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El 17% de las familias con hijos vive en situación de pobreza laboral en España. La cifra se dispara en las familias numerosas, 35,5%, y llega hasta el 32% en las monoparentales. Sin embargo, considerando el conjunto de la población, este índice se reduce al 11,7%, una realidad que no deja de ser preocupante.
Esto se explica en gran medida por la imposibilidad de trabajar tanto como se desearía. Las jornadas parciales o la discontinuidad laboral impiden a muchas familias obtener ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas, a pesar de estar empleadas. Así lo recoge un informe publicado por Save the Children, Cuentas que no salen, en el que se analizan los factores que empujan a miles de familias trabajadoras a la pobreza. Entre los principales elementos que agravan esta situación destacan los salarios insuficientes y la baja intensidad en el empleo. A estos se suman el elevado coste de la crianza, el tipo de contrato, el nivel de formación, las brechas de género, la situación laboral de los adultos del hogar y el número de hijos a cargo.
"En el estudio se confirma la sospecha de que en aquellos hogares en los que hay hijos menores de edad hay más probabilidad de que estén en pobreza", desgrana la directora de Incidencia Social y Política de la organización, Catalina Perazzo.
Salario mínimo y tipo de contrato
Las diferentes subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) han contribuido a que quienes disponen de un contrato a jornada completa y trabajan de forma continua puedan superar el umbral de la pobreza. Sin embargo, cuando la intensidad laboral es baja -trabajando pocas horas o de forma intermitente-, los ingresos resultan insuficientes. Esta es una realidad común entre quienes tienen empleos a tiempo parcial involuntario o contratos temporales de corta duración, para quienes el salario generado no alcanza para escapar de la precariedad.
Partiendo de esta base, el Comité Europeo de Derechos Sociales ha advertido que la inflación iniciada en 2022 ha devaluado el valor real del SMI, por lo que las subidas no generan del todo la ayuda necesaria para que las familias con menos recursos se vean beneficiadas.
Por otra parte, el tipo de contrato es otro factor determinante para solventar esta cuestión. Existe una tendencia estable en lo referente al empleo intermitente -aquellos contratos de menos de un año- que evidencia que muchos trabajos sólo pueden desarrollarse durante periodos limitados. ¿Por qué se produce eso? Las jornadas reducidas y la alta rotación son un síntoma de un mercado laboral que prioriza empleos mal remunerados. El resultado es que el 29% de personas en riesgo de pobreza desempeña empleos discontinuos y el 48% firma contratos temporales, una situación que afecta especialmente a los colectivos más vulnerables.
Brecha de género
La brecha de género también es un factor que promueve la pobreza. Como las mujeres trabajan en promedio menos días al año que los hombres (288 frente a 296), y dado que un mayor porcentaje de ellas (43,5%) no trabaja de forma continua durante todo el año (frente al 39,9% de los varones que sí lo hacen), muchas se concentran en empleos de intensidad media -entre 250 y 300 horas anuales-. En general, ellas se inclinan más por el trabajo a tiempo parcial para poder conciliar, lo que limita aún más sus ingresos.
Y es que el número de hijos en el hogar incrementa notablemente el riesgo de pobreza laboral. Según el estudio publicado, en familias con dos adultos donde sólo uno trabaja, la tasa de pobreza se sitúa en el 21%; cifra que aumenta al 33% con un hijo; al 38,8%, con dos, y que toca un techo del 63% cuando hay tres o más menores a cargo.
Sumemos ahora el elevado coste de la crianza. Mantener a un hijo supone de media 758 euros al mes; 9.000 euros anuales. Esta cifra deja márgenes muy reducidos para cubrir otras necesidades básicas. En una familia con dos adultos y un hijo, ese margen sería de poco más de 21.000 euros, mientras que con dos hijos se reduce a 12.048 euros. Perazzo argumenta que "en un país con un reto demográfico, donde nacen menos niños de los que deberían, no poder llegar a fin de mes o ver que, aunque trabajes, no puedes cubrir las necesidades de tus hijos, también desincentiva tenerlos."
Cabe destacar que los hogares monoparentales con un hijo a cargo tendrían apenas 6.000 euros anuales por encima del coste de crianza, cantidad insuficiente para garantizar el bienestar de la persona adulta. En esta línea, el estudio subraya que este tipo de familias son altamente feminizadas: en el 78,3% de los casos, la mujer lleva los pantalones en la unidad familiar.
Propuestas
Ante esta realidad, Save the Children ha propuesto una serie de medidas centradas en políticas públicas. Todas ellas se encuadran sobre tres ejes -calidad del empleo, posibilidad de conciliar y acceso a ayudas-, y la organización estima que el coste total que habría de asumir el Gobierno para ejecutar estos programas ascendería a 5.700.000 euros.
En primer lugar, sugieren mejorar la calidad del empleo a través de incentivos a las empresas, formación y recualificación profesional, flexibilidad horaria y una actualización de las políticas activas de empleo con perspectiva de familia e infancia.
La segunda medida es la mejora de las condiciones de conciliación mediante compensaciones por reducción de jornada por cuidados, ampliación de permisos por nacimiento y el desarrollo de programas públicos de cuidados que permitan una participación laboral equitativa.
Por último, se plantea el fortalecimiento del acceso a prestaciones familiares y proponen la implementación de una prestación universal por crianza, así como la mejora en el acceso a subvenciones focalizadas en el Complemento de Ayuda a la Infancia.
