Yu Feng hace tiempo que en la Universidad de Wuhan se ganó el apodo de Profesor amor. Es el director del Departamento de Psicología, pero su especialidad en los últimos tres años ha sido lo que él mismo ha bautizado como "clases de amor". La iniciativa no fue suya, sino de los funcionarios del Partido Comunista (PCCh) que mandan en Wuhan y que están muy preocupados porque, por culpa de que cada vez hay más solteros y se celebran menos bodas, la tasa de natalidad cae en picado.
"En las clases intentamos que los estudiantes aprendan a amar y a ser amados. Es decir, que comprendan mejor todos los fenómenos psicológicos que hay alrededor del amor. Hay que empezar a aprender a amarse a uno mismo para poder amar a los demás. Esto es crucial. Al final, el objetivo de todo esto es la felicidad. Pero también es la base para construir un futuro matrimonio y una vida en familia", suelta el profesor Yu.
Hace tres años, dos periódicos ligados a la Liga de la Juventud Comunista, los cachorros del PCCh, realizaron varias encuestas en las universidades preguntando a los estudiantes si apoyaban la nueva propuesta del Gobierno para combatir el actual desastre demográfico de China: clases de amor en universidades y colegios de todo el país. Según estos diarios, el 90% de los encuestados estaban a favor. Un porcentaje que se puso en duda en las redes sociales chinas, donde saltaron algunas polémicas porque muchos usuarios se quejaban de que el omnipresente partido gobernante estaba forzando demasiado su nuevo disfraz de Cupido.
Por varias provincias chinas, los departamentos de las juventudes del PCCh han llegado a crear varias aplicaciones de citas, al estilo Tinder, y organizan muy a menudo encuentros multitudinarios de solteros. Alrededor de todo esto ha prosperado una millonaria economía del amor: empresas tecnológicas que aprovechan el creciente número de solteros (más de 220 millones) para desarrollar apps de citas; administraciones locales que, para incentivar el matrimonio entre los jóvenes, ofrecen buenas recompensas en efectivo a veteranas casamenteras, figuras que siempre han estado muy arraigadas en el tejido social del gigante asiático; escuelas matrimoniales que abren por todos lados...
En Changsha, una moderna ciudad de más de 10 millones de habitantes en el centro de China, inauguraron a finales del año pasado la primera calle del país dedicada a la "temática matrimonial". Abundan murales con fotografías de bodas. También hay una escuela matrimonial en la que los visitantes pueden alquilar los famosos trajes rojos de una boda tradicional china y asistir a clases en las que se imparten "lecciones de amor y matrimonio", incluso participar en cursos gratuitos sobre cómo cambiar pañales a un bebé.
"La calle tiene como objetivo promover creativamente la cultura del matrimonio de una manera que resuene entre los jóvenes, fomentando así un crecimiento poblacional de alta calidad", anunciaron las autoridades de Changsha en la presentación de una calle, que también generó bastante polémica en las redes sociales porque en sus paredes se exhiben varias frases machistas, pintadas de rosa, dirigidas a las mujeres: "Me gusta preparar el desayuno", "Estaría dispuesta a cuidar a un bebé" o "Tener tres hijos es lo más cool".
Son muchos los gobiernos locales repartidos por la vasta geografía china que llevan años lanzando todo tipo de campañas para incentivar a los jóvenes a casarse. Pero ninguno, empezando por el Gobierno central de Pekín, ha llegado a tocar todavía la tecla adecuada: el número de matrimonios registrados en China cayó a un mínimo histórico el año pasado. En 2024, 6,10 millones de parejas se casaron en China, un 20,5% menos que en 2023. Se trata de la mayor caída desde que se comenzaron a publicar las estadísticas en 1986.
Estos datos sobre los matrimonios, junto con los que salieron en enero sobre el desplome de la población por tercer año consecutivo, plantean más desafíos para el Gobierno de Xi Jinping, que tiene que hacer frente a esta presión, con la fuerza laboral en caída libre, mientras perduran las tormentas económicas internas. La población activa -entre 16 y 59 años- disminuyó en 6,83 millones el año pasado. Por su parte, los mayores 60 años siguen aumentando y representan el 22% de la población total.
Las cifras sobre los matrimonios las ha desvelado esta semana el Ministerio de Asuntos Civiles, que también ha informado de que el número de divorcios aumentó un 1,1% hasta los 2,82 millones en 2024. Hace tres años, las autoridades chinas introdujeron una polémica ley que obliga a las parejas que buscan el divorcio a darse un periodo de 30 días antes de formalizarlo en el registro. En ese tiempo (lo llamaron "periodo de reflexión") hay un juez que investiga los motivos de la separación y cita a las parejas hasta dos veces antes de que se cumpla el plazo para que expongan sus alegatos.
Aquella ley fue muy criticada por colectivos sociales y juristas porque puede provocar que algunas víctimas de violencia doméstica den marcha atrás, disuadidas por sus parejas, a la idea de divorciarse.
Si para que los matrimonios no se disuelvan se implantó este "periodo de reflexión", a los jóvenes se les empuja a casarse con muchos incentivos financieros. En Shanxi, una provincia del norte de China, algunas ciudades han ofrecido hasta 1.500 yuanes (alrededor de 210 euros) a las parejas que registren su matrimonio siempre que la mujer tenga menos de 35 años. También reparten subsidios a las familias que tengan varios hijos, ofreciendo hasta 1.500 euros por el tercero.

