ESPAÑA
Crónica

Julia, la maltratada sevillana que intentó suicidarse porque la pulsera de Igualdad "no funciona, incluso dice que yo le persigo a él"

EL MUNDO habla con una víctima de las pulseras que ha denunciado numerosas veces a su agresor por quebrantar la orden de alejamiento, pero los jueces se vieron obligados a archivarlas siempre porque los informes de Cometa geolocalizaba mal tanto a su agresor como a ella misma

Julia, víctima de violencia de género y de los fallos en las pulseras contra los maltratadores.
Julia, víctima de violencia de género y de los fallos en las pulseras contra los maltratadores.Alberto di Lolli
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A veces suceden cosas tan increíbles como intolerables. Julia llega a su cita con el fotógrafo el pasado viernes en Sevilla. La mujer, de 48 años, llegó a intentar suicidarse en octubre pasado porque la pulsera telemática que teóricamente la protegía de su maltratador no sólo no funcionaba, sino que en realidad «él la usaba y la usa para torturarme», dice.

La pulsera del Ministerio de Igualdad geolocalizaba tan mal que, aunque Julia le denunció media docena de veces y él llegó a quebrantar el alejamiento «hasta 30 veces un fin de semana», los jueces se vieron obligados a archivarlo siempre: los informes de Cometa decían que era ella la que le perseguía a él. Él la merodeaba, su abogada y ella llegaron a reunir «tres libros» de violaciones de la orden de alejamiento impuesta por el juez, pero nada se pudo demostrar.

Sumida en un profundo sufrimiento y desesperanza, Julia intentó quitarse la vida y sólo la salvó que su hijo, alertado por la abogada, tiró la puerta de casa y la halló agonizando.

Eso fue en octubre pasado, pero la pulsera sigue funcionando tan mal -aunque la ministra de Igualdad, Ana Redondo, haya repetido que protegen a las mujeres perfectamente- que ahora, un año después, cuando EL MUNDO consigue que Julia acceda a contar su historia, la mujer llega a la cita... Y vuelve a pitar: el móvil que ella siempre lleva encima para avisarla si él vulnera la orden de alejamiento se pone a pitar y pitar. «¿Ves? ¿Ves?», y se echa a llorar.

El fotógrafo se asusta. ¿Y si el maltratador aparece? Julia llama a Cometa y graba una vez más la conversación -«lo hago varias veces al día», dice desesperada-, pero no aparece nadie. «¿Ves? Es así todo el tiempo, llamas y no pasa nada. ¡¿Cómo pueden decir que esto funciona bien?!». Cada policía de control de víctimas en peligro extremo tiene asignadas a casi un centenar de mujeres: no dan abasto. La mujer no para de llorar. El fotoperiodista se queda un rato con ella, se asegura de que no sucede nada, termina dejándola en lugar seguro.

Julia muestra los mensajes recibidos en su móvil sobre la geolocalización de su maltratador.
Julia muestra los mensajes recibidos en su móvil sobre la geolocalización de su maltratador.Alberto di Lolli

Al hombre que violó a Julia le pusieron la pulsera el 12 de mayo de 2024, «y desde el principio se dedicó a torturarme, a acercarse a mí, a amedrentarme». El 5 de octubre de 2024, hace ahora justo un año, harta de denunciar quebrantamientos que la pulsera de Vodafone/Securitas era incapaz de demostrar -como admitió la Fiscalía en su memoria anual hace dos semanas-, intentó suicidarse.

PIDA AYUDA EN CASO DE CONDUCTA SUICIDA

La mayoría de muertes por suicidio son prevenibles y evitables. No responden nunca a una única causa y detrás de ese sufrimiento y desesperanza que sufre la persona se entrelazan factores de tipo biológico, psicológico, social, económico y cultural.

Si usted o alguna persona cerca necesita ayuda emocional por ideación suicida llame al 024, si se trata de una emergencia no dude en llamar al 112. En caso de maltrato puede recibir asistencia específica en el 016.

«Y luego poco ha cambiado», dice Rocío Ruiz, la abogada de ella. «No hemos conseguido que ningún juez meta a este tío entre rejas pese a que es un acosador de libro... Julia dice que es un asesino sin manos, porque el terror que siente es constante y las autoridades no la defienden, la abandonan: la pulsera es un desastre y los jueces, con esos informes de Cometa, no pueden meter a este tipo en la cárcel, que es lo que deberían hacer».

Los fallos en los informes impiden que se pueda actuar contra él

Para la letrada, «incluso los jueces son víctimas de estas pulseras, porque no pueden hacer justicia». Cuenta cómo en una de esas denuncias de ella, después de que el magistrado de turno la archivara porque, de nuevo, Cometa dijo que no había quebrantamiento, minutos después Julia y su abogada se encontraron al acosador «en el bar junto a los juzgados, sin que la pulsera pitara».

«Cogí», dice Rocío Ruiz, «y con las mismas me subí al juzgado, y le dije: 'Señoría, es que el tipo está ahí, en el bar de al lado, riéndose de nosotras... Y el juez bajó y le dijo: 'Oiga, váyase de aquí, tiene usted una orden de alejamiento de esta mujer'». «Es alucinante lo que está pasando con esto de las pulseras y más alucinante aún que digan que no pasa nada. Es una vergüenza y una burla absoluta».

La historia de Rocío Ruiz con su clienta Julia, cuyo nombre es supuesto, es el paradigma del quiero y no puedo de la protección pública de las 4.800 maltratadas en riesgo extremo en España. «La conocí en una guardia del turno de oficio», cuenta Rocío. «Ves a veces mujeres que usan la denuncia como algo instrumental, pero era muy claro que ella estaba sufriendo de verdad. Era chica de compañía, muy mona, y debía de ser muy buena en lo suyo, porque conocía a toda Sevilla, lo mismo en casas de citas que en hoteles 5 estrellas».

«Ella», sigue la abogada, «tenía incluso familia, hijos, un entorno, pero apareció este cliente que se enganchó con ella, y consiguió someterla, en parte metiéndola en la droga dura». Tras varias denuncias archivadas por falta de pruebas, en octubre de 2023 Julia denuncia que él la ha violado sodomizándola sin consentimiento. Rocío le consigue una orden de alejamiento, «pero ya sabes cómo son estos casos: luego ella desaparece, no ratifica la denuncia, yo sabía que seguía con él, la escribía y me decía que la dejara en paz, que estaba perfectamente... Pero yo intuía que no era así».

Rocío se va incluso a ver a la juez que había interpuesto la orden, la de Violencia contra la Mujer 1 de Sevilla, «y juntas pensábamos que había que seguir encima, que era un caso que había que observar» -lo que viven las personas vinculadas a estos dramas sólo lo saben ellas-.

En mayo de 2024, una bronca entre el hijo de Julia y el agresor, que estaba prostituyéndola, termina con una paliza a ella. El 21 de ese mes a él le colocan la pulsera y ella rompe amarras: deja de prostituirse, comienza a trabajar «en una cafetería», trata de rehacer su vida. «Ya sabes», dice Rocío, «algo muy difícil. Lo que no imaginábamos la juez y yo era que ahí iba a empezar el verdadero infierno».

El nuevo contrato de pulseras, el adjudicado por Irene Montero y gestionado por Ana Redondo a Vodafone, acababa de comenzar. «Él empezó a merodearla sin parar, y aquello funcionaba tan mal, que incluso a veces yo dudaba de que ella me dijera la verdad... Hasta el intento de suicidio. Ahí le dije: 'No voy a volver a dudar jamás de ti'».

Ahora, con la pulsera pitando «varias veces al día», como lamentablemente ha comprobado este periódico, Julia saca fotos del dispositivo, se geolocaliza a sí misma e incluso graba las llamadas a Cometa. «Y es lamentable», dice Rocío, «te contestan teleoperadores sin formación ninguna, que sólo saben decir: 'No se preocupe, no va a pasar nada, está usted segura'. Pero no recogen bien los datos, ni hacen nada».

Las denuncias de todos estos meses con la pulsera pitando -«y él incluso se la ha quitado dos veces, que sepamos»- no han llegado a nada «porque los datos de Cometa luego nunca acompañan: Julia está en un sitio y el sistema la localiza en otro, lo hemos comprobado decenas de veces».

El lunes pasado, el colmo de la impotencia: en la vista por las dos denuncias que sí han prosperado, las de las agresiones de octubre de 2023 y mayo de 2024, el abogado del agresor consigue un aplazamiento arguyendo que los testigos de ambas partes han de ser presenciales. Aplazamiento hasta... mayo de 2026. «Así funciona la justicia, lamentablemente».

Noelia, psicóloga, nos permite hablar con Julia, pero estando ella presente: «Es muy muy vulnerable». Son apenas unos pocas frases. Noelia teme remover más de la cuenta, y nosotros también.

«Es que es increíble», dice Julia, «me exigen a mí que demuestre dónde estoy, no a él. La pulsera funciona tan mal que acaba protegiéndole a él. Ahora saco fotos a todo, grabo todo... Y da igual. Mira, viniendo ahora a la psicóloga me ha pitado el dispositivo y he tenido que llamar yo a Cometa, porque ellos no me llaman a mí».

¿Y cómo se vive algo así? «Es completamente agotador. Yo he estado un casa sin salir, de baja de mi trabajo en la cafetería. Esto te destroza. Él ataca a la mente. Tienes que explicar allí donde vas lo que vives. Me acabé cortando en mi trabajo porque la pulsera no dejaba de sonar. Y judicialmente, y el Ministerio, no hacen nada. Nada. Nada».

Noelia da por terminada la conversación. Un rato después, la pulsera pita de nuevo.