- Crónica Una maravilla de Yamal obra la remontada ante Francia
- Herzlich Willkommen! ¿No pasarán? Ya hemos pasao
- A los pies del golazo de Lamine "No pienso, sólo intento divertirme"
En el país de los enfrentamientos, eso no ha cambiado, un grupo de futbolistas vuelve a sacar a la gente a las calles sin señalarse. Ha pasado poco tiempo desde que otros lo consiguieron, porque 12 años no es nada, pero olvidamos pronto lo bueno para revolcarnos en la ciénaga. Esta selección no se parece a aquella. No imprime estilo, no la dirige un líder moral, no es dependiente del duopolio Madrid-Barça, por mucho que en su mascarón de proa rumbo a la final de Berlín aparezca ya tallado el rostro de Lamine Yamal.
La actual es una sección de oportunidades a la que han regresado los que se fueron lejos en su busca, como Dani Olmo o Cucurella; no la encontraban en su tierra, como Le Normand o Laporte, o la recibieron sin esperarlo, en el caso de Luis de la Fuente. Es mestiza, como lo será todavía más la sociedad española, y es, sobre todo, optimista.
Yamal no siente el peso que siente Mbappé, como un desenmascarado héroe de la Marvel que fracasa antes del tránsito de su vida hacia el Bernabéu. Quizás Yamal y Nico Williams lo padezcan en el futuro, pero hoy vuelan del mismo modo que sonríen. Mbappé compite por responderse a sí mismo. Yamal y Nico juegan mientras se descubren a sí mismos. El gol del empate logrado por el primero, en una parábola trazada con cicuta, es parte de ese ejercicio de autodescubrimiento. Apenas hay precedentes de ser tan trascendental en la víspera de los 17 años. Los que hay asustan. Mejor no invocarlos, tiempo habrá.
Mbappé no ha sido en la Euro el Mbappé que conocemos, mermado en buena parte por sus problemas en el tabique nasal. Se le espera en España. Yamal es el Mbappé que viene, por velocidad, por técnica y por gol. La Liga va a reunirlos a ambos para ofrecer una nueva rivalidad al clásico que tuvo durante años la mejor posible. Para el Barça es como encontrar pepitas de oro en el desierto. La selección va a disfrutar de un futbolista que jamás ha tenido si entre todos son capaces de no reventarlo. Lamentablemente, también hay precedentes.
El Olímpico de Berlín en el que Jesse Owens se convirtió en un icono aguarda a este talento que rompe récords y a esta España que cree más de lo que creen en ella, aunque poco parece importarle, salvo a Morata. El capitán viene de la España de las frustraciones que siguió a la campeona y ni siquiera esta Eurocopa, si la selección logra el título el domingo, podría restañar tanto resquemor. El futuro no es suyo, como tampoco de Jesús Navas, presente en el eslabón del gol de Iniesta en Sudáfrica y presto para dar su último servicio en Múnich. El futuro es de la nueva generación, el futuro es de Yamal, el futuro empieza el próximo domingo.

