CULTURA
La Penúltima

Los que nunca han estado en Tinder

Las dinámicas de las 'apps' de citas no difieren mucho de las del resto del mundo digital. Tampoco sus males...

Los protagonistas de la serie 'Alice y Jack' se conocen en una 'app' de citas.
Los protagonistas de la serie 'Alice y Jack' se conocen en una 'app' de citas.FILMIN
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Desde hace un tiempo, se enfada cada jueves. "Una semana más, no salgo". Es la broma recurrente de nuestro grupo de WhatsApp. Todas las demás han aparecido en esta columna. Menos ella. Citas, conversaciones con ligues, matches...Heterofatalismos varios. Esos que tan bien retratan el amor en tiempos de Tinder. Esos que tan bien retratan el mundo de hoy.

Mientras, mis amigos casados -esos que nunca han usado una app de ligar- observan con fascinación y estupor. La verdadera brecha digital. Sienten curiosidad. Temen no saber moverse ahí. Les maravilla la idea de todas esas opciones.

Ver su incomprensión me hace revivir los comienzos de las citas online. Cómo te ibas a hacer un perfil. Eso era de desesperados. De raros. De gente que no sabía ligar en el mundo real. ¿Y si te encontrabas a alguien conocido? ¡Peor! ¿Y si te encontrabas con alguien del trabajo?

Recuerdo que en aquella época nos divertía coger el Tinder de la más pionera de la pandilla -hoy lamenta no haber anotado todas aquellas citas vividas- e investigar un poco qué había allí. "Me gusta, no me gusta...". Debimos sospechar que aquello tendría mucho de videojuego.

Por entonces, mi amiga -la que no sale en la columna, la que se enfada los jueves- era universitaria y me contaba cómo la app era el método perfecto para ligar con tus fiches de la facultad. Qué maravilla jugar sobre seguro, pensé. Debimos sospechar que los atajos a veces no funcionan.

No olvidemos que Tinder nació en un campus. Como Facebook. Y no es lo único que tienen en común.

En el fondo, las dinámicas de las apps de citas no se diferencian de las del resto del mundo digital. Es natural que la promesa de infinitas conexiones que ya estaba en el internet primigenio -esa posibilidad de encontrar gente afín más allá de tu círculo- acabase llegando a la búsqueda del amor.

Para saber más

También comparten sus males. Todo se siente efímero, narcisista, un poco frívolo... Domina esa "falsa sensación de control" de la que hablaba Bauman. Yo elijo lo que me gusta, yo elimino lo que me molesta.

Claro que tenemos fatiga de Tinder, como nos agota el resto del mundo online. Los WhatsApps que hay que contestar ya, las malas respuestas de Twitter, la presión de esa foto perfecta para Instagram...

Por supuesto, también tiene cosas buenas. Incluso las malas citas las tienen. Siempre habrá una sonrisa y un buen puñado de anécdotas. Si no, no seguiríamos ahí.

Así que yo les digo a mis amigos casados: "Tranquilos. Si algún día os separáis, sabréis moveros en Tinder". No se diferencia en nada del resto del mundo de hoy. Otra cosa es que se cansen...