El interventor 'viral' del Iryo que puso calma en la tragedia de Adamuz
Carlos Castillo, un venezolano de 32 años afincado en Aranjuez, se ha convertido en el rostro de la resiliencia tras el trágico accidente ferroviario en Adamuz, que se saldó con 45 víctimas mortales. Su imagen, ataviado con un chaleco amarillo y calmando con una profesionalidad abrumadora a los pasajeros del tren 6189 Málaga-Madrid, se volvió viral mientras el caos reinaba en las vías.
Lo que pocos conocían es que Castillo no debía estar en ese tren. Aquel domingo terminaba una baja médica, pero él mismo solicitó a su doctor volver al trabajo antes de tiempo para reencontrarse con sus compañeros. "Ya estaba bien, me apetecía el viaje", recuerda ahora con una mezcla de asombro y pesar.
El interventor relató que el impacto inicial fue confuso; al principio, intentó tranquilizar a los viajeros bromeando con el atropello de un jabalí, pero la violencia del descarrilamiento y la activación del freno de seguridad interrumpieron sus palabras. A pesar de sufrir cortes por cristales, Castillo recorrió los vagones 6, 7 y 8, donde se concentró la tragedia. En medio de la "negrura absoluta" del campo, coordinó la evacuación y evitó que pasajeros desesperados saltaran al vacío desde el lateral del coche 8, que había quedado volcado.
La intervención de sanitarios que viajaban como pasajeros y la "gallardía" de los vecinos del pueblo fueron cruciales en una noche gélida donde se descubrió que un segundo tren, un Alvia, también estaba implicado. Castillo salió en defensa de la interventora de dicho tren, quien ha sido injustamente juzgada en redes sociales a pesar de haber sobrevivido milagrosamente al impacto.
Hoy, Castillo lucha contra el insomnio y las secuelas psicológicas. Aunque agradece el apoyo de Iryo, aprovecha su visibilidad para reclamar mejores salarios y mayor respeto para una profesión que a menudo enfrenta insultos xenófobos y agresiones. Además, advierte que la vibración en los trenes ha aumentado desde 2023. Su confesión final es demoledora: "Tenemos miedo de subirnos a los trenes", una realidad que comparten muchos de sus compañeros tras vivir el horror en primera línea.

