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Más madera

La guerra generacional en Vox eleva el riesgo de escisión "tradicionalista": los jóvenes se rebelan contra la "hispanchidad"

Los duros, con Gallardo como referente, "diseñan" ya un modelo de partido más intransigente con la inmigración hispanoamericana y más volcado en vivienda y pensiones

Juan García-Gallardo, en una entrevista con este medio en 2024.
Juan García-Gallardo, en una entrevista con este medio en 2024.Alberto Di Lolli
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La estrategia operativa de Vox pivota sobre cuatro o cinco ideas muy simples, pero eficaces. La primera es que la formación nació para depredar al PP. Por principios y por vocación esencialista. La segunda es que no existe la vida orgánica, sino la más pura verticalidad: las decisiones las toman, básicamente, Santiago Abascal y sus consejeros áulicos, Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza. La tercera es que el líder apenas se deja ver. ¿Por qué no, si mantenerse a resguardo de la erosión mediática le funciona? La cuarta es que Vox ha dejado ya de tener trazas liberales, y la prueba es que ahora el PP tiene más sintonía con Iván Espinosa de los Monteros.

Y la quinta es que su oposición implacable a la inmigración es el pilar de carga de toda la política del partido, a lomos de un discurso duro que aboga por cerrar el paso a quienes llegan a España huyendo de sus países... excepto si provienen de Hispanoamérica. La «Iberosfera» es el concepto al que se aferra Vox en su programa: «La identidad nacional de España se forjó en su historia conjunta con las naciones de la Iberosfera. Nuestra política de inmigración atenderá de forma prioritaria a los ciudadanos procedentes de las naciones que comparten idioma».

Pues bien, ese principio esencial de Vox está ahora en cuestión. Tanto, que podría provocar incluso una escisión del partido, según ha sabido EL MUNDO de fuentes conocedoras de los movimientos que se están fraguando en la sombra. El ala joven de la formación, liderada entre otros por Juan García-Gallardo, se rebela contra la preferencia «prioritaria» por la inmigración latina, contra el excesivo acercamiento de la cúpula de Bambú al sionismo y contra todo aquello -vivienda, pensiones- que ahoga a los jóvenes.

En pleno auge demoscópico, en la formación se está larvando una batalla generacional que amenaza con desembocar en un cisma de los «tradicionalistas». «Gallardo está haciendo movimientos y la gente joven lo sigue con pasión; la cúpula se confundió con él», aseguran fuentes cercanas al ex vicepresidente de la Junta de Castilla y León, que salió de mala gana de la política por «discrepancias» con Abascal, que rompió con el PP en cinco regiones por acoger a menores inmigrantes sin acompañar.

Según estas mismas fuentes, los afines a Gallardo ya han dibujado los contornos que debería tener un nuevo proyecto político: «Han hecho un diseño de partido muy ideologizado, con planteamientos muy definidos por el tradicionalismo católico, pero no van a dar aún el paso, porque cuesta mucho dinero», asegura un cargo con el que han compartido sus planes. «Y él sigue con su idea de alternativa en Vox y tiene ganas de estar en la batalla política, y no se amilana ante las críticas de Hermann Tertsch y otros», explican las fuentes.

Gallardo comenzó a rebelarse contra la idea de la preferencia migratoria hispanoamericana a finales de agosto. «Se independizaron, pero ahora tenemos que acoger y nacionalizar a millones de ellos. ¿Es eso lo que nos queréis decir?», tuiteó, en una referencia clara a su partido. Y este mismo lunes volvió a la carga contra las iglesias evangélicas que proliferan entre los latinoamericanos de Madrid. «A mí me dijeron que había que acogerlos a todos porque son católicos... Pues va a ser que no tanto», aguijoneó. Quienes se lo «dijeron» trabajan en la calle del Bambú.

Muchos activistas de la órbita joven de Vox quieren impulsar la escisión y que la lidere Gallardo. Han rebautizado la idea de la «Iberosfera» con un calificativo despectivo: «Hispanchidad». Porque a los hispanoamericanos los insultan llamándolos panchitos o panchos.

Entre los perfiles más deseados por la corriente gallardista está el diputado Carlos Hernández Quero, portavoz de vivienda de Vox. Él sería el fichaje soñado. Hernández Quero, de hecho, se sumó a las quejas de Gallardo contra el influencer boliviano de extrema derecha Carlitos de España, que tuiteó: «No nos toquéis el coño a los panchos en Cataluña con el catalán porque en breve seremos mayoría frente a los catalanes». Hernández Quero le contestó que eso «es apología de la sustitución demográfica. Da igual que se haga con chilabas, a machetazos o regalando el oído a cuatro despistados». Luego lo borró.

Otro vector de unión de una parte no desdeñable de los arietes jóvenes de Vox es cierto distanciamiento de Netanyahu: «Desconfiamos de los judíos», explica uno de ellos. Y eso chirría con Vox, al que un informe de la Coalición Europea por Israel situó como el partido más proisraelí de la Eurocámara.

"Quienes quieran aportar tienen las puertas del PP abiertas"

El PP sueña con reconquistar el electorado fronterizo con Vox, que ha basculado en el último año claramente hacia Santiago Abascal. Para ello, va a seducir a los «liberales» de Vox, claramente abandonados en los últimos años por la cúpula de Bambú. En Génova creen que Iván Espinosa de los Monteros, que mañana presenta su 'think tank', Atenea, simboliza muy bien ese espectro, y coquetean con la idea de tentarlo, pero sin mojarse. La portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, dijo ayer que «todos aquellos que quieran aportar tienen las puertas abiertas» a su partido.

La censura sí es tortura: ojo con la ILP antitaurina

La iniciativa legislativa popular (ILP) para la censura de la cultura taurina se adimitió ayer a trámite en la Comisión de Cultura del Congreso. La clave es qué votará el PSOE. «Ni prohibir, ni promover», dijo su portavoz. Pero esa afirmación choca con la Constitución, que en su artículo 46 habla precisamente de que los poderes públicos «promoverán» el patrimonio cultural y artístico legalmente establecido como tal, como la tauromaquia. De hecho, así lo sentenció el Constitucional cuando declaró inconstitucional la prohibición catalana.