CRÓNICA
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Inna, la sex-espía bielorrusa que me amó: del KGB al frente de Ucrania

Una periodista bielorrusa sedujo a soldados y altos cargos en Kiev mientras trabajaba para Minsk. Con vestidos claros y contactos bien escogidos, Inna Kardash se movió entre diplomáticos y militares mientras tejía una red de información. Cultivó una imagen sofisticada en los círculos políticos de Ucrania y ahora afronta hasta 15 años de cárcel por espionaje. "Noté comportamientos extraños", dice su ex pareja

El soldado Alexander y la espía Inna Kardash, en una foto tomada cuando eran pareja.
El soldado Alexander y la espía Inna Kardash, en una foto tomada cuando eran pareja.E.M.
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Cuando Alexander volvía del frente ucraniano, se despertaba abrazado a Inna: ojos grandes, indomable melena negra, buen tipo, voz melosa... y diez años de experiencia como espía en el KGB bielorruso. «Había pasión, veía nuestra relación como algo serio, no puede haber una relación seria sin sexo... y aunque noté algunos comportamientos extraños, los interpreté como curiosidad periodística», explica a Crónica desde Kiev. «Me enteré de su papel por los medios cuando la detuvieron... me utilizó».

Inna Kardash construyó durante años una imagen pública como periodista especializada en el conflicto del Donbás y en el proceso de negociaciones de Minsk. Trabajó en el canal ucraniano 112, medio vinculado al entorno político prorruso y propiedad del valido de Vladimir Putin en Ucrania, el empresario y político pro-Kremlin Viktor Medvendchuk. Los servicios secretos ucranianos —en particular el SBU— llevaban años siguiéndole la pista: había extremado precauciones —cambiando de número, destruyendo móviles viejos- y sólo aceptaba encuentros con sus jefes o enlaces fuera de Ucrania, a donde viajaba alegando citas con el médico. Con vestidos cortos de tonos claros, fue cultivando una imagen de joven sofisticada con ganas de crecer profesionalmente tras estudiar periodismo en la Universidad Europea de Vilna. Inna se movía con soltura en espacios donde coincidían negociadores, militares y figuras políticas relacionadas con la guerra en el este de Ucrania. Y eso a pesar de haberse forjado en un contexto complejo: «Algunas veces Inna me hablaba de su juventud, había trabajado en un casino de Minsk y allí era costumbre que, si un cliente ganaba, debía dejar una generosa propina a los empleados del casino, ella incluida», recuerda Alexander. Pero si el ganador no dejaba una parte del dinero, «los guardias de seguridad del casino podían darle una paliza». «A mí me sorprendió, pero Inna consideraba que eso era correcto». Con una mezcla de testarudez y paciencia, Inna sedujo a soldados, pero también a uno de los principales periodistas del país. Conoció a diplomáticos y hasta hizo prácticas de tiro cerca del frente. Su esperanza ahora es ser intercambiada.

Para saber más

La existencia de escuelas sexuales soviéticas para entrenar a espías femeninas en el arte de la seducción parece cosa de ficción. Pero el hecho es que mujeres jóvenes conocidas como «gorriones» eran instruidas sobre métodos de manipulación del ego de un hombre para llegar a sus secretos. La película Gorrión Rojo —protagonizada por Jennifer Lawrence— lo recrea de una manera un tanto imaginativa, según los especialistas. Los detalles pintorescos que han aparecido en testimonios y desclasificaciones son menos glamurosos de lo que sugiere el cine. Los manuales no hablaban tanto de lencería: predicaban paciencia, psicología básica y construcción lenta de confianza. En 1963, el guionista Yuri Krotkov desertó a Occidente y posteriormente reveló que la KGB le había encomendado la tarea de buscar mujeres jóvenes y atractivas que pudieran ser utilizadas para seducir a hombres.

FISGAR Y CHANTAJEAR

Mientras estos días en Kiev los edificios tienen vértices congelados por los bombardeos rusos, la leyenda de la agente Kardash está chamuscada para siempre tras su detención el mes pasado en Ucrania bajo sospecha de colaborar con el KGB de Bielorrusia, donde la dictadura no se ha preocupado ni de cambiarle el nombre soviético a su principal agencia de espionaje. Las autoridades ucranianas sostienen que utilizó su actividad profesional y sus relaciones para recopilar información sobre estructuras de defensa.

Uno de los testimonios clave es el de este bielorruso que cayó en sus redes, Alexander Molchanov, voluntario en el ejército ucraniano. En enero de 2017 Kardash le escribió por Facebook cuando él estaba de vacaciones en Kiev. Se presentó como periodista independiente interesada en entrevistarlo como combatiente bielorruso que servía en Ucrania. «Un par de meses después, quedamos en que vendría a verme a Avdiivka, en Donetsk. Paseamos juntos por la ciudad y le di la oportunidad de disparar un fusil automático en un terreno baldío», rememora Molchanov. «No mostró un gran interés por mi unidad, sino que le interesaba más la vida en general de la ciudad fronteriza. En ese momento yo era un simple soldado, no tenía acceso a información importante».

Iván Stupak, antiguo oficial del SBU, el servicio de inteligencia ucraniano, cree saber qué información perseguía esta misteriosa bielorrusa: «Quería averiguar cuánta gente forma parte de grupos de voluntarios rusos como RDK o del Regimiento Kastu Kalinouski, compuesto por voluntarios bielorrusos», explica a este periódico. El plan: saber quiénes son ellos, quiénes son sus familiares en Rusia o Bielorrusia «para poder chantajearlos luego». «También podía colaborar en recabar información sobre dónde están acuartelados, con qué equipamiento, ofrecer pistas de geolocalización para ataques o incluso participar en operaciones de sabotaje como envenenar a soldados», añade Stupak, que continúa trabajando como analista en inteligencia y seguridad nacional. Desde 2014, y especialmente tras la invasión rusa en 2022, los bielorrusos que luchan del lado ucraniano son percibidos por Minsk como potenciales focos de desestabilización si regresan con experiencia militar y redes de contacto.

«Inna me gustaba porque era de Bielorrusia, el país donde nací y crecí, pero al que no podía ir porque me buscaban». Volvieron a verse en Avdiivka, donde él estaba destinado en aquel 2017 en el que la guerra estaba circunscrita a Donbas y hervía a fuego lento. Pronto iniciaron una relación amorosa. En aquel momento, Molchanov era soldado raso en la 72 Brigada Mecanizada, pero Inna evitaba preguntar sobre ello. Su interés se centraba más en su experiencia como bielorruso integrado en las fuerzas ucranianas y en el ambiente general del frente.

Inna mantenía posturas políticas que generaban fricciones en la pareja. Siguiendo la narrativa oficial mantenida por Rusia hasta el ataque descarado de 2022, la joven sostenía que en Donbás combatían principalmente residentes locales y no fuerzas rusas. Además, en ocasiones expresaba opiniones favorables sobre Alexander Lukashenko, el autócrata que gobierna Bielorrusia desde 1994. Esas diferencias provocaban discusiones. Molchanov interpretó entonces esa postura como resultado de la influencia de la propaganda de Bielorrusia, no como una señal de que trabajaba para los servicios de seguridad. Tal vez porque «en ese momento sentía algo muy fuerte», a pesar de que «Inna no tenía una postura clara con respecto a Crimea y Donbás».

En algunas cosas «simpatizaba con Rusia». La relación se rompió definitivamente en 2021.

Inna logró un puesto importante en la agencia Interfax, clave para su obtención de información.
Inna logró un puesto importante en la agencia Interfax, clave para su obtención de información.E.M.

Las investigaciones confirman que Kardash habría intentado acercarse a mandos militares y ampliar su red de contactos dentro de estructuras de defensa, incluida la Legión Internacional. Se enfrenta a 15 años de prisión con confiscación de bienes. «Ella ha confesado, y estoy convencido de que intenta conseguir que el proceso sea rápido y la sentencia también para desembocar en un intercambio», explica el ex agente de inteligencia ucraniano Stupak. Seguirá un recorrido similar al del ruso-español Pablo González: actividad como periodista, amoríos que reportan información, detención y posterior intercambio con honores presidenciales. «Cuando salga se reunirá con Lukashenko y será como Maria Butina», apunta Stupak en referencia a la joven rusa conocida por haber sido condenada en Estados Unidos por actuar como agente rusa. Fue detenida en 2018 y en 2019 se declaró culpable de conspirar para influir en círculos políticos estadounidenses. Tras ser deportada a Rusia se incorporó a la política rusa y fue elegida diputada de la Duma Estatal por el partido oficialista Rusia Unida, adoptando una línea alineada con el Kremlin.

OTRA AGENTE NOVATA

Kardash, de 35 años, fue detenida el 27 de enero en Kiev. Le incautaron un teléfono y una grabadora que, según los investigadores, utilizaba para recopilar información. Estaba intentando integrarse de alguna manera en el GUR, la inteligencia militar de Ucrania. Precisamente está íntimamente relacionada con la Legión Extranjera, la primera misión de Inna en Ucrania.

Su caso parece el de una agente menor: «Era una novata, incluso en algún momento le comentó a alguien que prefería el papel de agente al de periodista, normalmente la gente del KGB no habla de eso en voz alta». Ahora los servicios de inteligencia bielorrusos tienen un problema: «Ella era sospechosa para el SBU desde 2015, así que le dimos información falsa, y ahora los bielorrusos tienen que discernir qué es verdad y qué es falso».

Sin embargo, Inna Kardash alcanzó algunos logros importantes para el régimen bielorruso. Consiguió un empleo en la agencia de prensa Intefax-Ucrania y logró seducir a su jefe, Oleksandr Martynenko. En pocos meses pasó de la sala de redacción —donde se sientan todos los periodistas— a una oficina junto al director. «Ella siempre estaba ahí y siempre escuchaba lo que cualquiera fuese a plantearle a Oleksandr Martynenko», recuerdan en la agencia. Así logró sus propios contactos entre políticos ucranianos, militares y diplomáticos extranjeros. Le interesaban especialmente los diplomáticos chinos, «seguramente porque dependemos mucho de su tecnología», dice Stupak. Oleksander, que casi duplicaba la edad a su pupila y amante, «fue muy importante en su carrera», remarca el agente en referencia al jefe de Interfax-Ucrania, que murió en mayo de 2024 a los 63 años, tres meses después de la invasión. A partir de ese momento Inna atrajo la atención del Departamento para la Protección del Estado del SBU: trabajaba demasiado, tenía muchos contactos y andaba cerca de información delicada.

Tras el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022, el soldado Molchanov resultó gravemente herido en combate y perdió la visión en un ojo. Posteriormente se apartó del frente por salud. El caso de Kardash no influyó en su decisión, pero cambió su percepción del romance: «No me arrepiento de mi relación con ella, fue una experiencia interesante. Sin embargo, si pudiera volver atrás en el tiempo, habría evitado cualquier tipo de vínculo con ella».