- Clasificación Así va la Vuelta
Donde y cuando menos se espera, salta la liebre. La liebre fue Jonas Vingegaard, que saltó a 11 kms. de la llegada, de la cima de Valdezcaray y fue abriéndose camino entre la lluvia. Ciccone lo siguió y enseguida se quedó atrás. Ha perdido crédito cuando podía haberlo aumentado. Ahora mismo no es la alternativa a Vingegaard. Al danés sólo lo siguieron Joao Almeida, Tom Pidcock y Félix Gall. El francés no aguantó el tirón y se rezagó. Almeida y Pidcock porfiaban, pero Vingegaard no cedía. Se llevó su segunda etapa en esta Vuelta y a cuarta en total.
La exhibición fue relativa en cuanto a tiempo ganado: 24 segundos (más 10 de bonificación) sobre Pidcock (seis de bonificación) y Almeida (cuatro). Pero absoluta en cuanto a la impresión causada. Ateniéndonos a lo ocurrido en las etapas anteriores, nadie, o casi, en el pelotón y nadie, o casi, fuera de él esperaba un zafarrancho en vísperas de la jornada de descanso. En todo caso, un rifirrafe, un estrépito en sordina por si sonaba alguna flauta en, digamos, los dos o tres kilómetros finales.
Pero Vingegaard rompió las hostilidades mucho más atrás. Y, por otra parte, en un puerto de, sí, primera, pero nada terrorífico que se coronaba a 1.523 metros de altitud, con un desnivel de 663 metros. Una subida no definitoria de 13,2 kms. que empezaba fuerte, con tramos al 7%, uno al 12%, e iba suavizando progresivamente hasta acabar en el 2,6%. No parecía un lugar apropiado en un momento oportuno para que se establecieran diferencias de alguna consideración. Lo han sido de orden moral más que cronológicas. Vingegaard ha dado un puñetazo sobre la mesa e incluso no se esforzó en los últimos metros tratando de alcanzar el liderato. Los recorrió sin pedalear. Le daba igual conseguir unos segundos más o menos.
Está muy seguro de sí, y los demás ya saben a qué atenerse. Y no están tan ciertos de ser capaces de oponerse a la calidad y determinación del "tractor amarillo" del Visma. Bueno, del cohete. Jonas está en una forma que, a pesar de que queda mucha Vuelta, llena de obstáculos y peligros, ofrece la impresión de que ya la ha cogido por el cuello y no la va a soltar.
Se benefició del factor sorpresa y se aprovechó del factor fuerza. Cuando sus rivales quisieron reponerse del súbito asombro que les produjo la lejanía de la embestida, la suerte ya estaba echada. Nada más empezar el puerto cayó una escapada que había tardado una barbaridad en formarse, casi 60 kms. La integraban un dúo de revoltosos habituales (Ryan, Vermaerke) y un trío de ambiciosos ocasionales (Kwiatkowski, Hessmann, Slock). Cada uno de su padre y de su madre. Un Education First (Ryan), un Movistar (Hessmann), un Picnic (Vermaerke), un Ineos (Kwiatkowski) y un Lotto (Slock).
El pelotón nunca les dejó hacerse demasiadas ilusiones. Llovió a ratos y a cántaros por la Rioja, empeñando el paisaje y alimentando los viñedos. El Lidl-Trek conducía las operaciones, se suponía que para Ciccone. Lo secundaba el Q36.5, se colegía que para Pidcock. Desde la pasividad vigilante defendía el Bahrain el liderato de Traeen, que lo salvó por los pelos con una actuación admirable. Es un corredor veterano y modesto que se halla en su momento de gloria. Defenderá el rojo hasta la extenuación y más allá.
A la hora de la verdad, Ciccone no dio la talla y ya está a 2:42 de Traeen, que adelanta a Vingegaard en 37 segundos. Almeida queda a 1:15. Y Pidcock, a 1:35. La Vuelta no es el Tour. La han ganado ciclistas que no podían soñar con imponerse en París. Pero, pese a ello, Pidcock no parece en disposición de aspirar al rojo final. Ahora mismo, Almeida se yergue como principal alternativa a Vingegaard. Si es que tal alternativa existe.
