El culebrón político-amoroso del año en Washington ha dado dos giros adicionales en los últimos días para delicia de dos de las profesiones más cotillas que existen en la ciudad que hizo del gossip cruzado un arte. Hace unas semanas, la revista New York anunció que suspendía temporalmente a su reportera estrella, Olivia Nuzzi, tras descubrir la dirección que mantenía una relación personal con Robert K. Kennedy Jr, hijo de Robert Kennedy y sobrino de JFK. Que en ese momento acababa de renunciar a sus aspiraciones presidenciales en favor de Donald Trump, en cuya campaña se integró de manera un tanto confusa.
La noticia sacudió los pasillos del poder, pero más en el mundo de la información que en el de la política. Kennedy, casado en terceras nupcias con la actriz Cheryl Hines, es conocido por haber tenido affaires en el pasado, pero también por todo tipo de extravagancias, como decir que había matado un oso, lo había metido en su maletero y luego abandonado en medio de Central Park, en Nueva York. O, como dijo esos mismos días en los que se destapó todo, que había cortado la cabeza de una ballena varada con una sierra eléctrica y se la había llevado a casa.
La parte de Nuzzi, la estrella creciente de su revista y con un acceso muy grande en el nuevo partido republicano, era problemático porque ella y el político se habían conocido meses antes, precisamente cuando escribió un perfil sobre él para su publicación y ella no informó a sus jefes del vínculo que se había ido creando. Y gracias a ese silencio siguió escribiendo de política, informando de las campañas de sus rivales o incluso escribiendo artículos con Biden y sus capacidades negativas mientras mantenía algún tipo de relación más que personal con uno de los tres personajes de la batalla electoral. Por no hablar de que había sido, hasta que él descubrió la infidelidad, pareja de Ryan Lizza, uno de los periodistas políticos más influyentes de EEUU y coautor de la newsletter diaria de Político, la agenda con la que se despierta todo el que pinta algo en Washington cada mañana.
La revista apartó a Nuzzi, Lizza acordó con sus jefes que no escribiría ni estaría cerca de nada que afectara a Kennedy Jr. y el político aseguró que no había nada y sólo había visto una vez en persona a la periodista, cuando ella escribió sobre él y pasaron tiempo juntos. Pero desde entonces todo se ha enrevesado, con un cruce de reproches, acusaciones, ataques e incluso, ahora, denuncias en los tribunales con acusaciones gravísimas.
El que dio el primer paso fue Kennedy Jr., o más bien su equipo, usando toda la maquinaria del poder para quitarse presión y culpar de algo, de todo, a Nuzzi. El entorno del político, díscolo pero parte de uno de los clanes más poderosos de la historia reciente de EEUU, aseguró que no habían tenido ningún romance, que en ningún momento hubo contacto físico y que todo se había tratado de un acoso por parte de la periodista, "obsesionada", según ellos, con Kennedy. Ella habría enviado mensajes constantes y fotos desnuda repetidamente al político, siempre según esta versión, por lo que se habría visto "obligado a bloquearla" para no recibir más comunicaciones.
La versión, difícil de creer, ha quedado sin embargo eclipsada por la guerra cada vez más brutal entre los otros dos lados del triángulo. El pasado lunes, Nuzzi presentó una demanda ante un tribunal denunciando a su ex prometido, Ryan Lizza, acusándole no sólo de haber sido el responsable de filtrar su "relación personal" con el que fuera aspirante a presidente, dando un palo muy severo a su carrera profesional, sino de haberla amenazado, de haber robado dispositivos electrónicos y de intentar presionarla o chantajearla incluso para que volvieran a estar juntos.
En su denuncia, ella asegura que su ex pareja "amenazó explícitamente con hacer pública información personal sobre mí para destruir mi vida, mi carrera y mi reputación, una amenaza que ha llevado a cabo desde entonces". Lizza, corresponsal principal de Politico en Washington, con una larga carrera y también un borrón en su CV, tras haber sido despedido de la revista New Yorker en plena ola del Mee Too por una denuncia de acoso sexual, ha negado todo en un comunicado a la CNN.
"Me entristece que mi ex prometida haya recurrido a una serie de acusaciones falsas contra mí como forma de desviar la atención de sus propios fracasos personales y profesionales. Niego rotundamente estas acusaciones y me defenderé de ellas con firmeza y éxito", afirma el reportero y analista de medios como la propia cadena de televisión.
Las acusaciones son muy graves y es de lo que hablan todos en los pasillos de la capital. "Politico y Ryan Lizza han acordado mutuamente que lo mejor para todos es que él se aparte y se tome una excedencia temporal mientras se lleva a cabo una investigación", indicó un portavoz del medio de comunicación. El tribunal de Washington ha fijado la próxima audiencia para el 15 de octubre.
En el escrito de su denuncia, Nuzzi, de 32 años, dijo que Lizza comenzó su supuesto acoso a principios de julio, como una forma de chantajearla para que volviera a tener una relación con él y que cuando ella se negó, empezaron las represalias.
Siempre según la denuncia, ella cree que su ex prometido le robó un dispositivo electrónico personal, entró en sus cuentas y filtró información sobre ella de forma anónima a los medios. Nuzzi también acusó a Lizza, posiblemente "a través de un tercero o un canal anónimo", de avisar a su empleador el mes pasado sobre lo que ella llama "el asunto", que le costó ser apartada y la investigación abierta aún por la revista. El político no sale mencionado por su nombre en el expediente judicial, informa la CNN.
En su denuncia, Nuzzi dijo que Lizza, de 50 años, también la amenazó con violencia "para que asumiera su parte de responsabilidad financiera" por un contrato conjunto para un libro que tenían apalabrado con una editorial y que fue cancelado tras su ruptura.

