La frase de "un hombre, un voto" (que hoy cambiaría "hombre" por "persona") con la que se solía definir el sufragio universal no tiene sentido en el complicado sistema electoral de EEUU para elegir presidente o presidenta. Un sistema que exige, además, un registro previo para poder depositar la papeleta. Lo que cuenta allí no es el voto directo, sino los compromisarios o electores asignados a cada estado para el Colegio Electoral, una institución creada por los 'padres de la patria' que sigue vigente a pesar de las críticas.
A cada uno de los 50 estados y al distrito de Columbia (donde se sitúa la capital, Washington) se le asignan un número de compromisarios igual a sus representantes en la Cámara Baja y en el Senado. Todos ellos, excepto Nebraska y Maine, que también tienen en cuenta quién gana en cada circunscripción electoral, otorgan todos sus votos al partido que haya ganado en su estado.
De ahí que, si por poner un ejemplo, Trump vence en un estado habitual para los republicanos como Texas, no importará el número de votos que Kamala Harris haya conseguido allí. Todos los votos del estado serán para el presidente. Lo mismo ocurrirá en California, feudo de los demócratas, que no sumarán para la casilla del magnate neoyorquino.
Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano, explica en su artículo 'Elecciones en Estados Unidos: campaña, transición e investidura' cómo el modelo del Colegio Electoral, que sólo se usa en las presidenciales y no en las legislativas, se esbozó por primera vez en la Constitución de 1787: "Se rechazó explícitamente que el voto popular eligiera la presidencia porque los padres fundadores no confiaban en que los votantes hicieran una elección sabia".
Cada estado tiene dos votos en el Colegio Electoral, sin importar su población, más los votos adicionales por su número de miembros en la Cámara de Representantes. De ahí que los estados pequeños y medianos, como Vermont o Wyoming, tengan una representatividad más acusada que estados tan poblados como, precisamente, California o Texas.
El objetivo de republicanos y demócratas el próximo 5 de noviembre es llegar a los 270 electores, la mayoría simple del Colegio Electoral, que está formado por 538 miembros. La mayoría de los estados no suele variar su color (azul para los demócratas; rojo para los republicanos), excepto siete que acaparan todas las miradas al no tener en principio decantado el voto y a los que se les suele llamar estados bisagra o 'swing states', cada uno con características y prioridades propias. En estas elecciones, los candidatos no superan en ningún caso al otro por mayor diferencia que los dos puntos porcentuales.
Los siete estados bisagra o 'swing states':
Pensilvania (19 delegados):
A Pensilvania se le considera uno de los estados bisagra más decisivos en estas elecciones. Cuenta con 19 votos en el Colegio Electoral y es el más poblado dentro de los dudosos. Aunque normalmente votaba por el Partido Demócrata, en 2016 cambió la tendencia y se decidió por Donald Trump, algo que cambió cuatro años más tarde. Conviven las raíces rurales con las grandes ciudades como Filadelfia o Pittsburgh.
Georgia (16 delegados):
Georgia, el estado que Trump quiso batallar de manera torticera en 2020, tendrá todos los ojos puestos encima y en sus 16 compromisarios. Los resultados tan ajustados de hace cuatro años han llevado a los dos candidatos a visitar su territorio varias veces durante la campaña. Los demócratas han echado el resto para apelar al voto de los afroamericanos, con las encuestas favorables a Trump.
Carolina del Norte (16 delegados):
Carolina del Norte cuenta con 16 votos electorales y con el recuerdo reciente del huracán Helene, que mató a cerca de 100 personas el pasado septiembre en la localidad de Asheville y destrozó una cuarta parte de este estado. Una tragedia, sobre la que hubo varias teorías de la conspiración y que marcará con toda probabilidad el proceso. La clase media ha sido el objetivo de los candidatos.
Michigan (15 delegados):
Quince son los compromisarios con los que cuenta el estado de Michigan en el Colegio Electoral. En 2016, fue Trump el que se llevó los votos por escasas 11.000 papeletas, que Biden superó en 2020 con 154.000. Aunque Kamala Harris inició su carrera en las encuestas ganando en este estado, Trump fue subiendo a partir de septiembre y acercándose peligrosamente a la actual vicepresidenta. Según la encuesta de The New York Times/Sienna de esas fechas, los asuntos que más preocupaban en este estado eran la economía (24%), el aborto (17%) y la inmigración (14%), el primero y el tercero objetivos del candidato republicano en ese estado en la recta final de la campaña.
Arizona (11 delegados):
La frontera con México es uno de los grandes temas en el estado de Arizona. Históricamente republicano, el estado está virando en los últimos tiempos debido al aumento de población de origen latino, actualmente es del 31%, y asuntos como el derecho al aborto, del que habrá una consulta en estas elecciones. El asunto que más preocupa en la inmigración (31%), la economía (20%) y la vivienda (11%). Arizona cuenta con 11 votos electorales.
Wisconsin (10 delegados):
Wisconsin, perteneciente al llamado 'Rust Belt', el cinturón manufacturero que entró en crisis a partir de los años 70, cuenta con 10 votos electorales y un pasado demócrata que Donald Trump puso en duda en 2016, aunque Biden lo recuperó en las elecciones de 2020. La economía y el derecho al aborto son los temas que más preocupan a los habitantes de ese estado. La población mayor de 18 años es un 86% blanca, un 5% negra y un 4% hispana. Cerca del 60% de los votantes inscritos se opuso a la decisión del Tribunal Supremo de EEUU de anular el caso Roe vs. Wade que permitía la interrupción del embarazo.
Nevada (6 delegados):
El estado que alberga Las Vegas, que cuenta con seis votos electorales, ha estado pendiente en los últimos tiempos de la aprobación de una mina de litio que finalmente ha salido adelante. La inflación y los precios de la vivienda son los problemas acuciantes de un estado que todavía padece los efectos de la pandemia. Nevada tiene la tasa de paro más alta del país, alrededor de un 5,5%. Aunque desde 2004 Nevada no ha votado republicano, los expertos consideran que es un estado 'morado', ni rojo ni azul, una mezcla de las dos tendencias. Los independientes también tienen un papel destacado.
Tras el 5-N y después de la certificación de los sufragios, los 538 electores irán a las capitales de sus estados (una cita fijada para el lunes siguiente al segundo miércoles de diciembre, después de la celebración de las elecciones. Este año será el 25 de noviembre) y allí votaran por el candidato (o candidatos, en el caso de Nebraska y Maine) que haya decidido su estado. El siguiente paso es la sesión en el Capitolio en la que se cuentan esos votos electorales y se declara el resultado de las elecciones (desde mediados del siglo XX, se celebra el 6 de enero a las 13h.). El vicepresidente, en este caso vicepresidenta, Kamala Harris, presidirá la sesión y anunciará el nombre del siguiente comandante en jefe. El 20 de enero se realizará el traspaso de poderes y la investidura.



