso guayanés no apareció, ni como Wouter ni como De Carvalho. Sí lo hizo su letrado, que presentó un informe médico alegando que su cliente estaba sometido a un régimen de cuarentena por la COVID-19, entonces en plena expansión coincidiendo con el primer semestre de la pandemia. La excusa clínica de poco servía. De Carvalho escondía entonces tres ases más en la manga para hacerse invisible con el mismo desparpajo y surtido de identidades creadas a su antojo. Además de Wouter, otros personajes que adoptaba según las necesidades y sus circunstancias, siempre mediante documentaciones ilustradas con fotos del rostro de De Carvalho, eran Paulo Pinheiro, Paulo Gonçálves Silva y Paulo Sérgio da Silva. Las autoridades judiciales en España le exigían explicaciones sobre su verdadero yo.

Un mes después, en julio, regresó de la nada para entregarse en el juzgado. Declaró ante el juez de Vigo por vía telemática desde Marbella. Insistió sin pestañear que era Paul Wouter. Ni las evidencias le hicieron tambalear su ya débil coartada. Le dio igual, optó por salir del paso. Al menos mientras permaneció en sede judicial para responder por la verdadera identidad de su persona y su relación con los 1.700 kilos de cocaína del Titán III. Aquel día, al finalizar la comparecencia, De Carvalho regresó a su casa en Marbella.

Todavía le quedaba una nueva intentona para escabullirse. La novedad llegó al Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo en formato de documento oficial. En esta ocasión la remitió el Registro Civil de Marbella para anunciar su defunción.

Exponía que Paul Wouter había muerto a causa de la COVID-19 y que el cadáver había sido incinerado. Firmó el parte de defunción el doctor Pedro Martín Martos, cirujano especializado en medicina estética y con una clínica en Marbella. Así lo exponía el escrito. Lo envió el abogado de De Carvalho en Marbella al juzgado que investigaba las andanzas de Wouter y De Carvalho en España. Informaba que aquel señor había fallecido al no resistir los efectos del coronavirus.

La notificación detallaba que la muerte de Wouter ocurrió en la privacidad de su casa en Marbella, el 29 de agosto de 2020. Con el tiempo se demostró que también este certificado de defunción era falso, igual que su identidad o las pruebas de Portugal que presentó para eludir la prisión provisional.

El certificado ficcionaba que el fallecimiento fue consecuencia de «hipertensión arterial, hipercolesterolemia e infarto agudo de miocardio».

Detrás de la falsa muerte del falso Wouter se escondía un plan con rasgos de guion cinematográfico: el brasileño Sérgio Roberto de Carvalho, el narcotraficante más buscado de Europa y Brasil, mató de COVID-19 al personaje bajo cuya identidad irreal se ocultaba para seguir huyendo de la justicia.

El fallecimiento activó todas las alarmas entre quienes investigaron a De Carvalho en España. Paul Wouter estaba muerto e incinerado, sin ADN que cotejar, y el mayor De Carvalho llevaba casi dos semanas de ventaja a sus captores. En ese tiempo ya había abandonado España. Luego pasó por Ucrania, Alemania, Francia... Fue detenido en Hungría. Todavía ha de ser juzgado.