La reforma de las pensiones que diseñó el exministro de Seguridad Social José Luis Escrivá disparará la pensión media más un 25% en el año 2050, al tiempo que irá retrasando la edad efectiva de jubilación hasta situarla en 66,2 años ya en 2035.
En concreto, las medidas que introdujo el actual gobernador del Banco de España en el paquete pactado con la Comisión Europea en 2021 incrementarán la nómina de los pensionistas en un 27% en los próximos 25 años, de modo que la prestación media de jubilación, situada en estos momentos en algo más de 1.500 euros, superará los 1.875 euros mensuales al final del periodo.
Son las proyecciones que dibuja la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), el organismo fiscalizador que presidió el propio Escrivá antes de aterrizar en el Gobierno de Pedro Sánchez. Específicamente, la derogación del Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP), que limitaba la subida anual de las prestaciones al 0,25% siempre que la Seguridad Social estuviera en déficit, para vincular los incrementos a la evolución del Índice de Precios de Consumo (IPC), elevará la pensión media un 20% en 2050. Al mismo tiempo, la eliminación del Factor de Sostenibilidad, que iba a mermar las pensiones para adecuarlas a la esperanza de vida, incrementará la nómina otro 7%. De modo que ambas medidas empujarán la cuantía media que perciben los pensionistas un 27% en el próximo cuarto de siglo.
En los documentos técnicos que sustentan la opinión sobre la sostenibilidad a largo plazo de las administraciones públicas, difundida el pasado mes de marzo, la AIReF concluye que "la reforma aumenta el gasto en pensiones principalmente a través de un aumento de la pensión media" por la supresión de esas dos herramientas que hacían de dique de contención del gasto. Según sus estimaciones, la reforma en su conjunto incrementa el gasto en 2,7 puntos de PIB hasta 2050, mientras eleva los ingresos en 1,4 puntos de PIB.
Y es que las medidas introducidas en la reforma desplegada entre los años 2021 y 2023 también van a derivar en un aumento de la tasa de generosidad (el porcentaje que representa la pensión media de jubilación respecto al salario medio) de 13 puntos respecto a la evolución que hubiera tenido antes de los cambios. Asimismo, se prevé un incremento de cinco décimas, hasta el 5,3%, de la Tasa Interna de Rendimiento (TIR), que mide las cotizaciones realizadas por un trabajador a lo largo de su vida laboral frente a la pensión que percibe durante su jubilación y que en 2023 se situaba en el 5,7% (por cada euro cotizado, los pensionistas recibían 1,6 euros). En paralelo, se producirá un aumento de la tasa de reemplazo (el porcentaje que se cobra de pensión sobre el último sueldo percibido y que en 2023 estaba en el 71,7%) de 7,5 puntos respecto al escenario previo a la reforma, de modo que se situará en el 69,7% en 2050.
La factura sube al 16,1% del PIB
Las previsiones apuntan a que la factura de las pensiones aumentará por encima del 4% hasta 2050, pasando del 12,9% del PIB en 2023 al 16,1% en 2050, para reducirse al 14,7% en 2070, una vez concluido el proceso de jubilación de la macrogeneración del baby boom. Por un lado, por el aumento del número de pensionistas, que alcanzará un máximo de 17,3 millones (frente a los 11,3 actuales) en 2056, y por otro, por el mencionado incremento de la pensión media y el aumento del efecto sustitución (las pensiones de los nuevos jubilados son más altas que las de los que causan baja en el sistema).
Del lado de los ingresos, la AIReF estima que la medida de la reforma de Escrivá que más contendrá la factura de las pensiones serán los incentivos a la jubilación demorada, que restarán 0,8 puntos al gasto en 2050, con un impacto en la pensión media de entre el -0,5% y el 1,3%. Por detrás se sitúa la propia evolución de la pensión máxima, topada en referencia a las bases máximas de cotización, que contendrá el gasto en 0,4 puntos y la pensión media del sistema un 5% en los próximos 25 años. Mientras, los técnicos de la Autoridad Fiscal calculan que la jubilación anticipada apenas tendrá impacto en el gasto ni en la nómina futura.
Con todo, el organismo que preside Cristina Herrero observa "un claro cambio de comportamiento" en los trabajadores, al constatar una reducción del número de personas que anticipan la jubilación, tal y como viene destacando el Ministerio de Seguridad Social en los últimos tiempos. En concreto, los datos agregados muestran un descenso de 10 puntos de las jubilaciones anticipadas que continúa en 2025 y un aumento de las jubilaciones demoradas desde algo menos del 5% del total hasta e 11,3% en febrero de este año. En este escenario, la AIReF mantiene su proyección de que en 2035 un 30% de los trabajadores demorarán su jubilación 3 años, hasta los 68, "por lo que se mantiene la tendencia histórica de aumento de la tasa de participación de los mayores de 60 años que implica que la edad efectiva de jubilación pasaría de 65,2 años a 66,2 años en 2035", indican.
Pese a todo, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) se ha visto obligada a dar su aprobado a la reforma de las pensiones en su primer examen oficial. Y lo ha hecho aunque no comparte la fórmula pactada con Bruselas cuyo resultado, en función de las proyecciones de ingresos y gastos hasta el año 2050, arroja que, por el momento, no es necesario hacer nuevos ajustes. La AIReF ha constatado que, pese a los cambios introducidos, "la sostenibilidad del sistema no ha mejorado". Y la propia Herrero advirtió durante la presentación de los resultados de esta evaluación que será necesario "tomar medidas adicionales" en el futuro.

