- Isabel Espiño. Esa serie de mierda que no puedo dejar de ver
- Alberto Rey. La mejor película es muchas películas
- Irene Cuevas. Robe, joder qué guarrada sin ti
Si José Luis Garci te pide algo, tú lo haces. A veces la vida es así de sencilla. Por eso llevo unas semanas enloquecido ante lo imposible: elegir las 100 mejores películas de la historia bajo, no es Garci alguien que haga las cosas a la ligera, estrictas normas temporales y estilísticas. Cada día repaso la lista, cambio seis o siete y sigo sin sentirme satisfecho. Si no tuviera una fecha límite, en 2056 seguiría dudando entre El sueño eterno y Tener y no tener (spoiler: las dos... al menos hoy).
El problema es simple, ¿las mejores o las que más me gustan? ¿Qué es más importante, la admiración o el amor? Sé que Barry Lyndon es una película infinitamente superior a Antes del amanecer, pero una la he visto cinco veces y la otra 50. ¿Qué debería pesar más? ¿Lo que te impresiona como obra de arte o lo que te hace feliz como compañía? ¿De las que puedes fardar en esta columna o las que de verdad vas a ver una vez más estas Navidades, que es cuando nos quitamos el disfraz cultureta y somos lo que somos?
A veces coinciden, claro. Caerá El apartamento, obra maestra indiscutible, y con El hombre que pudo reinar tampoco admito debates, pero el resto de mis películas de confort entran más en la categoría de muy buenas (y a veces ni siquiera) que en la de fijas en las listas de mejores de siempre. Repaso el menú de dobles sesiones de manta, turrón y castañas: Begin again, Matar a un ruiseñor, Olvídate de mí, Heat, Grupo salvaje, las trilogías de El señor de los anillos e Indiana Jones (sí, trilogía), Notting Hill y, esto me impresiona tras su asesinato, tres de Rob Reiner: La princesa prometida, Cuenta conmigo y Cuando Harry encontró a Sally.
¿Esta goleada hace que piense que Reiner era mejor director que Kubrick o Coppola? No, pero el arte tiene un peso relativo en la cultura popular, donde lo que en realidad cuenta es lo que te transmite, te afecta y te emociona. A mí me impacta más la muerte de Boromir ante los uruk-hai que la de Charles Foster Kane pensando en un trineo. Soy así de simple y no me avergüenzo.
A la hora de consumir cine, música y novelas, sólo importas tú, pero da lecciones todo dios. Y es muy cansino. Miren la patética guerra de la pasada semana por apropiarse de Robe desde la ideología. Él era de izquierdas, y quien pretenda rebatir eso hace el ridículo, pero su música era de quien quisiera cogerla. Y como pretendan echar a los chavales pijos de los conciertos de Carolina Durante, por más banderas de Palestina que saquen, pasan de llenar varios Movistar Arena a tocar en salas. ¿Qué más da? Si a estas alturas no somos capaces de separar la obra del artista estamos jodidos. Mmmm... Vale, estamos jodidos.



