"Mucha gente me dice que soy muy valiente por escribir libros así y yo no sé qué decir, porque me parece que las cosas que aparecen en Los ilusionistas las conocemos todos en nuestras familias. Sería un poco arrogante creer que las miserias sólo nos ocurren a nosotros». Marcos Giralt Torrente dijo esa frase en un momento del coloquio que compartió el lunes con los periodistas Andrea Aguilar y Fernando Rodríguez Lafuente al final de la ceremonia de entrega del Premio Francisco Umbral al mejor libro del año 2025 para Los ilusionistas (Anagrama). Un segundo antes, al novelista le habían preguntado por la mirada compasiva que, en el fondo, marca a su libro, igual que a su hermano mayor, Tiempo de vida. «No se me ocurre dedicarle todo el tiempo que lleva escribir una novela al desamor. Prefiero dedicárselo al amor».Y entre esas dos ideas se movió la conversación del XV Premio Umbral: entre la bondad de la mirada de Los ilusionistas y el viejo milagro de la literatura que consigue que una experiencia individual, un poco extravagante como la de Giralt Torrente, sea reconocible y conmueva a miles de lectores.
Algunos datos previos: el Premio Francisco Umbral, promovido por la Fundación que lleva el nombre del autor de Un ser de lejanías y apoyado por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Majadahonda y el periódico EL MUNDO, está dotado con 12.000 euros y una escultura de Alberto Corazón. En diciembre pasado, su jurado eligió Los ilusionistas como el mejor libro publicado en España en 2025 y reconoció en él «una narración magistral sobre un tiempo y una familia que constituye un autorretrato cubista desde una perspectiva singular y, al tiempo, plural».
En resumen, Los ilusionistas es el relato que Giralt Torrente hizo de su familia materna en cinco capítulos: el de sus abuelos (el novelista Gonzalo Torrente Ballester y su primera mujer, muerta prematuramente), los de sus tres tíos, marcados por su orfandad y el desclasamiento, y el de su madre, Marisa, que da forma al caos familiar a través de sus relatos y que convierte lo doloroso en alegre. Marisa Torrente Malvido acompañó ayer a su hijo en la entrega del premio y escuchó sus palabras sobre Los ilusionistas.
«Una familia es una representación del mundo. Pintamos el mundo a través de nuestra familia. Necesitamos decodificarla y descuartizarla», dijo Giralt Torrente en su coloquio con Aguilar y Rodríguez Lafuente. «Mi madre y yo éramos una familia monoparental, un hijo único y una madre. Teníamos primos y tíos pero en el fondo, eso era lo que éramos. Y un hijo único siempre busca seguridades, se pregunta quién se va a ocupar de él si sus padres faltan. Mi madre lo sabía y tejía un mundo alrededor, una tribu de vividores, excéntricos y bohemios que nos acompañaban. En su mayoría están muertos. Quedan sus descencientes, algunos de ellos están hoy aquí. Cada vez somos menos».
Y algo más: «Lo de trabajar sobre la memoria surgió casualmente. Pero la mejor manera de trabajar con la memoria es cuestionarla constantemente».
Giralt Torrente también se acordó en sus palabras de Francisco Umbral, antiguo amigo y rival de su abuelo Gonzalo Torrente Ballester. Habló de Mortal y Rosa como el texto fundacional de la literatura del dolor y de la memoria en España, y recordó el descubrimiento de su literatura a través de la prensa que llegaba al portal de su casa, en una cooperativa de periodistas en el norte de Madrid.
Leyre Iglesias, la subdirectora de Opinión de ELMUNDO, ya había enlazado la literatura y el periodismo en el discurso de bienvenida a la ceremonia de los PremioUmbral. «La literatura es uno de los lugares imprescindibles donde una sociedad se duda y se debate. Es un espacio insustituible de democracia como el periodismo». Iglesias también habló de la cultura que se emplea como arma arrojadiza» y defendió «la libertad de contar el mundo, de hacer memoria, desde la humanidad» para referirse a la mirada compasiva de Los ilusionistas.
Manuel Llorente, fundador de EL MUNDO y presidente del jurado, hizo a continuación la laudatio de Los ilusionistas. En su discurso tomó dos frases de la novela: aquella en la que Giralt Torrente retrata su adolescencia como «una lucha feroz y casi siempre fracasada por tratar de mimetizarme con el ambiente». Y otra en la que define a un hijo único como a «ese que camina medio paso por detrás de la realidad». Llorente habló también de los paisajes emocionales de la novela ganadora del Premio Umbral: «Bosques tupidos, marismas, paisajes lunares».
Los anfitriones del premio también se sumaron al homenaje a Los ilusionistas y a la literatura. Lola Moreno, alcaldesa de Majadahonda, dijo que «cada libro que abrimos nos ofrece una oportunidad única de dialogar con otras voces, con otras formas de ver el mund. Así descubrimos la enorme riqueza de la diversidad humana». Y Mariano de Paco Serrano, consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, destacó «la capacidad de Marcos Giralt Torrente de «convertir la memoria íntima en una literatura de alcance universal». El consejero subrayó que la obra de Giralt Torrente representa «una de las voces más sólidas y sensibles de la narrativa española contemporánea, capaz de transformar la experiencia personal en un relato compartido por los lectores». María España Suárez, la viuda de Francisco Umbral y presidenta de su fundación, entregó el premio y abrazó al ganador.



