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Elecciones Europeas

El terremoto electoral en Francia y Alemania acelera el proceso para la renovación comunitaria

Sánchez y Scholz serán los negociadores de unos socialistas tocados que se abren a respaldar a Von der Leyen si ella no pacta con la ultraderecha y ellos obtienen el Consejo Europeo

Von der Leyen recibe un ramo de flores de sus compañeros de partido.
Von der Leyen recibe un ramo de flores de sus compañeros de partido.ODD ANDERSENAFP
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Los últimos tres meses han sido una montaña rusa, logística y emocional, en la alta política europea. En marzo, cuando lanzó su candidatura para seguir al frente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen parecía imbatible e incuestionable. Pero una serie de errores absurdos (como el nombramiento fallido de un amigo de su partido para un puesto a dedo de 20.000 euros al mes), su exceso de confianza que la llevó a cerrar acuerdos con Túnez o Egipto sin escuchar al Colegio de Comisarios o a los gobiernos, o su posición sobre la guerra de Israel en Gaza lo sacudió todo.

De golpe la favorita veía puñales en la mano de amigos y enemigos, presión asfixiante desde París, críticas inéditas en la prensa y la Eurocámara. Y salió su lado más vulnerable. Sin embargo, los resultados de las elecciones, y sobre todo el terremoto en Francia y Alemania, ha vuelto a cambiar el rumbo y el ritmo, y la alemana parece ahora mejor posicionada para un proceso veloz.

No lo tiene despejado, pero la aplastante victoria de su partido, la CDU, en Alemania, y la amplia mayoría del Partido Popular Europeo, que tras tres elecciones seguidas menguado recupera escaños siendo ella el rostro visible, la candidata obvia y la persona que ha ido por todas las capitales recabando apoyos, lo ha allanado. El domingo por la noche, el presidente popular, Manfred Weber, conocido enemigo de Von der Leyen no pidió, sino que exigió a socialistas y liberales que ante los números del recuento aceptaran que la presidencia de la Comisión debía ser para ellos, para ella. Y estos, y los ecologistas, todos perdedores en las urnas parecen dispuestos a aceptarlo, al menos en uno de los dos niveles.

El primero es el del Consejo Europeo, y ahí la cosa es inestable. La decisión de Emmanuel Macron de disolver la Asamblea Nacional le pone en una situación delicada. No puede permitir que Von der Leyen tienda la mano a líderes como Georgia Meloni, porque es legitimar a su rival Marine le Pen. Pero al mismo tiempo, a él no le queda más remedio que hacerlo en las cumbres y grandes decisiones europeas. Olaf Scholz está atrapado sin salida tras sus malos datos.

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Cada Gobierno escoge a sus candidatos, pero sería rarísimo que el canciller no apoyara a una alemana para repetir en el puesto más importante, sobre todo cuando está recogido y firmado en el pacto de coalición que tiene ella en Berlín. Con los números de la CDU está casi obligada o presentar a Von der Leyen, que el lunes, desatendiendo sus labores, se presentó en Berlín para presionar.

Precisamente, Scholz será el negociador socialista en las próximas semanas, junto al español Pedro Sánchez. El calendario ahora es frenético. El objetivo del presidente del Consejo Europeo, es que a finales de este mes, en una cumbre en Bruselas, los líderes pacten la presidencia de la Comisión, el Consejo Europeo, la Eurocámara y el alto representante para la Política Exterior. Para que la Eurocámara pudiera, si hay tiempo, ratificarla en julio.

Pero además, habrá numerosas citas, empezando por el G7 de Apulia esta misma semana, la conferencia de paz para Ucrania en Suiza o una cena informal en Bruselas el lunes 17 de junio. A ese calendario se le suma la campaña electoral gala y el voto. Y luego la OTAN y quién sabe si más cumbres extraordinarias para finiquitar.

El segundo nivel es el del Parlamento. Incluso si Von der Leyen pasa el primer trámite, necesita una mayoría entre los eurodiputados, y en 2019 la sacó por un escaso margen de ocho. Ahora los cuatro grupos considerados europeístas en bloque la tienen, pero más escasa.

Ella tiene muchos enemigos, incluso entre sus filas, y la votación es secreta. Socialistas y liberales en la cámara dicen que respetarán el sistema si ella se ciñe a esa coalición. Los Verdes, en el mismo estrado el domingo por la noche, dijeron lo mismo. Unos piden que el Consejo Europeo vaya a un socialista, quizás el portugués Costa. Y los liberales, a pesar del hundimiento, aspiran al alto representante. Lo que le daría como poco la Eurocámara a los populares también. Era el escenario hace dos meses y tras mucho movimiento parece volver a serlo ahora, con el nuevo mapa ya claramente definido. La distribución para esbozada, pero las piezas no tienen nombre, no todas.

Ahora hay prisa para no dar margen a las sorpresas, a las traiciones, a más errores. El PPE es el más fuerte y tiene casi la mitad de las sillas del Consejo Europeo, pero ninguna de las cuatro grandes. Von der Leyen tiene rivales fuertes en casa, desde la maltesa Roberta Metsola al griego Mitsotakis, pasando por el croata Plenkovic.

Todos jóvenes y en el momento exacto para una carrera europea o para un salto de nivel. Y Charles Michel hará todo lo posible para dificultarle el camino a la alemana y poner nombres nuevos en la mesa. No hay nada cerrado pero en tiempos de zozobra, la UE intenta evitar más incertidumbre, tensión, sorpresas. Mejor malo conocido, sobre todo si está debilitada, debe favores en todas partes y tendrá que contenerse.