- Sucesos La nieta del maestro Argenta gana el juicio al millonario que mató a su hijo al creer que era un extraterrestre
- Ataúlfo Argenta La trágica muerte del maestro asfixiado junto a su amante por los gases del motor de su coche
Se llama Katja Faber, es nieta del afamado director del orquesta español Ataúlfo Argenta, sobrina del histórico periodista radiofónico Fernando Argenta -ambos fallecidos- y protagonista de un exitoso documental sobre el atroz asesinato de su hijo Alex: (In)Justice: Killer Privilege -«(In)Justicia: privilegio asesino»-. Cuenta Katja que ha alcanzado el número 2 en las listas de podcasts true crime en Reino Unido -donde se ha producido- y envía también una fotografía del cartel publicitario proyectado en uno de los neones con más metros cuadrados de Times Square, en Nueva York.
El podcast versa sobre el asesinato de su hijo mayor, Alex Morgan, quien tenía 23 años cuando, en la madrugada del 30 de diciembre de 2014, un amigo lo mató de forma cruel. «Pero no sólo se cuenta la historia de mi lucha para que se hiciera Justicia, también se habla del duelo, de cómo impacta un evento así a largo plazo, y de cómo el dinero distorsiona la Justicia», cuenta desde Zúrich, adonde se ha trasladado hace unos días desde su finca de frutales en Málaga. Vive a medio camino entre un sitio y otro.
Lo de que el dinero distorsiona la Justicia lo dice por la privilegiada posición económica del asesino, Bennet Von Vertes, quien tenía 30 años cuando cometió el crimen y era el heredero de un reputado marchante de arte y aristócrata. A los 24 años ya tenía galería propia. «La familia tenía tanto dinero que contrató a tres abogados para defenderlo [uno de ellos sólo para controlar lo que publicaban los medios de comunicación del caso], lo que indudablemente resultó en un veredicto más positivo para el asesino. Tuve que luchar como una loca hasta llegar a la Corte Suprema. Menos mal que tenía la capacidad intelectual, el dinero -tuve que vender mi piso en Zúrich- y la cabeza dura: no permito que no haya justicia para mi hijo», dijo.
Katja Faber, de 60 años, abogada aunque no ejerce, residió en Reino Unido hasta que, tras su divorcio del financiero británico B. J. Morgan, con el que tuvo tres hijos, se trasladó con los niños a Zúrich. Allí aterrizó Alex el 29 de diciembre de 2014 para pasar la Navidad con su familia. Venía de Londres, donde, tras licenciarse en Administración de Empresas, había empezado a trabajar en una inmobiliaria. Nada más llegar a Zúrich se cruzó con Bennet, al que conocía de la Universidad. Estuvieron todo el día juntos, de fiesta -ketamina y cocaína incluidas- y luego decidieron pasar la noche los dos solos en una de las lujosas villas de la familia de Bennet. La última imagen que Katja ha visto de su hijo es la de las cámaras de seguridad que lo grabaron entrando feliz en la mansión.
En el blog que la madre escribió para pedir justicia, relataba así lo que sucedió dentro: «[Alex] fue golpeado con un candelabro de un metro de altura, con estatuas de metal, repetidamente cortado en la cabeza con fragmentos de vidrio y estrangulado. Alex no pudo defenderse durante esta terrible experiencia. Sufrió más de 50 heridas sólo en la cabeza. Sin embargo, el asesino no se detuvo ahí. Después de infligir lesiones insoportables a Alex, se arrodilló sobre él, le abrió la boca a la fuerza y metió una vela dentro. Luego la empujó por la garganta de Alex hasta su esófago. Fue este acto final de barbarie lo que mató a mi hijo. Alex murió de asfixia en un charco de su propia sangre. Después de matar a Alex, el asesino subió y se duchó».
En 2017, Bennet fue juzgado y condenado a 12,5 años de prisión por el homicidio de Alex, por la agresión sexual a una ex pareja y por conducción temeraria. El ejército de abogados de Bennet recurrió y en la vista de la apelación -noviembre de 2019- triunfó la versión del homicida: la cocaína, la ketamina y el alcohol, aseguraba, le provocaron un brote psicótico y confundió a su amigo con «un extraterrestre verde con ojos rojos y orejas largas». Por eso lo agredió. La pena se redujo a tres años.
Katja no se rindió, apeló y logró que en abril de 2022 la Corte Suprema revirtiera el veredicto. Bennet fue definitivamente condenado a 12 años. En 2022, al cumplir tres cuartas partes de la pena, comenzó a salir a la calle. El 29 de diciembre de 2023, el día antes del noveno aniversario de la muerte de Alex, quedó en libertad definitiva. «Poco después, me enviaron lo que había puesto en su Instagram. Sale con la carota toda morena, el dedo como diciendo 'idos todos a la mierda' y el mensaje 'atrápame si puedes'. Yo, que soy un poco obsesiva, a través de las losas del suelo, los zapatos y las palmeras, encontré que estaba en Vietnam y Tailandia. De vacaciones».
Le preguntamos a Katja por qué hacer ahora un podcast, por qué remover de nuevo el dolor, por qué no pasar página. «He escrito mucho sobre el duelo en una revista especializada y en mi Facebook, y de alguna manera se ha corrido la voz y la gente que se encuentra en una situación similar me escribe. Les contesto a todos en persona, hago zooms, acompaño aquí en Suiza a gente a la que le han matado a un hijo o se ha suicidado. Y las historias son tan horrorosas que digo: 'Dios mío, quién hubiera pensado que hay cosas peores que lo que me pasó a mí y lo que tuvo que pasar Alex hasta que su corazón se paró... Recuerdo a una madre que me escribió porque su hijo había matado a su hija. Perdió a su hija y su hijo estaba en la cárcel. ¿Cómo se puede llevar eso? Y la gente me escribe diciéndome: 'Me siento entendido', 'Ya no me siento tan sola'. Por ellos he hecho el podcast».
En (In)Justice: Killer Privilege, Katja no sólo interviene como entrevistada sino que forma parte del equipo. Gracias a ella, por ejemplo, hablan los amigos de Alex o Joana Cacciatore, profesora de la Universidad de Arizona, especialista en duelo. Los Bennet, invitados, no quisieron participar.
Sobre si considera que se ha hecho justicia a su hijo, responde que no, «pero tampoco estoy por las noches despierta agonizando». «Creo que se ha hecho lo que se podía dentro de un sistema que falla a las víctimas. O sea, soy bastante realista».


