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«Cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores...», dice el himno del Madrid, el himno antiguo, como antiguo es el concepto del señorío. Hace tiempo que estamos en otros tiempos. El Madrid pierde el Balón de Oro, que consideraba hecho para Vinicius, y en lugar de dar la mano al vencedor, llama a Barajas para que no suban el catering al avión y se pague lo que se deba. Una decisión impropia de una institución que no representa a un futbolista o a un presidente. Representa a sus socios y es difícil creer que mayoritariamente la respalden. Si es así, que no suene más ese himno en el Bernabéu.
Cualquier ganador merecía la felicitación de Vinicius y del Madrid en su conjunto, pero el hecho de que sea un español hace de esta ausencia algo especialmente agravante. Rodri recibe el Balón de Oro como mejor futbolista de la pasada Eurocopa, conquistada por España, con cuyo fútbol este premio tenía una deuda desde 2010. Un premio justo para el mejor mediocentro del mundo desde hace unos años, que la temporada pasada ganó la Champions con el Manchester City y un gol suyo en la final. La influencia que tiene en el City, dominador incontestable de la Premier durante las últimas temporadas, es similar a la que ejerció Luis Suárez, único ganador español hasta ayer, en el Inter durante los años 60. Ambos tuvieron que irse de España para levantar el premio.
El Madrid argumenta que se le ha faltado al respeto, siente algo de persecución por parte de la UEFA, que ha patrimonializado esta edición el premio de France Football, y cuestiona los criterios del galardón, al entender que si el peso de la Eurocopa es determinante, el ganador debería haber sido Carvajal, al sumar también la Champions en la misma temporada. El Madrid ha sido, en cambio, el mayor depositario de Balones de Oro de los últimos 15 años, seis, los mismos que el Barça, todos de Messi. En el caso del club blanco, a los de Cristiano se añadieron los de Modric y Benzema. El croata rompió con la tiranía de los goleadores, lo mismo que ahora Rodri.
No existen, pues, motivos para entender que existe una persecución, por mucho que la Superliga de Florentino Pérez haya creado un cisma frente a la UEFA. Ese Madrid no respetado fue nombrado mejor club masculino del año en la gala de París, donde también fue premiado Ancelotti como mejor entrenador de 2024, sin que ninguno de sus representantes estuviera presente para subir al escenario. Ridículo.

