La ciudad parecía avanzar hacia la modernización del transporte: autobuses eléctricos, bicicletas gratuitas, más aparcamientos y nuevos ascensores. Nadie tenía por qué saber que, puertas adentro, la empresa pública Autobuses Urbanos de Valladolid S.A. (Auvasa) involucionaba en relaciones laborales. Pero, al poco tiempo, sí afloraron las consecuencias de decisiones poco acertadas en la gestión: deudas, atascos y un descontento ciudadano cada vez más extendido en la capital del Pisuerga.
Ocurrió en la época preministerial de Óscar Puente cuando, al frente del Ayuntamiento de Valladolid, el entonces alcalde nombró a Álvaro Fernández Heredia como gerente de la compañía en 2019. Seis años más tarde, su gestión aún es recordada, sobre todo por su falta de sintonía con la plantilla. En palabras de uno de esos empleados, «consiguió desquiciar al personal y a todos los representantes de los trabajadores». No obstante, su mala reputación no impidió que él y José Alfonso Gálvez Salinas, su mano derecha en Auvasa, aterrizaran más tarde en la dirección de Renfe, nuevamente gracias a Puente, esta vez ministro de Transportes.
Álvaro Fernández Heredia es un ingeniero de caminos, canales y puertos. Este madrileño de 45 años, según su perfil en LinkedIn, cuenta «con más de 20 años de experiencia en el mundo de la consultoría, la investigación y la docencia universitaria». Con un marcado perfil ecologista, está especializado en la planificación del transporte. Algunos pucelanos le conocen como «el activista de la bicicleta».
Antes de dirigir Auvasa, Fernández Heredia fue director de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid, entre 2015 y 2019, donde impulsó el servicio de bicicletas eléctricas Bicimad. En 2023 abandonó su puesto en Auvasa para ser candidato en Más Madrid, donde llegó a ser concejal por escasos cuatro meses, entre 2023 y 2024. En marzo de 2024, y hasta enero de 2025, Puente lo llevó a su ministerio como secretario general de Movilidad Sostenible. Ahora es el presidente de Renfe y, cobrando alrededor de 186.171,5 euros brutos anuales, apoya al ministro en cada crisis del sistema ferroviario nacional. Sin ir más lejos, tuvo que dar la cara ante los medios para hablar de la tragedia de Adamuz, que provocó 46 muertos.
Puente también está respaldado por José Alfonso Gálvez Salinas, actual director general de Negocios y Operaciones de Renfe. De hecho, estuvo a su lado mientras comparecía ante la prensa para dar detalles sobre las deficiencias en el servicio de Rodalíes, empresa donde murió accidentalmente un maquinista en prácticas en pleno servicio. Gálvez, granadino, es licenciado en Ciencias Ambientales y cuenta con un Máster en Urbanismo y otro en Planificación, Economía y Operación del Transporte Urbano y Metropolitano.
En su LinkedIn presume de acumular «más de 16 años de experiencia» y haber trabajado en distintos planes de movilidad en Andalucía. A nivel internacional, destaca su participación en el proyecto de la línea 3 del metro de Lima (Perú). En Valladolid, Gálvez fue jefe de Tráfico mientras Fernández era gerente en Auvasa. Él era uno de los pocos empleados con los que mantenía una buena relación, hasta el punto de que le conocían como «el amigo de Álvaro» y «el número dos». Incluso fue Gálvez quien lo sustituyó cuando cambió la dirección por la concejalía. Más tarde, coincidió con Fernández Heredia en el Ministerio de Transportes, donde ostentó el cargo de director general de Estrategias de Movilidad entre 2024 y 2025. Luego llegó a Renfe como director de Explotación hasta escalar a su posición actual.
«Sus méritos para estar en Valladolid, y para llegar a la presidencia de Renfe, son más por su amistad con el señor ministro», opina un político vallisoletano, que prefiere omitir su nombre, sobre Fernández y Gálvez. Esta fuente, que en aquel momento se reunió con el comité de empresa, comparte que los delegados se quejaban de que Álvaro «gestionaba Auvasa como un negocio particular» y que la plantilla estaba «muy cabreada» bajo su liderazgo.
El conductor de autobuses Javier del Pozo, miembro del comité de empresa de Auvasa como representante del sindicato UGT, reconoce que en esos años «había un ambiente social muy enrarecido». Él considera que sobre todo se debía a que el entonces gerente quiso implementar «demasiados cambios en poco tiempo». «Fue todo muy rápido y, cuando intentas hacer las cosas tan rápido y dar un vuelco a la empresa, muchas veces no se entiende. Así que hubo mucha gente que no estaba a gusto con las formas de hacer de esa dirección», relata.
Pero no todo fue negativo. Desde Auvasa enumeran varias fortalezas de la gestión de Álvaro Fernández. Destacan que amplió la oferta de movilidad de Valladolid, especialmente con el sistema Biki de bicicletas públicas. Además de un sistema de aparcamiento de vehículos y la incorporación de elevadores. A esto, Javier añade como puntos fuertes la «modernización» y la «renovación del material», como la compra de una flota de autobuses eléctricos. En la misma línea, el vallisoletano Francisco Igea, por entonces líder de Ciudadanos en Castilla y León, califica la gestión del autobús en Valladolid de «bastante buena y eficaz».
Pero lo que en principio parecían buenas ideas no resultó eficaz en la práctica. La creación de 21 carriles bus y dos carriles bici, por ejemplo, redujo las vías disponibles para coches particulares, provocando atascos en horas punta y dificultades para aparcar en calles donde se eliminaron plazas para dar espacio a los carriles. Además, la ausencia de un plan de comunicación generó confusión sobre qué carriles debían usar cada tipo de vehículo, lo que derivó en multas a conductores que desconocían las nuevas normas. «Llevaron la ciudad al colapso y esa fue una de las razones por las que Puente perdió las elecciones [municipales de 2023]: por la política de movilidad», analiza otra fuente.
Deuda de casi tres millones de euros
Respecto a los modernos buses eléctricos, desde el Ayuntamiento detallan que su coste fue de «un millón de euros por autobús» y que «[Fernández] los contrató sin presupuesto y sin conseguir ni un euro de financiación». En cuanto al Biki, «sólo el 25% de las bicis eran eléctricas», lo cual «provocó un importante desajuste en la empresa por no haber previsto los gastos de mantenimiento de este sistema, un millón de euros al año». En este orden, la nueva gerencia se encontró con un «desfase ingresos-gastos de casi tres millones de euros».
Las peores críticas a la gestión de la dupla Fernández y Gálvez vienen desde dentro. «Dejaron un clima laboral caótico. La gente iba a trabajar con desgana. Álvaro amenazaba continuamente a los trabajadores con faltas disciplinarias y empezaron a crecer las bajas por problemas psicológicos», describe un empleado bajo anonimato.
«Fueron tiempos de mucho conflicto», confirma Javier. «Había mucha crispación por la forma de trabajar y de comunicar a los empleados cuando se cometía un error». El mismo conductor cuenta que la comunicación pasó de ser verbal a escrita, mediante cartas que «crisparon mucho». Era una forma de dirigirse a la plantilla de una manera «menos personal y más impersonal». El absentismo en aquella época fue «alto, en torno a un 20%». «Cuando estaba Óscar Puente de alcalde y Luis Vélez como concejal de Movilidad hubo enfrentamientos con quienes componían la mayoría del comité», ahonda. No obstante, reconoce que siempre tuvieron acceso al ayuntamiento. «Tuvimos siempre la puerta abierta para el diálogo, aunque luego no se llegara a acuerdos».
En esos años, hubo otro motivo de discordia con Fernández al frente de Auvasa. «No consiguió ni un solo avance en la negociación del nuevo convenio colectivo, que le tocaba sacar adelante, ni siquiera quería perder tiempo en las comisiones negociadoras y dejó de asistir a ellas», asegura la misma fuente dentro de la empresa. Algunos integrantes de los sindicatos se quejaron de «faltas de respeto» y «descalificaciones» por parte del gerente.
En junio 2021, una huelga evidenció públicamente la tensión entre la administración municipal y la plantilla de la compañía pública. El detonante fue un conflicto laboral relacionado con la contratación de personal y la lista de empleo de los conductores. El Comité de Empresa de Auvasa consideró que una convocatoria de plazas fijas para conductores perjudicaba a 18 trabajadores interinos, obligándoles a competir en condiciones distintas a las de los nuevos aspirantes.
En este sentido, pensaban que esa convocatoria podía eliminar las oportunidades de los trabajadores temporales para consolidar un puesto fijo y alterar el orden por antigüedad y méritos de las listas de empleo anteriores. La huelga, con efectos más lesivos de lo normal por haberse hecho en pandemia —con las medidas de aforo de por sí restrictivas para cada bus—, obligó a la directiva a dialogar con el comité, aclarando finalmente lo ocurrido y llegando a acuerdos.
Sin embargo, la fuente anónima en la empresa comparte que la gerencia, «en venganza, consiguió que no se homenajeara a los conductores de Auvasa por su trabajo y dedicación durante la pandemia, como sí se hizo para el resto de los empleados públicos del Ayuntamiento de Valladolid». Por último, se critica que Álvaro Fernández «dejó las instalaciones de Auvasa sin mejoras, obsoletas, que dan pena... Sólo se preocupó de construir un edificio de fachada bonita, donde no puede trabajar todo el personal y con muchísimas disfunciones».
POLÉMICA DIMISIÓN
Al irse, protagonizó la última polémica. Fernández Heredia se fue en medio de un conflicto abierto con los trabajadores, sin cerrar la negociación del nuevo convenio colectivo. Su marcha de Auvasa generó dudas sobre si fue dimisión o despido. La versión oficial del ayuntamiento de Puente fue que se trató de un despido pactado debido al «estancamiento» en las negociaciones laborales y aprobó su cese con indemnización. Sin embargo, el Partido Popular lo acusó de simular un despido para encubrir una baja voluntaria que le permitiera irse como candidato a Más Madrid y con una indemnización económica.
En la actualidad, la empresa de autobuses disfruta de una «paz social» entre la plantilla y la gerencia, aunque están en medio de negociaciones para pactar la jubilación anticipada parcial de los conductores. «El trato con el actual gerente [Eduardo Cabanillas] es cordial», sentencia Javier. Entretanto, los dos ex jefazos de Auvasa, compañeros de ministerio y de Renfe, tienen varios retos por delante en sus actuales funciones. «Hablar de Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe, sólo me produce un sentimiento de tristeza por la empresa, por los empleados de Renfe, por la propia empresa y por los usuarios del tren», concluyen desde Auvasa.





