800 millones de euros. Es el agujero que abre en la economía española la DANA que ha arrasado el cinturón industrial valenciano. Se trata de la primera estimación de impacto oficial a nivel macroeconómico y la ha puesto sobre la mesa el Banco de España. Para hacerse una idea de la magnitud, es el equivalente a lo que va a costar la última rebaja del IVA de los alimentos básicos a nivel nacional hasta final de año, según las estimaciones del propio organismo supervisor. En todo caso, se trata de una cantidad aparentemente limitada, teniendo en cuenta que la inversión desplegada por el Gobierno para responder a la emergencia supera ya los 14.000 millones de euros o que las estimaciones de la patronal valenciana apuntan a pérdidas económicas de 9.365 millones.
La cifra la anunció ayer José Luis Escrivá, que evaluó el impacto como «significativo», pero «limitado». El gobernador explicó que los efectos de la destrucción de la capacidad productiva sobre la economía son, en realidad, menos intensos de lo que cabría esperar por la impresión que producen las imágenes de devastación de las zonas afectadas, donde han desaparecido miles de negocios. Aunque advirtió de que las estimaciones que se han venido realizando estos días a nivel interno y que ayer se hicieron públicas son aún muy «tentativas», vaticinó que el impacto será «limitado y transitorio» y dará paso a una potente recuperación por el efecto rebote de las inversiones para la reconstrucción.
Sin embargo, y pese a que los expertos coinciden en que la recuperación será potente, ninguna entidad, tampoco el Banco de España, tiene capacidad en estos momentos para cuantificar el rebote. Sobre todo, porque se desconoce la inversión pública total que se va a destinar a reconstruir la Comunidad Valenciana. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el 5 de noviembre un plan en tres fases: respuesta inmediata, reconstrucción y relanzamiento. Pero hasta la fecha sólo se han aprobado dos decretos.
Con todo, Escrivá destacó que las medidas desplegadas por el Gobierno constituyen la «respuesta lógica ante una perturbación de la oferta sobrevenida sobre los agentes económicos». Quien fuera responsable de la Seguridad Social valoró así el escudo de ayudas económicas y fiscales desplegado por el Ejecutivo, inspirado, de hecho, en el rescate a empresas y trabajadores diseñado por su propio equipo durante la pandemia de la Covid-19: ERTE, avales ICO, aplazamiento de impuestos... Pero las características de esta catástrofe son evidentemente distintas y obligan al BdE a analizar el índice de cuellos de botella en comparación son desastres similares como el huracán Katrina en Estados Unidos.
En base a estas estimaciones, el supervisor calcula un impacto de dos décimas en la tasa de crecimiento trimestral del PIB del cuarto trimestre, lo que equivale a los citados 800 millones de euros. Este impacto negativo se mantendrá un año después y aunque la recuperación será «intensa», no resultará inmediata, ya que «llevará algunos trimestres», según Escrivá, que prevé que las recientes revisiones al alza de la economía española neutralicen el impacto sobre el PIB anual.
Entre tanto, el nivel de actividad en las zonas más afectadas por la DANA sigue bajo mínimos, especialmente en la zona cero. La medición del consumo a través del gasto con tarjetas y retiradas de efectivo de cajeros que están haciendo los servicios de estudios de entidades como CaixaBank y BBVA así lo reflejan. La mayoría de indicadores muestran una mejora en los últimos días respecto al impacto inicial de la DANA, pero los niveles continúan siendo muy bajos, particularmente en los municipios más afectados, donde se aprecian impactos todavía importantes. Además, muchos comercios continúan inactivos porque no han podido retomar la actividad o directamente porque han desaparecido.

