Desde hace dos años, Paqui Gómez se ha resignado a sobrevivir. A asumir que el dolor le acompañará para siempre. «Vivir era otra cosa», dice la mujer. «Ahora me conformo con sobrevivir. Lo peor del día es levantarme porque vuelvo a la realidad. Dormida no me entero, es la suerte. Me considero una persona fuerte, pero esto me sobrepasa. Por eso digo que vivir es lo que yo hacía antes, cuando Miguel Ángel seguía conmigo».
—¿Recuerda la última vez que habló con su hijo?—, pregunta el reportero de Crónica. El encuentro con ella se produce el martes pasado, en Jerez de la Frontera (Cádiz), aunque más tarde un fotógrafo de este suplemento la retratará en su casa, en El Puerto de Santa María, a 15 minutos de aquí.
—Aún le escribo mensajes.
—Eso es tremendo. ¿Qué le cuenta?
—Cómo van las cosas, cómo está su niña, cómo voy yo... Mi hijo era una persona a la que le encantaba verme maquillada, bien vestida, de peluquería. Siempre decía: «Mira mi madre, ¡qué guapa!» Yo he estado un tiempo que no he querido ni he podido hacer nada de eso. No quería salir de mi casa. Levantarme de mi casa me costaba, pero salir de ella no podía. Ahora llevo un tiempo que eso lo he superado. Tengo frases de mi hijo grabadas. Una era: «Este es más tonto y nace palangana». Y con su niña estaba loco. A ella la tengo en un vídeo con su padre en el coche cantando Hay que vivir el momento, de Manual Carrasco, con una lata de refresco vacía como si fuera un micro. Así fue mi hijo, no desaprovechó ni un momento en su vida. A veces me pregunto de dónde estaré sacando tanta fuerza. Digo yo que me la estará mandando él.
Paqui Gómez es la madre de Miguel Ángel González Gómez, un buzo gaditano de 39 años que trabajaba para el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil. Miguel Ángel murió la noche del 9 de febrero de 2024 en acto de servicio. Aquel día falleció también David Pérez Carracedo, de 43 años, residente en Navarra y miembro del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Benemérita. Los dos agentes iban a bordo, junto a cuatro compañeros más, en una zódiac de cinco metros de eslora, cuando pasó por encima de su embarcación una de las seis narcolanchas que se cobijaban de un temporal en el puerto de Barbate (Cádiz). Los uniformados que salvaron la vida resultaron con heridas físicas y secuelas psicológicas, algunas de carácter permanente.
—Vivo para hacer justicia— continúa Paqui—. Tengo tres nietos y una hija, pero vivo para hacer justicia.
—Ninguno. Que vengan a por mí, me da igual. Yo voy a estar en el juicio la primera, todos los días. Allí nos encontramos. Primero tengo ganas de que se condene a los narcos, pero luego quiero que caigan los mandos de la Guardia Civil, aunque no sé si lo voy a conseguir. Quiero que cada uno asuma su culpa. Quiero que se reabra esa causa. Mi hijo estaba allí y el narco puso la mano ejecutora, pero quien le lanzó al agua fue quien realmente lo asesinó. Sus jefes sabían que allí no tenían nada que hacer, en una zódiac de cinco metros con seis guardias encima.
SIN FECHA DE JUICIO POR EL MOMENTO
Tras la embestida mortal a la zódiac en la que se subió el hijo de Paqui, la Guardia Civil realizó seis detenciones en las horas posteriores al suceso. Eran los tripulantes de otra de las lanchas semirrígidas que aquel día estaban a resguardo del viento y las olas en el puerto de Barbate. Formaban la tripulación de una lancha de 14 metros de eslora y cuatro motores de 300 caballos, valorada en 162.000 euros. Tres de ellos llevaban desde el día anterior en el mar a la espera de órdenes para recibir droga y alijar en tierra.
Aunque en un principio se les acusó de la muerte de los dos agentes, después se les retiró dicha acusación ya que a la causa judicial se aportaron vídeos grabados desde las propias narcolanchas que demostraban que la embarcación que impactó contra la de los guardias civiles era otra.
En noviembre de 2024, el Juzgado de Instrucción número cinco de Cádiz condenó por un delito de contrabando a esos seis primeros acusados por error de haber asesinado a dos guardias civiles con una narcolancha en Barbate. Como la semirrígida no llevaba droga encima el 9 de febrero de ese mismo año, sólo se les pudo condenar por ir a bordo de un objeto cuya compraventa está prohibida en España.
La magistrada determinó penas de dos años de prisión para tres de ellos, considerados tripulantes de la narcolancha, por contrabando y pertenencia a organización criminal. También les puso una multa de 100.000 euros. Por otro lado, impuso un año y siete meses de prisión, con multa de 82.000 euros, a los tres mecánicos de la embarcación, quienes habían subido a bordo de ella desde el propio puerto barbateño para realizar una serie de arreglos técnicos. Ninguno de los seis condenados cumplió pena de cárcel porque en la sentencia se recogía la suspensión tras el acuerdo alcanzado entre sus abogados y la Fiscalía.
"A MI HIJO LO ASESINARON"
Pero el nombre del verdadero artífice de la muerte de los dos guardias civiles se sabía desde dos meses antes de esa sentencia. La madrugada del 19 de septiembre de 2024, un marroquí de 32 años llamado Karim El Baqqali se entregó en dependencias judiciales junto a su abogado, Jesús Casado. Se había refugiado en una pequeña localidad ubicada en el norte de Marruecos tras matar a aquellos dos guardias civiles. «Pido perdón. No quería matarlos, giré para no pasar por encima», dijo en sede judicial cuando prestó declaración. Ingresó en prisión de manera inmediata. A fecha de hoy, sigue privado de libertad.
—Paqui, ¿qué piensa cuando ahora ve con frecuencia en la televisión esos vídeos en los que otros narcos subidos a lanchas se cobijan de temporales en la costa de Almería, en la de Granada, en la de Cádiz?
— Pienso que la muerte de mi hijo, por desgracia, fue en vano. ¿Van a esperar a que muera otro, a que desgracien a otra familia? Aquel día había que hacer el papel de que la Guardia Civil debía estar allí, fuera como fuera. Ahora ya no se atreven pese a que los traficantes hacen lo mismo día sí, día también. En una pequeña zódiac, mi hijo y sus compañeros se enfrentaron a seis narcolanchas que eran monstruos pasando una y otra vez, una y otra vez, hasta que toparon. Aquel día pudieron morir los seis, suerte tuvieron los que sobrevivieron. A mi hijo le dieron en la cabeza, cayó al agua y volvieron a pasar por encima de él otra vez. Con él se ensañaron. A mi hijo no lo mataron, a mi hijo lo asesinaron. Luego, cogieron a los primeros porque estaban allí. Hasta que se entregó el autor confeso. A mí que no me cuente ese que fue para asustarles. No. Quería matarlos. Para mí fue una represalia de los narcos porque dos semanas antes había muerto un traficante en un accidente con la Guardia Civil en el mar.
—¿Ha echado en falta que le llame alguien en estos dos años? ¿Algún responsable político?
—He echado en falta la llamada de mi hijo, pero eso es imposible. Sólo Vox, porque sólo Santiago Abascal me llamó, se ha acordado de que soy una madre dolida con un trozo de corazón que se lo ha llevado mi hijo. Me da igual izquierda o derecha, la compasión no tiene ideología. Yo echo de menos todo de mi hijo: sus buenos días, su "mamá, voy a fumarme un cigarrito contigo, vamos a tomarnos una cerveza..."».
El 2 de octubre de 2025, el Tribunal Supremo (TS) respondió a varios recursos interpuestos contra el archivo de una causa que se sigue contra los altos mandos de la Guardia Civil que ordenaron a aquellos seis agentes subirse a una zódiac para tratar de expulsar a los narcos del puerto de Barbate, el 9 de febrero de 2024.
El TS decidió inadmitir los recursos de casación presentados por varias familias afectadas en el procedimiento instruido en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Barbate contra el general jefe de la Zona de Andalucía y el coronel de la Comandancia en Cádiz por sus posibles responsabilidades en el suceso. Los recursos consideraban que la investigación debía continuar «para despejar dudas razonables todavía subsistentes» sobre las responsabilidades de los jefes de la Benemérita que dieron directrices aquella noche.
Pero el Supremo respaldaba así el sobreseimiento decretado con anterioridad por la Audiencia Provincial de Cádiz. «No es susceptible de ser recurrida en casación ya que no se cumple el requisito de que se hubiese dirigido una imputación formal contra persona determinada», sostuvo el magistrado del Supremo Leopoldo Puente.
Sin embargo, el TS todavía tendrá que responder a las acciones que llevará a cabo el abogado de Paqui, Miguel Durán. El letrado solicitará que se tengan en cuenta unas grabaciones de la cadena de mando durante aquella noche en las que se decía que la decisión de que se hicieran a la mar era mandarlos a morir. «Mi mandato es claro: llegar hasta el final en los procedimientos, y en ello incluyo, si es necesario, incluso acudir al Tribunal de Derechos Humanos (TDEH) de Estrasburgo. Y no llegar a ningún acuerdo de conformidad. A Paqui no la compra nadie».
—Da la impresión de que ese dolor como madre que usted tiene, esas ganas de justicia, es el alimento que le mantiene viva.
—Es lo que me da ánimos cada día. Yo quiero defender el honor de mi hijo y hacerle justicia a su muerte. Yo no quiero que se olvide quién fue, cómo murió ni quién lo envió donde no debía, porque hasta el más ingenuo sabe que aquello fue una imprudencia evidente. Estoy dispuesta a acudir a la justicia europea si hace falta. Insisto: primero, los narcos; luego, los mandos. Los tribunales españoles ya me han dado la espalda, pero estoy dispuesta a ir a Europa para conseguirlo. Lo que me resta de vida me dedicaré a tratar de hacer justicia. El resto lo tengo ya hecho.


