La campaña militar estadounidense-israelí contra Irán eclipsa con creces a la de Venezuela para la geopolítica global y, especialmente, para la pugna entre EEUU y China. Mientras que el abrupto cambio de régimen en Venezuela ha creado un vacío en la enorme influencia de China en el país y el suministro de petróleo hacia precios muy por debajo de los de mercado, el ataque militar contra Irán es mucho más importante. En primer lugar, el riesgo para la seguridad energética de China es claramente mayor, ya que las importaciones de petróleo chino desde Irán son significativamente superiores a las de Venezuela (13% del total frente al 4%). De hecho, Irán ha estado suministrando crudo a China evadiendo las sanciones estadounidenses gracias al reetiquetado y a su liquidación en renminbi a través del Sistema Internacional de Pagos de China (CIPS), lo que ofrece la posibilidad de saltarse SWIFT y con ello las sanciones. La consecuencia de todo esto es que Irán solo puede usar sus ingresos petroleros para comprar productos chinos, al ser el RMB un moneda no convertible y con escasa circulación.
Irán también es más importante que Venezuela desde el punto de vista de las rutas petroleras alternativas, que China ha ido construyendo en los últimos años. En concreto, el Corredor Económico China-Pakistán tiene un componente clave, el Puerto de Gwadar, que tiene un objetivo estratégico, en concreto el de ayudar a China a evitar el Estrecho de Malaca si fuera necesario y, potencialmente, incluso el Estrecho de Ormuz para el petróleo iraní. Esto requiere la extensión del oleoducto Irán-Pakistán y/o el terminal petrolero iraní de Jask, a solo 200 kilómetros de Gwadar. Estas opciones, concebidas para aumentar la seguridad energética de China, ahora están en suspenso al igual que el futuro del régimen iraní.
En segundo lugar, y más allá de la seguridad energética, Irán es crucial para el prestigio diplomático de China en el Sur Global, dentro de su rivalidad con Estados Unidos. China ha invertido un enorme capital diplomático en Irán, sin duda más que en Venezuela. En 2021, China firmó una Asociación Estratégica Integral de 25 años con Irán, que en principio incluía 400.000 millones de dólares en inversiones chinas en sectores estratégicos de energía, infraestructura y tecnología. Sin embargo, al anuncio no han seguido los hechos, puesto que la inversión china en Irán sigue siendo mínima, con solo 2.000 0 3.000 millones de dólares confirmados desde 2021, muy inferior a la inversión en Emiratos Árabes Unidos (EAU) o Arabia Saudí. Además de ese grandilocuente plan, China también ha orquestado la membresía plena de Irán en importantes clubes, como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) desde el 4 de julio de 2023 y los BRICS desde el 1 de enero de 2024. Aunque estas dos membresías ciertamente ayudaron a Irán a regresar a la diplomacia internacional después de haber sido marginado por Occidente, China -y Rusia- también se han beneficiado al demostrar su capacidad para aunar regímenes antioccidentales. La realidad es que tanto los miembros de la OCS como los de los BRICS -que se han expandido en los últimos días- pueden estar preguntándose ahora mismo si China puede protegerlos de la ira de Trump. Estas dudas probablemente son mayores en Oriente Próximo que en el Sur Global, ya que las expectativas eran probablemente más altas. De hecho, China medió en la reconciliación entre Arabia Saudí e Irán en marzo de 2023, que muchos interpretaron como una señal clara de que China estaba convirtiéndose en la potencia diplomática de la región. Este acuerdo ha quedado en ruinas desde el ataque de Hamas a Israel en octubre de 2023 y todo lo que siguió después.
La ironía de todo esto es que, aunque China claramente ha perdido influencia y poder diplomático en la región, su economía nunca ha sido tan importante para Oriente Próximo y el Sur Global en su conjunto, no solo por la dependencia de las importaciones de productos chinos sino también para atraer inversiones que creen empleos y permitan una transferencia de tecnología.
Más allá del peso económico de China, que definitivamente utilizará si fuera necesario, aún podría haber un lado positivo para Pekín derivado del ataque estadounidense a Irán. En primer lugar, el costo -y la duración- de la invasión aún está por determinarse. La campaña de Trump corre el riesgo de ser mucho más costosa y larga que la de Venezuela por culpa de los contraataques iraníes, entre otros motivos. Si Trump se empantana en una guerra larga, Xi sin duda se vería beneficiado. Además, incluso con una victoria clara y rápida de Estados Unidos en Irán, China podría estar llamando a la puerta de EEUU para pedir una compensación por su moderación. Esta compensación no puede estar más que en Taiwan y la amplitud de la misma no será fácil de entender antes de la visita oficial de Trump a Pekín el próximo 31 de marzo. Por el momento, la Casa Blanca ya ha anunciado la postergación de la venta de armas a Taiwan por 13.000 millones de dólares. El posible acuerdo de Trump para ser más suave con las amenazas de China a Taiwan también podría derivar de la percepción de Trump de la falta de apoyo por parte de sus aliados europeos en un posible conflicto en el Indo-Pacífico, como afirmó claramente durante su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos el pasado mes de enero.
De hecho, justo después del ataque a Irán, el senador Lindsey Graham, aliado de Trump, calificó a Europa de «patéticamente blanda», basándose en su respuesta a los ataques estadounidense-israelíes contra Irán. Está bastante claro que Pekín solo puede beneficiarse de una Alianza Transatlántica aún más fracturada como consecuencia de la situación en Oriente Próximo.
En resumen, la crisis de Irán se asemeja a la de Venezuela pero con mucho más en juego para EEUU y China en su competencia estratégica. Para esta última, aunque podría perjudicar a Pekín a corto plazo en términos de seguridad energética y su influencia diplomática en Oriente Próximo y el Sur Global en general, también podría traer beneficios inesperados. Esos beneficios podrían llegar por un error de cálculo de Trump sobre la complejidad de la situación pero, más aun, por el alto precio que podría tener que pagar por la aquiescencia de China. Sacrificar Taiwan para obtener una ganancia rápida en Irán sería claramente un precio demasiado alto para EEUU La gran pregunta es si a Trump le importa.
Alicia García Herrero es economistaJefe para Asia Pacífico y Medio Oriente NATIXIS. Senior Research Fellow at Bruegel.
