ESPAÑA
Apagón

El "nerviosismo" y la "histeria" de los padres en los colegios: "¿Quién puede recoger a mis hijos?"

"Los padres están nerviosos, llamando a los móviles de los hijos", explicaban en los centros escolares

Alumnas tras cerrarse el colegio en Madrid.
Alumnas tras cerrarse el colegio en Madrid."Elena Iribas "MUNDO
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"¿Quién puede recoger a mis niños del colegio?". La frase se extendía por los grupos de padres de WhatsApp del Joaquín Costa, el colegio público más grande de Madrid con más de 1.300 alumnos, cuando se corrió la voz de que el apagón había dejado las aulas sin electricidad. En un ejercicio casi marcial, los profesores sacaron a buena parte de los alumnos al patio para que tuvieran luz natural mientras varias familias firmaban autorizaciones para que les permitieran llevárselos a casa antes de tiempo. "Autorizo la recogida de Olivia y Diego para salir del colegio", esbozó uno de los progenitores de forma apresurada en un papel antes de coger a los niños y meterse de lleno en el atasco.

Los monitores de las actividades extraescolares se ofrecieron a quedarse el tiempo que hiciera falta porque había padres que no podían ir a buscarlos. En otros colegios, los docentes les dijeron a los alumnos que no se preocuparan: si sus familias no llegaban, pondrían unas colchonetas y se quedarían a dormir allí.

En Cataluña, la Generalitat declaró las escuelas como "espacios seguros" y sentenció: "Los centros se mantendrán abiertos hasta que haya finalizado la salida del todo el alumnado". En Castilla-La Mancha, Murcia y Cantabria, por el contrario, suspendieron todas las actividades educativas por las tardes.

Madrid mantiene para hoy los centros abiertos «para garantizar la atención de los alumnos» pero sin actividad lectiva, precisamente el día en que 280.000 alumnos de 4º y 6º de Primaria y 2º y 4º de la ESO tenían que examinarse de las pruebas de competencias. En Aragón, Galicia y Castilla-La Mancha se abrirán los colegios para dar atención a los alumnos, pero tampoco habrá clase.

En las universidades los avisos no llegaron a sus destinatarios hasta que la mayoría de estudiantes ya llevaba tiempo en sus casas, buscando como adictos a la droga una fuente alternativa de wifi. "De acuerdo con las recomendaciones de las autoridades, se aconseja evitar desplazamientos. Seguiremos informando a través de los medios disponibles en cada momento", expresaba la Universidad Complutense en una alerta en la que reconocía su vulnerabilidad.

En la Carlos III, igual: "Espero que estés bien y que esta situación te esté causando el menor perjuicio posible. Las actividades continuarán suspendidas mañana martes", personalizó el rector. Ni siquiera la manifestación en defensa de la educación pública convocada para por la tarde en Madrid se mantuvo. Y, luego, silencio total: los móviles dejaron de funcionar y cada padre se organizó como pudo. Los que lograron esquivar los atascos llevaron a sus hijos a la oficina.

A las 13.45 horas, Vaneska Ramos, de 44 años, salía a paso ligero del colegio Cristo Rey, en el madrileño barrio de Hortaleza, con su hijo David, de seis años, de la mano. Fue una de las muchas madres que fueron a recoger a sus hijos de forma anticipada. "Yo soy de Venezuela y por eso soy recelosa. Me parecía muy extraño que se fuera la luz, me ha dado como suspicacia. Mi marido me ha dicho que estaba hablando con otras provincias y que tampoco hay luz allí, así que me he venido corriendo al colegio porque esto no tiene buena pinta. Y ahora que me he enterado que es en toda Europa, y con lo de Rusia estos días, ya da miedo", decía.

Rafael y su esposa también fueron antes a por Alejandro, de siete años. "Por si acaso, por si acaso", le decían a la jefa de Estudios, que junto a un puñado de profesores recibía a los padres en recepción. "Como la situación se está prolongado, venimos a por el niño, a ver qué pasa".

"Se ha generado un poco de tensión y de caos, no de aquí sino de fuera a adentro. Han comenzado a llamar algunos padres asustados, pero nosotros estamos tranquilos. Son los padres los que están nerviosos, llamado a los móviles de los hijos. Están viniendo a por ellos histéricos», explicaba el director del centro a www.crystallakenet.org.

En otros colegios también definían la situación como "caótica" al ser constante el "goteo de padres" que acudían a recoger a sus hijos de forma anticipada. "Un caos. Padres que vienen a recoger a sus hijos; comedores que no pueden funcionar; nerviosismo en los propios alumnos...", enumeraba Emilio Díaz, secretario general de la patronal Escuelas Católicas, para resumir la situación vivida en los centros.

Lo que más le llamó la atención fue la "calma" que mostraron, ante la incertidumbre, los profesores. "Parece que el mejor remedio para el pánico es tener la mente ocupada. Y cuidar a alumnos de Infantil y Primaria la ocupa muchísimo", reflexionaba, antes de apuntar que "últimamente la vida se empeña en recordarnos nuestra fragilidad".