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Joseph Nye, profesor emérito de Harvard: "Los votantes de Trump y su personalidad son muy imprevisibles"

Además de académico, fue asesor del Pentágono y asistente del secretario de Defensa durante la presidencia de Clinton

Joseph Nye durante una entrevista realizada en Tokio, el 2022.
Joseph Nye durante una entrevista realizada en Tokio, el 2022.Yomiuri ShimbunAFP
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A sus 87 años, Joseph Nye aún sigue cazando, "pero poco". Y, desde luego, no ha dejado la pesca. Su despacho de la Universidad de Harvard era buena muestra de ello, con una impresionante foto del académico con un caribú en Alaska, algo que contrastaba con la imagen que muchos tienen de Nye como un ser que se ha pasado la vida en las bibliotecas donde, además, ha desarrollado una teoría de las relaciones internacionales que muchos halcones en política exterior tienden a considerar como innecesariamente blanda.

Además de su trabajo como investigador, Nye fue asesor del Pentágono durante varias décadas y, aunque apoyó a Hillary Clinton en las primarias demócratas de 2008, Barack Obama estuvo a punto de nombrarlo embajador en Japón hasta que, en un gesto típicamente estadounidense, el entonces presidente dio ese cargo a uno de los mayores donantes de su campaña electoral.

Hoy, Nye es profesor emérito en la universidad de Harvard y copresidente del Grupo de Estrategia de Aspen Institute, un selecto grupo de análisis en el que están el secretario de Estado y el consejero de Seguridad Nacional, que se reúne cada mes de julio a puerta cerrada por estas fechas en Colorado.

El hecho de que Donald Trump haya escogido a J. D. Vance como candidato presidencial, ¿prefigura más aislacionismo en EEUU?
Es difícil saberlo. La elección de Vance probablemente sea más un indicador de cuáles pueden ser las prioridades de una segunda Presidencia de Trump que dé un giro al aislacionismo puro y duro. Vance no defiende el aislacionismo, sino que Estados Unidos se centre en Asia, lo que significa recortar el apoyo a Europa y a la OTAN. Al nombrarle candidato a la vicepresidencia, Trump conecta con el ala del Partido Republicano que tiende a centrarse en política nacional más que internacional.

Lo curioso es que tradicionalmente los republicanos eran internacionalistas y se centraban en Europa. Ahora, la base del Partido Republicano -ese 25%-30% de seguidores a ultranza de Trump- es la que mira más hacia el interior del país y, cuando lo hace hacia el exterior, da primacía a Asia sobre Europa.
¿Puede ser eso un reflejo del cambio de la política interna de EEUU? El Partido Republicano es hoy el de las personas con niveles educativos y de ingresos bajos. A ese segmento de la población no le gustan las élites internacionalistas, y puede preferir a los "industriosos asiáticos" en lugar de a los "vagos europeos".
No creo que las bases de Trump prefieran a los "industriosos asiáticos" frente a los "vagos europeos", sino, más bien, que temen más a los asiáticos que a los europeos. Pero en EEUU el aislacionismo no es nuevo. Desde 1974, el think tank Chicago Council on Global Affairs hace cada año una encuesta en la que pregunta a los estadounidenses si el país debe tener una política exterior activa o aislacionista, y en estos 40 años, más o menos, los resultados siempre estado en torno a un 70% que prefieren una política exterior activa frente a un 30% que son aislacionistas. Gran parte de ese 30% se ha ido con Trump.

Pero, de ese porcentaje, habría que ver cuántos quieren una política completamente aislacionista, cuántos quieren poner más énfasis en China, cuántos quieren romper con Europa y con la OTAN, etc. La coalición de votantes que apoya a Trump y la personalidad de Trump son muy imprevisibles.
¿Estamos en el momento de mayor división política en EEUU en materia de política exterior desde esa época de los 30 y principios de los 40?
Sí y no. La cosa es más como un péndulo. En los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial hubo una división tremenda en el país en política exterior, que sólo acabó cuando se planteó la necesidad de estar unidos contra Alemania y Japón, primero, y luego, ya en la Guerra Fría, contra la Unión Soviética. Pero incluso en los primeros años de la Guerra Fría hubo líderes como el senador republicano Robert Taft, que quería que EEUU volviera al aislacionismo.

Eso se superó con el llamado consenso de la Guerra Fría, hasta que, cuando ésta terminó, se extendió la idea de que no iba a haber más problemas internacionales y se redujo el presupuesto de Defensa y los programas de poder blando.

Ahora el péndulo ha vuelto a moverse, porque hemos vuelto a un periodo de confrontación entre grandes potencias. Pero con una diferencia: la opinión pública de EEUU no se pone de acuerdo sobre qué potencias se trata ni en cómo confrontarlas, de modo que el problema para el ganador de las elecciones de noviembre va a ser definir una estrategia coherente cuando el país está tan dividido.
Taft fue derrotado por un internacionalista, Dwight D. Eisenhower, en las primarias republicanas de 1952. ¿Necesita el Partido Republicano un nuevo Eisenhower?
Eisenhower o Reagan fueron capaces de generar en el Partido Republicano una estrategia internacional coherente. No sabemos si Trump lo hará. Muchas veces, Trump dice una cosa, y muchos de sus asesores más cercanos dicen no sólo lo contrario, sino tres o cuatro cosas diferentes. Encima, el historial de Trump en su primer mandato es decir y hacer cosas inconsistentes. Y no parece que haya dejado ese hábito.
Esta semana Trump ha puesto en duda que EEUU defendiera a Taiwan de una invasión de China.
Exacto. Ése es un ejemplo de esa inconsistencia. ¿Era una posición política con consecuencias reales? ¿O sólo una buena frase para su base? Nadie lo sabe.
La política exterior ha sido tradicionalmente una cosa de élites. ¿Es de extrañar que en una época de populismos antielitistas, una parte de la opinión pública rechace que los países entren a formar parte de organizaciones internacionales o estrechen relaciones con otras naciones?
El peligro es que, si la población y las élites no van juntas, la política fracase. En EEUU, en los años 30, hubo una profunda corriente aislacionista. El presidente Franklin Roosevelt intentó que la gente cambiara de parecer y viera el auge de Hitler y los cambios en Japón como una amenaza, pero fracasó, y la opinión pública no cambió hasta que Japón atacó Pearl Harbor.

La gran cuestión hoy es hasta qué punto podemos educar a la población para que no tenga que haber otra catástrofe como aquella para que la actitud de la política exterior cambie. Eso es visible en el caso de Ucrania. La guerra en ese país no es un problema de Europa Oriental, es un problema mundial.
¿Está preparado el mundo para la llegada del Sur Global?
El Sur Global ya ha llegado. Hay países en ese grupo, como India, a los que les está yendo realmente bien. A mí me preocupa África, que va a tener el mayor aumento demográfico justo cuando le estará golpeando el cambio climático, lo que se suma a su migración y los problemas institucionales de los países. Si EEUU y la UE desarrollan una estrategia para el Sur Global van a tener que pensar cómo pueden ayudar a África. La OTAN, aunque tenga que centrarse sobre todo en Ucrania, no puede dejar de lado el norte de África.