ESPAÑA
'PALABRA DE SÁNCHEZ"

El clamor de los profesores infravalorados y la promesa incumplida de Sánchez: «En el curso de formación nos pusieron a abrazar árboles»

El Gobierno no ha hecho la reforma de la carrera docente a la que obliga la Lomloe. Sólo el 12% de los maestros se siente valorado por la sociedad

Alba Fons, maestra especialista en Audición y Lenguaje.
Alba Fons, maestra especialista en Audición y Lenguaje.DAVID GONZÁLEZ
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Eugenio Luján es profesor de Filosofía desde hace 31 años y lleva los últimos 16 con plaza fija en un instituto público de Sonseca (Toledo). Doctor especialista en la obra de Unamuno, tiene publicados varios libros y artículos, además de impartir conferencias y colaborar con la casa-museo dedicada al escritor en Salamanca. Se queja de que ni sus cursos de doctorado ni el trabajo adicional que realiza después de sus clases en la ESO y Bachillerato se le han reconocido como méritos para acceder, por ejemplo, a complementos retributivos de formación permanente, los llamados sexenios.

Lo que sí da puntos es todo lo relacionada con la digitalización y las nuevas metodologías. Por eso Luján se ha puesto a hacer cursos de informática y hasta de rutas turísticas por Toledo. Como muchos docentes, opina que es mejorable la oferta formativa para el profesorado, que a veces lleva títulos como "Beneficios pedagógicos de la biodanza", "Liderazgo con mirada sistémica" o "Educación y astrología psicológica".

"Ofertan cursos hasta del macramé como herramienta de aprendizaje... Son cosas muy peregrinas", lamenta Luján. Este afiliado al sindicato Csif que también es corrector de la Selectividad y preparador de las pruebas de Bachillerato para adultos explica que incluso las formaciones que se reconocen de forma oficial les sirven muy poco a los maestros y profesores para ascender profesionalmente.

Una vez que aprueban la oposición y sacan la plaza, prácticamente sólo pueden aspirar a ser jefes de estudios y directores -"muchos no quieren porque no compensa"- o asesores de la consejería o del Ministerio, "unos cargos que están politizados". En Castilla-La Mancha, la última oposición para ser catedrático de instituto fue en 2003, mientras que en otras autonomías han estado lustros sin convocarlas. La sensación generalizada es que "da igual hacerlo bien que hacerlo mal porque no se recompensa debidamente el esfuerzo". Esto se refleja en los salarios, que evolucionan muy poco con el paso de los años en comparación con otros países, y en la ausencia de itinerarios que estimulen a los docentes.

"No hay una labor en la que podamos mejorar en el sentido profesional, no tenemos una carrera docente que nos permita prosperar, no tenemos ninguna posibilidad de motivación que nos lleve a luchar por un puesto mejor en otro nivel o a hacer otro tipo de tarea", expresa Luján. "Yo intento hacerlo lo mejor posible, pero no prospero", dice con sinceridad.

A lo largo de los últimos años, diferentes gobiernos han prometido poner en marcha un desarrollo de la profesión docente que permita mejorar la formación de los profesores y plantear una carrera que ahora es inexistente. Pero ninguno lo ha hecho, a pesar de que la evidencia científica coincide en que hay una correlación positiva entre lo bueno que es un maestro y los logros que obtienen sus alumnos. "La calidad de un sistema educativo depende de la calidad de sus docentes", afirma también el Gobierno citando a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En su discurso de investidura de noviembre del año pasado, Pedro Sánchez se comprometió a "mejorar las condiciones de formación del profesorado" como modo de "mejorar la educación". Previamente, la Lomloe aprobada en diciembre de 2020 obligaba al Gobierno a elaborar "una propuesta normativa que regule la formación inicial y permanente y el acceso y el desarrollo profesional docente" y le instaba a tenerla en el plazo de un año a partir de la entrada en vigor de la ley.

La ministra de Educación, Pilar Alegría, presentó en enero de 2022 un escueto documento con "24 propuestas de mejora", en el que se incluían medidas concretas como dar incentivos profesionales a los profesores que accedan a ser evaluados, más prácticas obligatorias antes de ejercer o un examen especial para poder entrar en las carreras de Educación Infantil y Primaria. Pero han pasado más de dos años y no se sabe nada de ello.

Fuentes del Ministerio aseguran que la iniciativa no está parada. Dicen que llevan "varios meses de contacto con el profesorado", que "ha habido ya numerosas reuniones, aunque no formales, para ir buscando puntos de consenso" y que a partir de septiembre comenzarán los encuentros oficiales. Estas citas no se han hecho públicas ni ha trascendido ningún avance. "Tenemos toda la legislatura", añaden las fuentes, dando a entender que no quieren ir con prisa.

Lo cierto es que tipo de regulaciones suelen producir desgaste con los sindicatos y por eso los gobiernos se han escabullido cada vez que han tenido ocasión. No es nada recomendable iniciarlas en épocas electorales porque, cuando se plantean, los profesores se sienten cuestionados y castigan con su voto a quien las emprende. Si quiere tener éxito en su reforma, Alegría deberá ir con mucho tiento para no enfadar más a los profesores, ya molestos con el Gobierno porque no ha promovido la reducción de las horas lectivas ni de las ratios y porque cada vez son más los que creen que "con la Lomloe se han multiplicado las tareas".

"La burocracia es interminable", se queja Alba Fons, maestra de un colegio público en Valencia, quien ha pasado el último curso en comisión de servicios en un instituto como personal de apoyo a la inclusión. Esta especialista en Audición y Lenguaje, que ha estado tres lustros enseñando a leer y escribir a los niños del primer ciclo de Primaria, asegura que "no existen horas suficientes para atender bien a todos los alumnos".

"Con la Lomce la situación se deterioró, pero es aún peor con la Lomloe. Ha cambiado el sistema de evaluación y tenemos que evaluar muchas pequeñas cosas de formas muy distintas, organizar situaciones de aprendizaje y graduar las actividades en función de los intereses de los alumnos. Es muy complicado", describe.

Fons se define a sí misma como "el claro ejemplo de que hay que seguir aprendiendo". "Soy muy curiosa y necesitaría varias vidas para aprender todo lo que quiero. Acabo de terminar la carrera de Criminología, que he hecho de forma presencial en la Universidad de Valencia, y seguramente me matricule ahora en Derecho. También estoy aprendiendo ruso porque están llegando muchos alumnos rusófonos a la escuela, no sólo de Ucrania, sino de Bielorrusia o Armenia, y es importante conocer la estructura de su idioma para poder enseñarles bien", indica.

Esta maestra, que pertenece a la asociación Observatorio Crítico con la Realidad Educativa (Ocre), tiene reconocidos los tres primeros sexenios y ya ha hecho este año todas las horas de formación posibles para poder acceder al cuarto (el máximo son cinco). En septiembre cumplirá 19 años como "docente de trincheras". "Sigo en el mismo sitio en el que comencé, con más sexenios pero en el mismo sitio, habiendo estudiando más y teniendo más formación. A mí no me importa ser maestra rasa y no pasa nada si no acabo siendo directora, pero hay compañeros que lo llevan mal porque se invierte un tiempo y un esfuerzo que luego no se recompensa", expresa.

Fons también cree, como Luján, que "se plantean muchos cursos que luego no sirven para nada". "Tuvimos una formación para gestión del estrés y relajación y vino un señor que literalmente nos puso por el patio a abrazar árboles los viernes de 13.00 a 15.00 horas. Me quería morir, pensando en cómo se me estaban acumulando las tareas y ejercicios para corregir", recuerda.

Esta formación, recalca, "es voluntaria, pero si no te apuntas te encargarán más tareas burocráticas y al final muchos docentes optan por hacer el curso y estar perdiendo el tiempo. Se ponen de moda determinadas cosas y la gente las compra acríticamente porque tampoco puede oponer resistencia".

Eugenio Luján, profesor de Filosofía en un instituto de Solsona (Toledo).
Eugenio Luján, profesor de Filosofía.JAVIER BARBANCHO

Entre las medidas planteadas por el Ministerio, está "promover entre las diferentes administraciones educativas el reconocimiento de los permisos para la formación" para asistir a jornadas y congresos. A Luján le llamaron este año de la Universidad de La Laguna para dar una charla por el centenario del destierro de Unamuno a Fuerteventura y, para que la inspección le dejara desplazarse, tuvo que pedir autorización como alumno, porque no se le permitía ir como conferenciante.

Por otro lado, el Gobierno ha propuesto en el documento la posibilidad de "revisar" los contenidos de los planes de estudios de las carreras que habilitan para la docencia y del máster para ser profesor de Secundaria, cuya duración no descarta "ampliar para que asegure la formación necesaria del profesorado".

¿Cómo están de preparados los profesores españoles? Según el último informe TALIS de la OCDE, realizado en 2018, sólo el 48% de los docentes estudia durante su formación inicial contenidos propios de sus materias, didáctica y práctica en el aula, frente a un 79% del promedio de los 48 países analizados. Además, a apenas el 40% se le instruye para dirigir una clase y lidiar con la falta de disciplina de los estudiantes, frente a un 72% de media.

La OCDE también constata que la falta de motivación que existe en las aulas es generalizada: sólo un 12% de los maestros españoles siente que su profesión es valorada por la sociedad, frente al 18% de la UE.

Francisco López Rupérez, director de la Cátedra de Políticas Educativas de la Universidad Camilo José Cela de Madrid, apunta que estudios empíricos han demostrado que, tras acceder a la profesión, se produce "un incremento constante del compromiso profesional" del profesor a lo largo de los primeros cinco años de trabajo. "Ello se manifiesta en el deseo de ser más competente y de desarrollar de un modo más eficaz su labor", indica quien más ha trabajado en España para reformar, a través del llamado MIR educativo, el proceso de selección, formación y desarrollo profesional de los docentes.

"En ausencia de estímulos profesionales y de posibilidades de asumir nuevos desafíos o de descubrir nuevos horizontes", añade, "aparece, a lo largo de los siguientes cinco años una adaptación a la rutina diaria y una progresiva disminución de ese impulso, de esa tensión profesional hacia la mejora".

"Hay muchos profesores de mi edad deseando jubilarse", dice Eugenio Luján, quien recuerda que, cuando empezó a ejercer de profesor dando clase en BUP, las familias le trataban de una forma muy distinta "porque querían que sus hijos adquirieran un bagaje cultural, mientras que ahora sólo buscan que pasen de curso y obtengan su título" y son "siempre sospechosos de no cumplir con la labor".

"Ya no se puede suspender, ya no se puede repetir, se han quitado los exámenes de septiembre para no estropear a los alumnos el verano y se pretende que en 15 días aprendan lo que no han interiorizado en 10 meses", enumera. Cuenta que el curso pasado tuvo una compañera a la que el inspector le pidió que no corrigiera los exámenes con bolígrafo de color rojo "para no desanimar a los alumnos". La consigna era poner "más frases motivadoras" en vez de marcarles que lo que habían hecho estaba mal.