Esta semana, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajará a Asunción (Paraguay) para cerrar un acuerdo comercial largamente esperado entre la Unión Europea y Mercosur, poniendo fin a 25 años de negociaciones frustradas. El tratado unirá a los 27 Estados miembros de la UE con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, abarcando a más de 740 millones de personas y creando la mayor zona de libre comercio del mundo. "Es un acuerdo histórico", afirmó el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tras la decisión de los Veintisiete de superar la minoría de bloqueo liderada por Francia, impulsada por la oposición del sector agrario europeo.
El pacto se concreta en un momento de profunda transformación del orden económico global, marcado por guerras comerciales, tensiones geopolíticas y cadenas de suministro cada vez más frágiles. En este contexto, Bruselas busca diversificar alianzas y reducir dependencias de las grandes potencias. La Comisión Europea presenta el acuerdo como una herramienta clave para reforzar la autonomía estratégica y garantizar el abastecimiento, mientras que parte del sector agrario europeo lo ve como una concesión que prioriza los intereses industriales frente al campo.
Para España, Mercosur es el quinto socio comercial, con exportaciones de bienes y servicios que alcanzan los 7.100 millones de euros anuales e importaciones por 6.700 millones. Aun así, el acuerdo ha generado fuerte rechazo entre agricultores y ganaderos. Según datos de 2024, España mantiene un déficit comercial de 3.655 millones de euros con la región, una brecha que podría reducirse gracias al "gran potencial de incremento de las exportaciones", según Juan Luis Gimeno, director general de Comercio Internacional e Inversiones del Ministerio. El desequilibrio es especialmente visible en el ámbito agroalimentario: España exporta a Mercosur productos por 463 millones de euros, frente a importaciones que superan los 4.118 millones. Entre los envíos españoles destacan el aceite de oliva, el vino y mosto, las frutas de hueso y las bebidas espirituosas, mientras que las importaciones se concentran en tortas y habas de soja, café y crustáceos.
Desde la perspectiva del consumidor europeo, el acuerdo promete una mayor variedad de productos y potencialmente precios más competitivos. Sin embargo, la apertura al mercado de alimentos y productos ganaderos procedentes de Mercosur -con costes laborales más bajos y ventajas estructurales en la alimentación animal- rompe los contingentes arancelarios que hasta ahora protegían a la ganadería europea, y es uno de los principales detonantes de las protestas en Francia, Italia o España.
El tratado contempla concesiones graduales en sectores sensibles como vacuno, aves de corral, etanol y arroz, con límites estrictos: en carne, las preferencias se circunscriben a una fracción reducida de la producción europea (1,5% en vacuno y 1,3% en aves de corral). El sector agroalimentario europeo afronta el acuerdo dividido. Mientras agricultores y ganaderos lo rechazan mayoritariamente, la industria transformadora, representada por la patronal FIAB, mantiene una postura favorable. "Hay oportunidades para sectores como los mediterráneos, pero no se han conseguido las mejores condiciones de acceso inmediato; los intereses defensivos y ofensivos no están alineados y el acuerdo puede generar desequilibrios", advirtió Gabriel Trenzado, director general de Cooperativas Agro-Alimentarias el viernes después de conocerse el acuerdo.
En frutas y hortalizas, España identifica tanto oportunidades como riesgos, especialmente por la apertura a cítricos y zumos procedentes de Mercosur. Trenzado subraya que "el acuerdo es desequilibrado y evidencia que el sector agroalimentario no ha estado plenamente representado en la negociación". Estas preocupaciones se suman a un contexto ya delicado: hasta octubre, las exportaciones españolas de frutas y hortalizas frescas cayeron un 2,5% en volumen, lastradas por el descenso de hortalizas como el tomate, afectado por la competencia de Marruecos. Sin embargo, el valor total exportado aumentó un 5%, hasta los 15.052 millones de euros, gracias al alza de precios y al buen desempeño de productos como sandía, melón, fresa y nectarina.
El acercamiento entre la UE y Mercosur culmina un proceso iniciado oficialmente en 1999, que no se tradujo en un acuerdo político de alto nivel hasta 2019 y requirió otros cinco años de ajustes técnicos y políticos. España ha sido uno de los principales impulsores del pacto durante todo este tiempo. El Gobierno lo considera una palanca económica y geopolítica clave, aunque reconoce que su aplicación exigirá salvaguardias, seguimiento estrecho y recursos públicos para proteger a los sectores más vulnerables. Mientras tanto, la contestación del campo europeo continúa: las movilizaciones, con tractoradas incluidas, se mantienen en ciudades como París, Bruselas o Atenas, y también en España, donde se han registrado cortes de carreteras y bloqueos en infraestructuras estratégicas, como el puerto de Tarragona.




